Hoy quiero recordar la figura de uno de los escritores más visionarios del siglo XX: Aldous Huxley. Este hombre adelantado a su tiempo, anarquista, filósofo y místico, publicó en 1931 ‘Un mundo feliz’, probablemente la novela más vigente nunca escrita con permiso de ‘1984′ (George Orwell). Pero fue en 1946 cuando Huxley añadió un extenso prólogo a su obra más famosa, motivado por el fin de la Segunda Guerra Mundial. Lo escribió para incluir algunas magistrales reflexiones sobre el futuro que le esperaría a la humanidad tan sólo unas décadas más tarde.
La novela ‘Un mundo feliz’ es de lectura tan imprescindible como su prólogo, el cual recoge este sobrecogedor fragmento invitando a la más profunda de las meditaciones. Sólo alguien de una lucidez extraordinaria, probablemente gracias a los psicodélicos, pudo escribir hace sesenta y cuatro años unas palabras tan dolorosamente actuales:
En cuanto a los restantes rasgos característicos de este mundo más feliz y más estable -los equivalentes del soma, la hipnopedia y el sistema científico de castas-, probablemente no se hallan más que a tres o cuatro generaciones de distancia. Ya hay algunas ciudades americanas en las cuales el número de divorcios iguala al número de bodas. Dentro de pocos años, sin duda alguna, las licencias de matrimonio se expenderán como las licencias para perros, con validez sólo para un período de doce meses, y sin ninguna ley que impida cambiar de perro o tener más de un animal a la vez. A medida que la libertad política y económica disminuye, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador (a menos que necesite carne de cañón o familias con las cuales colonizar territorios desiertos o conquistados) hará bien en favorecer esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino.
Aunque se trata de una película rodada en 1976, Network hoy está más vigente que nunca. En ella se nos cuenta la historia de un periodista televisivo que está harto de la mierda de vida que llevamos todos. Un día decide empezar a contarle a su multimillonaria audiencia todo lo que sabe, piensa y siente. Poco a poco les va descubriendo las mentiras de un sistema que utiliza a la televisión para lobotomizarlos. La popularidad de sus discursos alcanza unas cotas tan inadmisibles, que el presidente de su cadena decide leerle la cartilla explicándole el ‘orden natural’ de las cosas. Es una secuencia de sólo cinco minutos que da para pensar muchísimo más tiempo. Aunque nos cueste creerlo, así es exactamente el mundo en que vivimos.
Periodista Digital publicó ayer una esperpéntica noticia titulada “Las comilonas de UGT en plena crisis”. En ella se explica lo concienciados que están los sindicalistas que lidera Cándido Méndez. Ahora que rozamos los cinco millones y medio de demandantes de empleo, nada resulta más apropiado que celebrar ese dato opíparamente, con un menú de 130 euros por cabeza. Cada uno de estos ‘compañeros del metal’ se gastó en ponerse ciego lo que bastantes millones de españoles en sobrevivir una semana. Y como no podía ser de otra manera, la cuenta del restaurante corrió a cargo del sindicato. Es decir, de ti, de mí y del resto de cuarenta y tantos millones de gilipollas que amparamos este simulacro de democracia. Si los sindicatos tuvieran que vivir de las cuotas de sus afiliados, os garantizo que los liberados profesionales no se habrían especializado en vender a los trabajadores entre mariscada y mariscada.
Hay una realidad que mucha gente desconoce: los sindicatos ganan un pastón por cada ERE firmado. La ley les otorga un porcentaje de la indemnización que se acuerde con la empresa. Es decir, el sistema está tan pervertido que a UGT y CCOO les interesa que se presenten EREs, cuantos más, mejor. Si a eso le añadimos que están financiados casi al 100% por los españoles, nos encontramos conque, en el fondo, estamos manteniendo con nuestros impuestos a gente que se lucra con nuestros despidos. Puede sonar muy bestia, pero realmente es así. Por eso los sindicatos mayoritarios siempre están dispuestos a sentarse a negociar despidos masivos. ¿Cuándo fue la última vez que se plantaron contra los abusos a los trabajadores? ¿Comprendéis ahora porque siempre están hablando de diálogo y negociación? El Estado por un lado y las empresas por otro les tienen comprados, lo que supone una traición en toda regla a la clase trabajadora, o a lo poco que queda de ella.
En un momento como el actual, en el que estamos pulverizando todos los récords de paro, resulta especialmente ilustrativa esta actitud de los sindicatos. Mientras que en países europeos como Alemania están dispuestos a llevar la lucha obrera hasta el final, aquí están encamados con el gobierno y las empresas. Desgraciadamente han acabado convirtiéndose en una institución más del Estado, constituida por cientos de miles de apesebrados que se dedican a vivir del cuento, y de qué manera, como se ha visto en la noticia de Periodista Digital y en tantas otras de los últimos años. Y digo lo de cientos de miles porque sólo con los liberados sindicales de la comunidad de Madrid se podría llenar el Santiago Bernabéu, en cuyo palco, por cierto, hemos podido ver en más de una ocasión al aguerrido líder de UGT.
¿Cómo es posible que en sólo una semana la percepción internacional sobre nuestra economía haya caído a plomo?. Hasta principios de año la mayoría de los medios, fieles palmeros de Zapatero porque les tiene bien cogidos por sus deudas, seguían transmitiendo a la ciudadanía una tibia preocupación por la crisis en España. Salvo honrosas excepciones, la prensa ha estado cumpliendo impertérrita su papel de vocero gubernamental, mientras que en la red, el único medio de comunicación absolutamente libre, llevábamos años bramando contra uno de los peores presidentes de nuestra agridulce historia. ¿Por qué precisamente ahora se ha desplomado la confianza en España ¿No será que Zapatero ha sido incapaz de superar la prueba de los focos europeos, y nuestra prensa ya no puede seguir ocultando el desastre nacional?
Mientras en España vivimos en un estado de censura mediática, con buena parte de la población convencida de que nos gobierna un Adenauer leonés, en la prensa europea han saltado las alarmas tras descubrir que el nuevo presidente de turno de la Unión es, como diría mi abuela, “más tonto que un cerrojo”. Zapatero es un político con un discurso tan vacío como cursi, un vendedor de humo que gobierna a golpe de eslogan populista, y que ha demostrado recientemente que el camarote de los hermanos Marx era menos caótico que su Gobierno. Véase el bochornoso espectáculo que dimos el otro día ante nuestros socios comunitarios. A primera hora de la tarde les remitimos un plan sobre la reforma de las pensiones en España, y antes de anochecer ya se arrepintió, desdiciéndose en algunos puntos fundamentales del mismo. Seriedad y rigor ante todo.
Quienes me leéis desde hace años conocéis sobradamente mi punto de vista sobre este inútil. El problema es que ahora toda Europa ha descubierto que las riendas de la Unión, aunque sea simbólicamente, están llevadas por un sujeto que conduce a su país a la quiebra. Y lo que es más temido por los gerifaltes del continente: España podría acabar llevándose por delante la economía de la UE. Recordemos que la locomotora alemana es nuestra principal acreedora. Si nos desplomásemos, seguramente arrastraríamos a todos nuestros socios. Por eso la ministra Salgado está en Londres. Allí le van a leer la cartilla de tal forma, que el Gobierno no va a tener más remedio que recortar drásticamente el gasto público. Vamos a empezar a pagar las consecuencias de no haber tomado medidas hace varios años, cuando muchos lo pedíamos a gritos ya que entonces la situación era muy grave pero subsanable. Ahora no hay nada que hacer, aunque a nuestro Platón monclovita se le acabe de ocurrir la genial idea de pedirle a sus ministros que gasten menos luz.