La entrada del nuevo año no ha devuelto la alegría a las calles. Recuerdo perfectamente que siempre en tal día como hoy esta plaza era una fiesta popular. Sus gentes paseaban con una luz especial en sus ateridos rostros. Daban igual el frío, el cierzo o la niebla, pues la ilusión por estrenar calendario mitigaba los efectos de cualquier inclemencia meteorológica. Las chicas desfilaban su insultante juventud por las aceras, pasarelas improvisadas que anunciaban la buena nueva de que pronto regresaría la ansiada primavera. Todas lucían sus regalos navideños, ya fuesen chaquetones, cazadoras, zapatos, bolsos… Lo importante era lucir palmito. Los chicos, a su vez, se pavoneaban ante ellas, fanfarroneando acerca de sus últimas machadas o lo mucho que habían disfrutado esquiando, lástima que no vinieras. Pero el entusiasmo no era patrimonio exclusivo de los jóvenes. También los mayores parecían recuperar viejos bríos, aunque probablemente por otras razones, como la dicha de estar vivos, sobre todo ahora que quieren esquilmar también a los muertos.

Pero este año las calles languidecen. Una nube negra sobrevuela las cabezas de los viandantes, incluso en esta mañana en que el frío se ve atemperado por un sol radiante que invita a poner buena cara. Las chicas ya no lucen sus regalos como antaño, ni los chicos fardan de sus últimos logros. Parece que en esta ocasión se hará más de rogar la primavera, qué le vamos a hacer. Hoy la plaza sigue tan transitada como siempre, pero la gente pasea con sus manos en los bolsillos, cariacontecida, mirando al suelo y no al cielo tan azul con que nos ha obsequiado el día. Si supiérais, tontorrones, lo poco que hace falta para ser feliz. A mí me basta y me sobra con salir a pasear por estas calles, donde intento discretamente dar rienda suelta a las llamadas de la naturaleza. Vosotros, en cambio, vivís angustiados por el tener, por llegar más lejos. Esa filosofía de vida, troquelada en vuestras mentes desde la infancia, empieza a causaros una enorme angustia porque os han tirado en marcha de la nube consumista con que, especialmente en navidad, lobotomizan a quienes siguen creyendo en el mantra del “tanto tienes, tanto vales”.

Estáis muy malacostumbrados, que os lo digo yo. Tenéis la suerte de vivir setenta, ochenta o incluso noventa años, pero vosotros os dedicáis a vegetar la mayor del tiempo, confiados en que os queda mucho por delante. Muy pronto aprendéis a hablar y escribir, pero en seguida optáis por el mutismo, por amordazar los sentimientos y por conversar sobre asuntos intrascendentes. Tenéis además un corazón con una capacidad infinita para amar el milagro de la vida, pero preferís amargaros la vuestra con rencores, odios y soterrados deseos de venganza. ¿Y qué me decís de vuestro cerebro, infrautilizado por la comodidad de hacer siempre las mismas cosas, pudiendo desarrollar nuevas ideas para compartirlas con los demás? Aunque estoy vacunado me da rabia que el dinero, o mejor dicho la falta de él, esté hundiendo en la depresión a seres que han nacido con los mejores dones. Pensaréis que un perro que no es de dibujos animados resulta el menos indicado para dar lecciones a nadie. Bastante tenéis con vuestros problemas como para que un animal os sermonee. En mi descargo alegaré que si un animal como yo puede ser feliz con tan poco, las personas no deberíais de sufrir teniendo tanto. El tesoro más valioso está en el interior y, afortunadamente, no os lo pueden embargar. Por eso, cuando escucho con mi fino oído vuestras excusas para ser tan desdichados, no puedo dejar de pensar ¡a otro perro con ese hueso!

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10 Respuestas a “2012”
  1. Domingo dice:

    Éstas son fechas propicias para la nostalgia, para echar la vista atrás y hacer balance, pero ni antes era todo tan maravilloso ni ahora es todo un desastre absoluto, sólo que el tamiz de la memoria tiende a edulcorar y a mitificar el pasado, tal y como lo haremos dentro de muchos años con el presente que hoy tenemos entre las manos y que nos parece tan antipático. Me gusta pensar que lo mejor de nuestras vidas aún está por llegar, porque aceptar que lo mejor ya ha pasado es demasiada carga. Amigo Fernando, comparto la esencia y el alma de tu artículo de hoy y, en consecuencia, trataré de labrarme un 2012 a mi medida y no a la que me marquen los demás, pero desde ya te digo que será difícil. Al fin y al cabo todo lo que merece la pena lo es.

  2. Javier dice:

    No sé de qué pero me suena… Como siempre muy bueno.
    El último párrafo debería ser de obligado cumplimiento, como mínimo, su lectura para hacernos reflexionar antes de quejarnos.

    Un abrazo

  3. Sergio dice:

    Excelente reflexión que hace pensar, aunque coincido con el primer comentario, no todo pasado es tan mejor, ha habido y habrá momentos difíciles, quizá sí viviéramos sólo el presente como los animalitos, seríamos más felices, peor es sólo quizá.
    Feliz año 2012

  4. Kikas dice:

    Fernandio…empezamos a ni estar malacostumbrados. Mucha gente ya no se acuerda de lo bueno…

  5. Mayte dice:

    Es cierto que estamos muy malacostumbrados, y que atar los perros con longanizas, como ha venido ocurriendo hasta hace bien poco, no es normal. Ahora todos nos llevamos las manos a la cabeza porque ese estado del bienestar que tanto promulgaban, se ha venido abajo como una torre de naipes. Ya veremos cómo se acostumbra el personal a estos tiempos venideros, en los que al cinturón le van a faltar agujeros. El espectáculo está garantizado.

  6. emilio dice:

    No es que estemos malacostumbrados: es que estamos a mereced de los mercados que nos vuelven locos. Hacetan solo un par de años la consiga de los mercados era: “consumid hasta reventar”. Cuando se elevaron algunas tímidas voces contra esto, enseguida surgieron los ‘perros’ defensores y les tiladaron de ‘amargaos’.
    Ahora, acostumbrados al consumo, tenemos que ahorar por narices…pero nos dicen que si no gastamos el”sistema” no funciona: ¿no es un poco esquizo? ¿ no es como sentir que “una nube negra sobrevuela las cabezas”?

  7. Excelente artículo, Fernando. Por desgracia, tengo el presentimiento que nos aún nos queda un largo camino de regreso a la sociedad de los valores humanos más profundos, si es que en algún momento existió esa sociedad. Lo banal aún lo impregna prácticamente todo. Luego, estoy de acuerdo que ha habido mucha gente que ha vivido por encima de sus posibilidades pero también la hay que ha vivido de acuerdo a ellas o, incluso, por debajo. Estas personas, las hormigas trabajadoras ahorradoras mediante el no viajes, no ropa cara, no telefonía móvil de contrato, no vehículo de combustión, no salidas los fines de semana, no etc., estas personas son las grandes damnificiadas de esta estafa global perpetrada contra el pueblo por las castas dominantes. De todos modos, una vez estalle la violencia serán muchos más que las hormigas los que salgan encendidos a la calle.

    Salutacions!

    PD: Última repetición del mensaje-excusa aprietatuercas al pueblo pronunciado por la Lagarta del FMI: “El mundo está al borde de una gran depresión” (16/12/2011)

  8. Sí creo que con el paso del tiempo se nos han olvidado muchas cosas que no deberíamos haber olvidado. Hay mucha gente que no ha llegado a conocer los valores que reinaban en la sociedad tanto en Navidad como en resto del año. En contrapartida, sí hemos ganado otros distintos. Según vamos madurando tenemos la posibilidad y el privelegio de aunar en nosotros mismos lo más grande que había antes con lo más grande que descubrimos cada día. No perdamos ese poder.

    PD. Por cierto, he vuelto a mi ubicación original en blogspot. Y ¡¡¡Feliz Navidad!!!

  9. Camy dice:

    Por considerarme amiga de Josep Julián hoy he descubierto tu blog y esta lectura me ha gustado mucho, el retrato que haces del momento y de las gentes…por ello me he permitido dejarte un comentario.
    Saludos

  10. Javier dice:

    ¿Quién es el narrador? Alguien o algo atemporal, parece. Podría ser la plaza o la misma España. Se ven las cosas mucho menos graves desde un punto de vista no tan inmediato. Me gusta.

    Pero el fondo es cierto, no hay ánimos. Hay un sentimiento de pre-Apocalipsis que no hay quien lo aguante.

    Me gusta.

    Saludos.

  11.  
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