(Para los que piensen que yo he podido ser demasiado crítico con Zapatero, les sugiero la lectura íntegra de este artículo del escritor cartagenero. Os dejo con la segunda parte del mismo.)
[...] Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.
Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.
Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.
Que no os engañen las cifras oficiales del Ministerio de Trabajo. Los datos cocinados por Valeriano Gómez tienen más mentiras que una película de chinos. Aunque ya lo expliqué hace dos años, lo haré nuevamente para destapar las trampas de Zapatero. España no tiene 4.231.003 parados, como asegura el Gobierno. Nada más lejos de la realidad. El PSOE, al poco de llegar al poder, decidió maquillar los datos. Y de qué manera. Eliminó a los parados receptores de cursos de formación y los denominó ‘OCUPADOS’. Eliminó a quienes ponen ciertas condiciones (‘CON DISPONIBILIDAD LIMITADA’). Y por último, a quienes están en procesos burocráticos (‘OTROS NO OCUPADOS’).
OCUPADOS: demandantes de empleo que están recibiendo cursos de formación (947.498)
CON DISPONIBILIDAD LIMITADA: demandantes de empleo que ponen condiciones para trabajar (224.545)
OTROS NO OCUPADOS: demandantes de empleo que están haciendo diversos trámites burocráticos (234.048)
947.498 + 224.545 + 234.048 equivalen, aproximadamente, a 1.400.000 parados sin contabilizar a enero del 2011.
Estas cifras no me las he sacado de la manga. Pertenecen a un documento que puedes descargar pinchando aquí, y que acaba de publicar el Ministerio de Trabajo. Es decir, estoy haciendo los cálculos con las cifras oficiales que proporciona el Gobierno de Zapatero. En la página 21 del citado informe se puede ver el siguiente fragmento que reproduzco fielmente a continuación:
Datos oficiales del Ministerio de Trabajo (enero 2011)
En España, si no lo remedia un milagro, alcanzaremos en breve los seis millones de parados reales. Mientras admiramos cómo los egipcios se rebelan contra su Gobierno, aquí seguimos sin hacer absolutamente nada. Nos suben los impuestos, nos recortan las pensiones y los sueldos, nos alargan la vida laboral… y aquí nadie hace nada. Entre otras cosas porque los representantes de los trabajadores están vendidos a Zapatero. No parece sensato que muerdan la mano que les da de comer, y de qué manera, a golpe de subvenciones. Si cada país tiene los gobernantes que se merece, entonces los españoles nos merecemos estos dirigentes sindicales. Pero también a los líderes empresariales y políticos. Todos ellos nos están condenando a la miseria.
Por cierto, que nadie piense que con el PP irían las cosas mucho mejor. La diferencia fundamental consistiría en que los apesebrados de Toxo y Méndez montarían huelgas generales mensualmente. Ni Rajoy ni la madre que lo parió van a solucionar este desastre. Difícilmente lo podrá arreglar la misma gente que lo provocó. España necesita acabar con este régimen partitocrático, pues la dupla PP-PSOE ha sido quien nos ha conducido a esta situación. ¿O es que no nos acordamos de que fue durante el Gobierno de Aznar cuando se especuló con la vivienda hasta unos niveles demenciales? Aquellos polvos ladrilleros, lo creamos o no, trajeron estos lodos que hoy nos están asfixiando.
Hace dos años y medio, escribí un artículo en La Comunidad de EL PAÍS, que formaba parte de una serie titulada ‘Antología del talante’. En dicha columna me atreví a prever lo que pasaría con nuestra economía si Zapatero salía reelegido. Fue escrita el 7 de marzo del 2008 y, desgraciadamente, ha resultado premonitoria. A continuación podéis leer la segunda parte de la misma.
(…) ¿Qué pasará ahora en plena desaceleración económica? Pues lo que ocurrirá es que los principales perjudicados serán, precisamente, quienes se han beneficiado menos de la época de expansión, y entre ellos, de manera muy destacada, los currantes. Sin embargo, el discurso de Zapatero hasta hace pocas semanas ha hecho creer a la gente que la economía iba de lujo, y que si venían las vacas flacas, papá Estado ya se encargaría de solucionarme la papeleta, que a lo loco se vive mejor. Pero, ¿el Estado podrá cumplir su promesa de ampararme si el paro se dispara, como ya está ocurriendo?
El gran endeudamiento de familias y empresas españolas ha provocado tal dependencia de la financiación exterior, que sitúa a nuestra economía en un riesgo excepcional. Algunos medios ya están hablando de “aterrizaje forzoso”, debido a una desaceleración abrupta que se veía venir desde hace al menos un par de años. Hay casos especialmente graves, como el de Andalucía, cuya tasa de paro es un 50% superior a la media nacional. Y mientras, Zapatero nos promete pleno empleo para la próxima legislatura, cuando actualmente se están destruyendo una media de 50.000 empleos mensuales. Sólo en la construcción, el paro ha aumentado un 36% en el último año. Todo esto está provocando que el gasto público por subsidio de desempleo esté aumentando cerca de un 20% interanual, es decir, una barbaridad que no sabemos hasta cuándo será asumible.
España lleva años viviendo un empobrecimiento imparable de la mayoría de la población, lo que está aumentando todavía más las desigualdades sociales, hasta niveles dudosamente sostenibles. A partir del próximo lunes, el nuevo gobierno necesitará mucho más que demagogia populista y deseos de buena suerte, si quiere sacar a nuestro país de una grave crisis económica que se ha estado ocultando a la población, mintiéndonos como si fuéramos la niña de Rajoy.
Hoy, uno de diciembre del 2010, con la retirada de la ayuda a los parados de larga duración, hemos tenido la respuesta a la duda que planteé entonces (“¿hasta cuándo será asumible?”). Zapatero ha estado demasiado tiempo ríendose de la ignorancia de su pueblo. A partir de ahora quienes le votaron entusiastamente en el 2008, uniéndose al coro de millonarios que defendían la alegría, pero también quienes no lo hicieron, tendrán que subsistir como buenamente puedan en un país hecho un solar que para colmo, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, ya no vale nada.