(A Jesús e Isabel. Por habernos hecho creer nuevamente en los milagros.)
Un acto noble, propio de los hombres buenos, le permitió sin saberlo ganarse el cariño y el respeto de todo un país. Tras haber pasado varios meses en coma con muy pocas esperanzas de salir con vida, hoy sólo tiene palabras de agradecimiento para todos lo que han estado junto a él. Como es lógico, su equipo médico está siendo uno de los principales destinatarios de la gratitud infinita de un hombre que, literalmente, ha vuelto a nacer. El propio Neira, pese a encontrarse todavía tan maltrecho y débil, no ha dudado en reconocer que lo suyo ha sido un milagro.
Pero, ¿qué es un milagro?. Según la primera acepción de nuestro diccionario, “un hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”. Resulta paradójico que la misma sociedad en la que se está persiguiendo impunemente a los creyentes, hoy se regocije por una recuperación que nuestra mente racional no alcanza a explicar. Casos como éste, y tantos otros, deberían de hacer reflexionar a quienes siempre condenan inquisitorialmente todo aquello que no pueden percibir sus sentidos.
Isabel Cepeda, la mujer de Jesús Neira, sabe bien de lo que hablo, pues ella jamás perdió la esperanza de que su marido pudiera salir con vida. No dejó de hablarle, de acariciarle, de transmitirle todo su amor, porque intuía que, de alguna manera, él podía sentir que estaba a su lado. Y también rezó, mucho. La fe de esta mujer que creyó en la recuperación de su marido, conmovió a un país que, aunque mucho más incrédulo que ella, quiso creer por una vez en los milagros. Quizá porque si éste se producía, como felizmente ha ocurrido, nos sentiríamos de alguna manera redimidos. Y quizá también porque necesitamos que nos recuerden que el ser humano, con fe, nunca dejará de mover montañas.
Etiquetas: amor, Dios, jesus neira, milagro, vida

Entradas (RSS)