Esta semana hemos sabido que más de la mitad de los españoles no han podido irse de vacaciones durante el verano que toca a su fin, así como que la Infanta Leonor ha declarado que va a ir “al cole de mayores”. Qué rica, en el estricto sentido de la palabra. En el mismo informativo en que nos contaban la vidorra en technicolor que se dan a nuestra costa quienes nos reinan, podíamos ver cómo sus vasallos, nosotros, empezamos a deambular por calles de pobreza en blanco y negro. No cabe duda de que estamos muy bien adiestrados, pues todavía reímos las gracias de esta patulea borbónica, incluso aunque nos restrieguen mientras cenamos (cada vez menos) la obscena distancia que existe entre sus vidas y las de aquéllos a quienes dicen servir. Mientras que para muchos millones de españoles se podría decir que el verano no ha empezado, pues no han podido disfrutarlo, para la Casa Real, en cambio, el verano nunca acaba. Algunos expertos aseguran que esto se debe a que padecen el síndrome vacacional crónico, que sólo afecta a quienes viven maravillosamente del cuento, con la excusa de ser príncipes, princesas y demás prole.

A principios de los ochenta Sabina aseguraba que las niñas no querían ser princesas, pero está claro que eso era entonces, cuando los Borbones no tenían un duro y el Rey no había empezado a amasar su tan incalculable como desconocida fortuna actual, a partir del se sienten, coño. Veinticinco años después, en cambio, el genial cantautor jienense invita a cenar a los futuros reyes e incluso baila un agarrado con, según los voceros del régimen, la princesa del pueblo (del pueblo de Oviedo, para ser exactos). Los yonkis inmunes a la metadona, los cerradores de bares, las amas de casa que tiran pan duro a las palomas, los prejubilados y jubilados al sol, y los bocatas de calamares con una Mahou como único menú del día quedan muy bien para las canciones, pero mola más alternar en la vida real con gente a la que le ingresan 200.000 euros anuales por hacer como que hacen algo. Dónde va a parar.

Yo también querría ser la infanta Elena, o incluso Marichalar, pero no me he sabido juntar con buenas compañías, y eso que mi abuela se hartó de decirme que me arrimase a gente de buena familia. Por no hacerle caso ahora me veo pensando, de repente, que éste ha podido ser el último verano. Quién sabe lo que nos deparará el 2009 a los cuarenta y pico millones de súbditos que, según nos dice la prensa, tenemos la gozosa suerte de contar con una familia real tan campechana. Pero de una cosa estoy seguro: ellos seguirán derrochando como si no fuese a haber mañana,  jurando amor eterno a una patria de muros nuevamente desmoronados sobre el pueblo, como siempre.

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4 Respuestas a “El final del verano”
  1. Domingo dice:

    Ya sabes de mis simpatías juancarlistas, amigo Fernando, aunque entiendo perfectamente la frustración que sientes y no seré yo quien te trate de convencer de lo contrario, pues cada cual tiene sus razones para quejarse de aquellas costuras que le hacen llagas. Por lo demás decirte, y esto es un dato objetivo no una opinión, que nuestra Monarquía sale más barata que cualquier República de nuestro entorno, todas ellas hiperburocráticas e infectadas por un funcionariado parásito de mucho cuidado. Cada sistema tiene sus podredumbres y sus luces, pero yo creo, y esto sí que es una opinión muy personal, que la monarquía parlamentaria que nos rige ha funcionado razonablemente bien y ha generado no pocos frutos beneficiosos. Tiene sus recovecos, sus agujeros negros, por supuesto que sí, pero a mí en este país todavía no se me ha demostrado que la alternativa sea mejor, así que los experimentos mejor con gaseosa, que bastantes problemas se nos acumulan ya sobre la mesa como para buscar otros.

    Domingo acaba de escribir Cuando unos muertos valen más que otros

  2. “que nuestra Monarquía sale más barata que cualquier República de nuestro entorno, todas ellas hiperburocráticas e infectadas por un funcionariado parásito de mucho cuidado” -Existen ejemplos honrosos de Estados limitados, como América. A mí desde luego, si quieren implantar una República “afrancesada” con federalismo “germánico” se pueden volver sin mi beneplácito.

    ¡Viva la República, viva la Constitución, viva la Nación, viva la Democracia y viva la Federación!

    ¡Borbones por Perpiñán, a patas con una mano delante y otra mano detrás!

    Andrés Álvarez acaba de escribir El crack financiero y la caída libre del capitalismo salvaje

  3. Sempietnos dice:

    ¿Y no sería mejor que trabajara gratis, ya que cobra por ser infanta, y que esos 200.000 euros los destinara precisamente a los discapacitados?.
    El deterioro de la Institución es vertiginoso.

    Sempietnos acaba de escribir De delito a derecho

  4. Pues voy a recordar aquí otro pensamiento de los Ensayos de mi amigo Michel de Montaigne. “No hay nada tan empalagoso y cansado como la abundancia”.
    ¡Pobres gentes!
    Un abrazo.

    Armando Alonso acaba de escribir De la vanidad de las palabras.

  5.  
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