Archivo de Agosto 2009

sonriEn el magnífico blog Plano creativo, que recoge pensamientos y reflexiones de mi admirado Alejandro Jodorowsky, aparece un artículo que trata sobre nuestra finalidad en la vida. Éste es un asunto de gran relevancia, pues la mayoría de los seres humanos llegamos a la edad adulta sin saber cuál es nuestra finalidad concreta. Dejamos atrás la infancia, la adolescencia e incluso la juventud, y al llegar a la madurez descubrimos que no tenemos una finalidad en la vida. Según Jodorowsky, esto se suele deber a no haber sido un hijo deseado, a no haber tenido derecho a deseos propios durante la infancia, o bien a ambas cosas. La niñez es el territorio donde se forma al adulto del mañana, y si durante esta etapa vital nuestros padres nos han reprimido, impidiéndonos ser nosotros mismos y colmar nuestros deseos, al llegar a la madurez nos podemos encontrar sin ilusiones que nos permitan conocer nuestra finalidad concreta en la vida. Mucho cuidado con los padres absorbentes y posesivos que “sólo quieren lo mejor para sus hijos”, pues tienen más peligro que un mono con dos pistolas. De hecho, las consultas psiquiátricas están llenas de adultos con padres ‘modélicos’ que los querían ‘demasiado’.

La clave para descubrir nuestra finalidad en la vida radicaría entonces en buscar la ilusión perdida. No olvidemos que la ilusión es el motor que impulsa a todo ser humano, estimulándolo para salir adelante incluso en las condiciones más adversas, como nos revela otro artículo de Plano creativo. En él se hacen eco de una historia real que ilustra magníficamente lo que trato de explicaros. Trata sobre un diagnóstico médico que le hicieron a Milton Erickson con sólo diecisiete años, cuando tuvo su primera infección poliomelítica. Os dejo con la narración y la interpretación del citado blog sobre esta amarga experiencia vital.

“Nuestro médico rural había llamado a dos médicos de Chicago que le dijeron a mi madre: su hijo estará muerto mañana por la mañana”. Cuenta Erickson que aquellas palabras lo enfurecieron. ¿A quién puede ocurrírsele decirle a una madre que su hijo estará muerto a la mañana siguiente? ¡Es una barbaridad!
“Al rato mi madre entró en la habitación y yo le pedí que moviera de lugar un gran baúl que me tapaba la ventana. No le expliqué el motivo… que era que no quería morir sin ver el crepúsculo”. Al referirse al baúl y al crepúsculo, estaba transmitiendo una de sus recetas favoritas para disfrutar de la vida, incluso para prolongarla. Decía: “Imponte siempre un objetivo real, para el futuro inmediato”.

En este caso su objetivo era mirar el crepúsculo; por supuesto, para ello era menester sacar el obstáculo; y como Erickson no podía hacer esto por sí mismo, necesitó la ayuda de la madre. Es significativo que no le dijera el motivo por el que quería mover el baúl. No siempre es indispensable que demos las razones de nuestro proceder, pero sí lo es que tengamos objetivos inmediatos alcanzables.

Es un relato inspirador para cuando nos preguntamos sobre la finalidad que tenemos en la vida…

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Era de prever. Tanta demagogia populista se les iba a acabar volviendo en contra. Recuerdo perfectamente a los progresistas de salón, cuando ponían a parir a quienes osábamos criticar la política inmigratoria, que no a los inmigrantes. En mi caso, siempre defendí una regulación estricta, que hubiese requerido un gran pacto de Estado que jamás se produjo. Tanto PP como PSOE estaban demasiado interesados en facilitar la entrada de muchos millones de hambrientos. Porque, no nos engañemos, la llegada masiva de inmigrantes ha sido utilizada interesadamente por el poder, tanto el oficial como el oculto, para colocarles monstruosas hipotecas por los tochos, más conocidos como pisitos, así como para tener mano de obra muy barata. Qué más daba que fuera cualificada o no. Lo importante era que fuese barata.

inmigrLa población de nuestro país se ha visto incrementada en casi diez millones de personas, lo que ha provocado una saturación de los servicios públicos que ha acabado perjudicándonos a todos, excepto a los privilegiados miembros de esta presunta democracia. Lo más gracioso de todo es que ahora, cuando España está próxima a la quiebra, los mismos sujetos que hasta hace poco se erigían como adalides de la inmigración, hoy están empezando a repudiarla. Como ejemplo de ello esta noticia: el primer sindicato español ya está pidiendo que no se contrate a inmigrantes para la recogida de la aceituna. Primero los utilizamos para ganar votos, ejerciendo un populismo obsceno (todos los populismos lo son), y ahora, cuando pintan bastos, les damos un corte de mangas y que se vayan a cantar La muralla a otra parte, que aquí ya no nos sirven para ganar votos.

Era insostenible ser el segundo país del mundo en recepción de inmigrantes. Pero insisto: no debemos culpar a quienes han venido a nuestro país buscando un futuro mejor. Los auténticos culpables son la chusma que parasita la cosa pública, aquéllos que están vaciando las arcas del Estado, dejando tanto a inmigrantes como a españoles un país que por momentos se está bulgarizando, de Bulgaria. Con uve ya lo hizo hace tiempo, pero eso merecería unos nuevos Episodios Nacionales y creo que don Benito no se encuentra en condiciones.

Las víctimas de este expolio consistente en robarnos a los pobres para dárselo a los ricos mientras aseguran que es por nuestro bien, deberíamos echar a esta pandilla de ‘palanqueros de monóculo’, como los calificaba el maestro Umbral. Ellos no paran de reírse mientras contemplan satisfechos cómo nos peleamos entre nosotros, en vez de exigir responsabilidades a gobernantes, sindicatos y banqueros. Ellos son el enemigo y no los inmigrantes, como ahora pretenden hacernos creer los sinvergüenzas que tanto se han aprovechado de ellos… y de nosotros.

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(Cuenta la leyenda que fue en las tascas de Madrid donde Frank Sinatra purgó su derrota, cuando no pudo reconquistar al animal más bello del mundo, una Ava Gardner que yacía en alcobas de sangre y arena. También dicen de él que durante el tempestuoso divorcio de Woody Allen y una de sus ex-mujeres, Mia Farrow, ofreció a ésta la actuación estelar de unos profesionales liberales, con el filantrópico objetivo de partirle las piernas al cineasta neoyorquino. Así fue su vida, vivida a su manera, y así nos la narra en esta sublime canción. Una obra de arte cuya letra bien podría servir para explicarnos en qué consiste eso de vivir, pues cuando nos entregaron la vida al nacer se les olvidó incluir el manual de instrucciones, no como sucede con las lavadoras.)

A  MI  MANERA

(Letra de Paul Anka)

Y ahora que el final se acerca
que encaro el último telón
te hablaré claramente, amigo mío
te hablaré de mí, de lo que he aprendido

Yo he vivido plenamente
he recorrido todos los caminos
y lo más importante de todo:
lo hice a mi manera

Me arrepiento de algunas cosas
aunque muy pocas dignas de mención.
Yo hice lo que debía
y lo hice sin excepción

Yo planeé cada recorrido
cada paso cuidadosamente a lo largo del camino
y lo más importante de todo:
lo hice a mi manera

Sí, hubo momentos, como seguro que ya sabes,
en que mordí más de lo que podía masticar

pero pese a todo y ante la duda,
me lo comí y lo escupí.
Encaré todo con orgullo
y lo hice a mi manera

He amado, reído y llorado
lo he pasado mal, sufrí derrotas
y ahora, con mis lágrimas ya secas
lo encuentro todo ¡tan fascinante!
Pensar que yo hice todo eso
y poder decir sin timidez
¡oh, no, yo no! ¡yo lo hice a mi manera!

Porque, ¿qué es un hombre?
¿qué es lo que tiene?
Si no se tiene a sí mismo, entonces no tiene nada.
Decir lo que él siente de veras
y no como lo haría alguien sometido.
Mi vida demuestra que encajé los golpes
pero lo hice a mi manera
sí, a mi manera

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Esta reflexión de un internauta me ha causado un profundo impacto emocional. Os recomiendo encarecidamente que dediquéis cinco minutos de vuestro tiempo a leerla, si queréis conocer detalladamente lo que piensan de los españoles en el primer mundo europeo. El título del presente artículo, quizá pueda servir para sintetizar la opinión que de nosotros tienen en el viejo continente. Como no somos los más adecuados para enjuiciarnos, pues como reza el dicho popular “No somos como creemos que somos, sino como nos ven los demás”, me ha parecido muy ilustrativo descubrir que en Europa nos ven básicamente como ciudadanos muy conformistas, incapaces de arriesgar nada por un sueño.

esclavoNuestros vecinos europeos piensan que tenemos aversión a la incertidumbre, de ahí que el gran objetivo laboral de la inmensa mayoría de nuestros jóvenes sea convertirse en funcionario. La obsesión por adquirir un pisito, aun a precios estratosféricos, es otro claro síntoma de la inseguridad latente que traslucimos, pues para gran parte de los españoles es absolutamente innegociable tener un piso propio y así que nadie se lo pueda arrebatar. Resumiendo: nuestras aspiraciones vitales se reducen a asegurarnos un plato en la mesa y un suelo donde caernos muertos, aunque a fondo perdido tengamos que prestar el alma al diablo, como Faustos  con trabajos alienantes y zulos en desiertos de hormigón. Por eso no es de extrañar que en Europa tengamos la imagen de pueblo con mentalidad de funcionario y de “¡virgencita, que me quede como estoy!”.

Pero lo que quizá no sepan franceses, británicos, alemanes o suecos es que en España, con los modelos económicos, políticos y educativos patrios, la máxima aspiración posible de un ciudadano honrado es sobrevivir. Tuvimos un gran oportunidad para dejar de ser los parientes pobres del sur, es cierto, pero unos pocos nos la han desaprovechado para provecho exclusivo de sus paradisíacas cuentas. Nuestro presunto milagro se basó en una farsa pergeñada por el tándem PP-PSOE y difundida por sus respectivas ganaderías mediáticas. Nos hicieron creer que los ladrillos eran oro, cuando en realidad sólo eran ladrillos. Y nos hicieron creer que gracias a ellos podríamos codearnos con Francia y Alemania, cuando en realidad por su culpa no tardaremos mucho en hacerlo con Bulgaria, ya lo veréis.

Si hemos acabado convertidos en un pueblo timorato, conformista y pusilánime, probablemente también se deba a algo muy grave: la profunda desesperanza que ha embargado a mucha gente con verdadero talento. Gente harta de ver cómo se promociona a la legión de incompetentes lameculos, mientras se putea a la minoría que piensa por sí misma. Gente con un gran potencial que en su mayoría se echa a perder si opta por permanecer en un país que se jacta de ser europeo, aunque en verdad sólo lo sea por cuestiones meramente geográficas.

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