dic 31 2013

Un año más

la_empatiaEl año que termina no ha sido fácil para nadie, pero en el terreno personal me ha servido para ver quiénes merecen la pena (pocos) y quiénes no (la inmensa mayoría). Pero hoy sólo quiero centrarme en el primer grupo, el de la gente anónima que sabe agradecer y compartir. Las fiestas navideñas se supone que son de amor y concordia, aunque en verdad pocos lo ponen en práctica durante todo el año (ni siquiera estos días).

Las familias, ese ‘nido de alacranes’ como las bautizó Octavio Paz, acaban causando grandes destrozos a miles de personas en todo el mundo, y sus consecuencias se sufren más que nunca en Navidad. Me quiero dirigir especialmente a quienes me escriben e-mails para contarme que lo están pasando mal. A menudo, estas personas se sorprenden al ver respondidos sus mensajes. Son unos náufragos que, tan acostumbrados ya a predicar en el desierto, no esperan que les llegue otra botella virtual con unas palabras reales dentro.

Qué importante es respetar al otro, valorarlo como un igual pese a que sea tan diferente a ti. Desde aquí vaya mi reconocimiento para aquellas personas que predican con el ejemplo, y no creen que nadie sea más que nadie. Esos personajes anónimos que cuentan con el tesoro de la empatía, lo que les hace maravillosamente humanos. En estas fechas, así como el resto del año, hay miles y miles de individuos solidarios que ayudan de manera desinteresada a los más desamparados, que también son muchos, demasiados. Gracias de corazón a todas las almas buenas, porque con su ayuda a una sola persona están contribuyendo con la humanidad entera. Y a los corazones egoístas, sólo me queda deciros que lo siento mucho, que no merecéis la pena. Predicad menos y haced más. Al final, nadie quedará en lo alto de los pedestales, os lo puedo asegurar.

Termino animándoos a que no perdáis el tiempo y seáis siempre vosotros mismos, pero siguiendo una máxima: “no hagas a nadie lo que que no querrías que te hicieran a ti”. Así de simple. Si muchos empezáramos a cumplir a rajatabla esta regla tan elemental, seguro que el 2014 sería un año que merecería la pena. Tanto como quienes hacen posible que seguir aquí tenga cierto sentido.

oct 08 2013

Detener la rueda del karma

el bien o el malDespués de un lapso de más de tres meses de ausencia por no tener nada interesante que publicar, quiero compartir con vosotros esta historia que he leído sobre la hija de Robert Anton Wilson, uno de los hombres más relevantes del siglo XX en cuanto a la concepción de la realidad más allá de los cinco sentidos. El día que han concedido el premio Nobel de Física a los descubridores de la ‘partícula de Dios‘, voy a relataros lo que le sucedió a la pequeña Luna, de sólo 13 años de edad. Un día, la niña fue atacada por un grupo de pandilleros a la salida de la escuela. Su citado padre maldijo el karma, afirmando: “El karma es una máquina ciega. Los efectos del mal siguen y siguen pero no necesariamente regresan a los que iniciaron ese mal”.

Luna, a diferencia de su padre, olvidó inmediatamente lo ocurrido. Robert Anton Wilson no daba crédito a la razonada explicación que le proporcionó su adolescente hija: “He detenido la rueda del karma. Todo el mal karma está con esos chicos que me pegaron. Yo no me quedo con nada de ella”. Esta historia tan simple, es una gran lección para todos los que, en alguna o en múltiples ocasiones, hemos sentido que el sufrimiento no tenía fin, y que cuanto peor nos iban las cosas, peor nos irían todavía en un futuro. Se podría hablar de una ‘adicción al sufrimiento’. La persona entra en un círculo vicioso de pesimismo y negatividad, y se siente como en un callejón sin salida. Pero sí que la tiene, aunque no es fácil de encontrar.

La salida, como bien entendió Luna con su instinto adolescente, sólo se puede hallar cuando te liberas del pasado y de los apegos. La chica podría haber albergado un profundo rencor contra los salvajes que la atacaron, y haberse repetido a sí misma mentalmente, una y otra vez, el personaje de víctima ultrajada. Sin embargo, optó por una postura más sensata, aunque difícil de aplicar en la maleada edad adulta: la indiferencia. Luna eligió sabiamente el mayor desprecio, que como reza el refranero consiste en no hacer aprecio. Esa rueda del karma se puede detener en cuanto dejas de identificarte con un personaje desgraciado, víctima de la mala suerte y de la vileza del resto de la humanidad. Si sueltas, si dejas marchar esos sentimientos autodestructivos, el mal se marcha solo, sin hacer ruido. Si tienes 13 años no es difícil de hacer, pero incluso aunque tengas 80 es posible desprenderse de ese mal, siempre y cuando estés dispuesto a no apegarte a él. Basta con entender que, si tú no quieres, el mal de otros no tiene por qué contaminarte a ti.

jun 17 2013

Vivir en color

pleasantville-1Aunque en principio todos podemos ver la vida con los colores de la naturaleza, no siempre vivimos conscientes de que nosotros somos el pintor y nuestra vida “un lienzo que colorear”, como cantaba Toquinho en ‘Acuarela’. La mayoría nos movemos en la escala de los grises, apostando siempre por lo seguro, aunque lo único seguro sea que vamos a morir. Pese a ser ésta la única certeza que existe, nos comportamos como si fuésemos a vivir para siempre, y por esa razón nos dedicamos a malgastarla, presos del mayor enemigo que existe sobra la faz de la tierra: el miedo. Si la vida es amor, el miedo es su destructor, el aniquilador de las ilusiones. Que levante la mano quien no haya vivido parte o incluso toda su vida en un timorato blanco y negro.

A menudo avanzamos por caminos que son una vía muerta, y pese a ser conscientes de ello, nos negamos a recorrer otros senderos por temor a la incertidumbre. Nuestra obsesión por la certeza, afanados por controlarlo todo y llevar una vida segura, nos aleja de nosotros mismos, del camino del corazón, que es el único verdadero. La vida en color sólo se puede experimentar venciendo tus miedos, tras descubrir que eran una broma pesada que te estaba gastando tu mala cabeza. No hay que temer hacer cosas nuevas, conocer gente nueva, vivir en ciudades nuevas. La vida es una escuela de evolución, y sólo se aprende cuando tienes el coraje de afrontar retos desconocidos. Machado sabía lo que decía cuando escribió “Caminante, no hay camino: se hace camino al andar”.

Para muchos hombres mayores, la gran experiencia de su vida ha sido el servicio militar. José Mota lo refleja muy bien con el personaje del anciano que da la brasa contando su mili a cualquier viandante que se le ponga a tiro. Triste, ¿verdad? No deberíamos plantearnos si hay vida después de la muerte, sino si la ha habido antes de morir. Hoy es el mejor momento para empezar a hacer algo distinto, lo que desees. La vida se disfruta con unos colores cada vez más bellos e intensos, a medida que decides vivir. Y vivir es comerse la vida a bocados, para llegar a viejo pudiendo “confesar que has vivido” (Neruda). Debes intentar que no te sorprenda la parca con la terrorífica sensación de que malgastaste tu vida. Decía al principio que somos pintores, pero también somos el lienzo. Somos creador y creación. Contamos con una paleta llena de colores para pintar nuestra vida a nuestra manera, y así expresar cuanto llevamos dentro. Pero por favor, no lo hagas pensando en el gusto de los demás. Conságrate a pintar a diario el cuadro que a ti te enorgullecería contemplar, desde la tierra o desde el cielo.

 

Recomendación cinematográfica: PLEASANTVILLE

may 27 2013

Fabulosa conferencia sobre el cáncer

Desgraciadamente, la mayoría de nosotros conocemos a alguien que ha sufrido o sufre esta durísima enfermedad. Los avances científicos no han permitido acabar con una lacra que se lleva de nuestro lado a millones de personas anualmente en todo el mundo. La quimioterapia y la radioterapia son los agresivos tratamientos conque la medicina actual intenta salvar a los enfermos. Sin embargo, cada vez contamos con más médicos como Alberto Martí Bosch, que consideran que hay otros medios más eficaces, y sobre todo menos agresivos, para eliminar el cáncer. Si dedicárais 60 minutos de vuestro tiempo a ver la conferencia de este gran doctor, no os pesaría en absoluto, os lo puedo asegurar. Al final de este artículo podéis acceder a ella si lo deseáis.

A continuación, daré unas pinceladas de las conclusiones a las que ha llegado Martí Bosch. Quizá la más importante consista en que nuestra alimentación nos puede ayudar decisivamente a evitar o superar un cáncer. Si llevamos una dieta muy alcalinizante, es decir, protagonizada por frutas, verduras y frutos secos, nuestro organismo será un medio hostil al cáncer. En cambio, si nos alimentamos de embutidos, frituras, platos precocinados, dulces, mucha carne y pescado, estaremos facilitando que la enfermedad se instale en nuestro cuerpo, como consecuencia de una dieta muy acidificante. Martí Bosch explica que todo el problema se reduce a algo tan simple como tirar bien o mal la basura de nuestro organismo. Para ello tres órganos son clave: los pulmones, los riñones y el hígado. Si logramos depurar bien estos órganos, siguiendo unas pautas muy sencillas, tendremos muchísimas menos posibilidades de contraer esta enfermedad. Y lo que es más importante, quienes la padezcan estarán poniendo por sí mismos un pilar fundamental para su sanación.

Resumiendo: si ayudamos a que nuestro cuerpo expulse bien toda la mierda, y no me refiero sólo a la que se excreta por el ano, podremos gozar en principio de una salud excelente. Todo lo que acabo de apuntar, y otras muchas cosas, son explicadas magistralmente por el doctor en esta conferencia que, sin hacer ruido, ha acabado convirtiéndose en todo un fenómeno en la red. Lo más importante es que curarse del cáncer resulta posible sin necesidad de destrozar nuestro cuerpo con quimioterapia o radioterapia. El sistema médico oficial no quiere que descubrimientos como éste salgan a la luz porque, desgraciadamente, la medicina se ha convertido en un negocio. No es casual que nuestros gobernantes ahora estén como locos por privatizar la sanidad. Pero afortunadamente todavía quedan muchos magníficos profesionales que velan por nuestro bienestar, y que actúan con dedicación e integridad ante esta enfermedad curable. Gracias a médicos como Alberto Martí Bosch, más gente puede recuperar hoy la esperanza. Salud.

 

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