Archivo de mayo 2010
(Diariamente visito elconfidencial.com, uno de los medios online españoles más seguidos. En este periódico digital se suele hablar sobre todo de política y economía, aunque de vez en cuando te puede sorprender con perlas como el artículo que escribió Juan Perea el pasado martes. ‘Ser uno mismo es ya una cuestión de supervivencia’ es un perfecto compendio de las columnas con que este economista y máster por Columbia ha deleitado a sus lectores semanalmente. Aunque recomiendo su lectura íntegra, voy a reproducir a continuación sólo unos párrafos de tan iluminador artículo.)
Una idea ha constituido el eje central de los distintos temas expuestos: la necesidad de ser uno mismo y los obstáculos a los que nos enfrentamos cuando optamos por ese camino. Mi mensaje se resume en esta frase: eres único y, respecto a esto, no tienes elección. Descubriendo quién eres, y no quién te han hecho creer que eres, podrás desarrollar todo tu potencial, amarte a ti mismo y desde ahí ser un miembro útil, imprescindible, para la sociedad y para el mundo. Sólo así puedes evitarte sufrimientos innecesarios y esta es la única vía para apreciar en su totalidad el don de la vida y la experiencia de ser humano. Este es el trampolín con el que dar el salto al amor a los demás y a la alegría de vivir.
Nos vemos abrumados por la maquinaria del ‘tienes que ser mejor’. Todo el aparato publicitario, que invade hasta nuestra intimidad, va dirigido o bien a inocularnos grandes dosis de miedo, o bien a hacernos creer que para sobrevivir y adaptarnos a ‘lo que se espera de nosotros’ (un eufemismo para vendernos la moto) hay que ser más: más listo, más guapo, más fuerte, más divertido, tener más cosas y más dinero. La paradoja es que en general la directriz conduce al resultado opuesto: la mayoría acaba más pobre y, lo que es peor, más infeliz. No es sorprendente que un tigre no pueda paladear más que mínimamente el gusto por vivir si siempre ha creído ser oveja. Aunque ello le haga sentir que forma parte de un rebaño, que pertenece a algo que le da un cierto calorcito, una cierta tranquilidad.
Para llegar a la esencia de nuestro genio, a nuestras cualidades innatas, debemos soltar las amarras de las creencias limitantes y el gregarismo y hacernos a la mar que es la vida más incierta, más arriesgada y a su vez más libre, más abundante y más plena. Ahí uno recupera la responsabilidad sobre su propia existencia y puede ser verdaderamente útil a los demás, fuente de la propia armonía y felicidad. Creo que ese es el significado más profundo del ‘todos somos uno’, donde desde la verdadera individualidad uno se encuentra con los demás y constituye algo nuevo y mejor.
Me despido, cómo no, con una cita, esta vez de Oscar Wilde, el inigualable (como cada uno de nosotros) genio y estigma de la sociedad victoriana que le toco vivir. “La finalidad de la vida es el desarrollo de uno mismo. Estamos aquí para realizar a la perfección nuestra propia esencia. Hoy día la gente tiene miedo de sí misma. Y ha olvidado el más alto de todos los deberes, el deber que uno tiene consigo mismo. Las personas son generosas; alimentan al hambriento y visten al mendigo. Pero sus propias almas pasan hambre y están desnudas. La valentía ha desaparecido de nuestra raza. Quizá nunca la tuvimos de verdad. El terror a la soledad, que es la base de la moral, y el terror a Dios, que es el secreto de la religión, son las dos fuerzas que nos gobiernan. Sin embargo, creo que si una persona viviera su vida con plenitud, si diera forma a sus sentimientos, si expresara sus pensamientos y realizara todos sus sueños, el mundo conseguiría el impulso de la alegría. Pero aún el más valiente de nosotros tiene miedo de sí mismo. La mutilación de nuestro lado salvaje tiene toda su trágica supervivencia en una abnegación que coarta nuestras vidas. Se nos castiga por nuestras negativas. Todo impulso que procuramos sofocar se queda maquinando en la mente y nos corrompe”.
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Mario Alonso nació en Madrid. Es médico y cirujano por la Universidad de Harvard, máster en Dirección Hospitalaria y diploma internacional de Estudios Superiores en Sofrología Médica. Además recibió el Premio máximo al Mérito en Comunicación y Relaciones Humanas por el Instituto Dale Carnegie de Nueva York, y es miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y de la Asociación para el Avance de la Ciencia. Acaba de publicar el libro ‘Reinventarse. Tu segunda oportunidad’. Hechas ya las presentaciones, pasemos a conocer algunas de las revolucionarias conclusiones a las que ha llegado este gran científico español, experto en psiconeuroinmunobiología (menudo palabro).
Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando. Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
La psiconeuroinmunobiología es la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal. Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades. Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos, alteramos físicamente nuestro cerebro. Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste, persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.
Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.
Ahí queda eso.
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Quienes visitáis frecuentemente este blog ya sabíais lo que iba a pasar, pero ha sido hoy, tras su comparecencia en el Congreso, cuando millones de simpatizantes del optimista antropológico se han empezado a caer del guindo. La situación es de tal gravedad, que podemos asegurar sin temor a equivocarnos que nunca hemos sido tan europeos como en estos momentos, pues ya han empezado a intervenirnos desde la Unión Europea. O dicho de otra manera, las grandes decisiones a partir de ahora, especialmente en lo concerniente a gasto público, van a ser tomadas en París, Berlín o Bruselas, pero no en Madrid. Por tanto, dará igual que el inquilino de La Moncloa sea Zapatero, Rajoy o la taza del váter, ya que nos acabamos de convertir en un protectorado europeo.
Nuestro Gobierno llevaba años negándose a meter la tijera en un Estado insostenible, cuyo número de cargos públicos, especialmente al socaire de las funestas autonomías, se ha multiplicado legislatura tras legislatura. Nos creímos tan ricos como Alemania sin serlo, y por eso vamos a acabar como Grecia. Como además la inane oposición ha sido incapaz de meter en vereda a Zapatero, ha tenido que ser Europa quien le diese un ultimátum. Merkel y Sarkozy decidieron el pasado fin de semana poner en circulación 750.000 millones de euros para salvar a los PIGS, especialmente a España, pero a cambio de tamaña dádiva van a imponer unas medidas durísimas consistentes en salarios más bajos, impuestos más altos y peores servicios sociales. De hecho nuestro funesto presidente esta misma mañana ha anunciado las primeras. Para abrir boca, a Zapatero ya le han impuesto el recorte del salario a los funcionarios, la congelación de las pensiones y la supresión del chequé-bebé, así como la reducción del gasto farmacéutico y de las ayudas a las personas dependientes.
Hoy, doce de mayo del 2010, se puede anunciar solemnemente que pertenecemos a Europa, pues hemos perdido toda soberanía económica. Gracias al campeón de los derechos sociales y el pleno empleo vamos a acabar siendo esclavos de Alemania, nuestro mayor acreedor. Esta catástrofe nacional se la debemos también a la burbuja inmobiliaria, que ha enriquecido a unos pocos a costa de sepultar a un país entero. Una burbuja de la que se han beneficiado banqueros, constructores y políticos, los tres grandes cánceres de una España que volverá a ser de emigrantes. Pero no quiero terminar sin un emocionado recuerdo a nuestros sobornados sindicatos, los grandes comprados de esta película. Aprovechando su silencio cómplice, nuestra oligarquía ha podido machacar inmisericordemente a los ciudadanos. Muchas gracias a todos por haber expoliado un gran país. Y vosotros, amigos lectores, ya sabéis: quien pueda emigrar, que lo haga cuanto antes y sin mirar atrás.
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No puede ser casualidad que el mismo día que el presidente del desgobierno y el pelele de la oposición se reúnen para discutir sobre nuestra crisis, y que el FMI anuncia que va a revisar nuestras cuentas, salte la noticia de que la fiscalía pide tres años y medio de cárcel para Isabel Pantoja. Desde hacía meses se esperaba la actuación judicial contra la cantante, y ésta ha saltado a los medios justo cuando el castillo de naipes de nuestra economía está a punto de derrumbarse. Hoy la gente verá un ratito en la tele que Zapatero y Rajoy se han reunido para protagonizar el enésimo paripé, pues en el fondo son los mismos perros que con distintos collares han liquidado España. Pero lo más importante, la noticia bomba que ocupará cientos de horas en la programación de la universidad del pueblo, será el posible entrullamiento de la viuda de Paquirri.
Cuánto le deben nuestros próceres a Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban. Desconozco lo que cobran ambas estrellas de Telecinco, pero seguro que es poco para la extraordinaria labor que están desempeñando. El filológo hispánico, la mamá de Andreíta y sus coleguis de frenopático televisivo van a poder embrutecernos con más munición que nunca. Cualquier cosa valdrá como cortina de humo para que no se hable de la visita de los señores del FMI que van a imponer a España el recorte del sueldo de los empleados públicos, el copago en la sanidad y una espectacular subida de impuestos, entre otras gracias. Mientras las marionetas de la telebasura cumplan con su cometido, y la selección haga lo propio en Sudáfrica, ¡como si nos tienen a pan y agua, y nos van quitando poco a poco el pan, señora!. Nuestro país ha degenerado en un circo en el que los ciudadanos somos a la vez público y animales, y los domadores de cuando entonces, los grises, han sido sustituidos brillantemente por nuestras estrellas mediáticas.
Desconozco si Isabel Pantoja es una delincuente o no, pero lo que tengo claro es que la van a crucificar en aras de la paz social. El pueblo, tan dado a derribar mitos que él mismo ha creado, se cebará con ella, pues siempre es mucho más fácil que pedir cuentas a políticos, banqueros y constructores. La Pantoja, como mucho, es una choricilla del tres al cuarto víctima de su ambición. Pero nuestro verdadero drama, aquél del que nunca se hablará en los medios, es el de una oligarquía expoliadora que se va a llevar hasta el polvo de la mesa, antes de abandonarnos a la suerte de la señora Merkel. Habiendo folclóricas a las que despellejar, con razón o sin ella, ¿para qué vamos a andar molestando a quienes desde el fin de la dictadura se están repartiendo el poder y el dinero, haciéndonos creer que vivimos en democracia sólo porque en televisión se pueden decir libremente las mayores burradas sobre el famoseo cañí?
Etiquetas: crisis, España, fmi, Pantoja, television, Zapatero
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