Pedro Solbes ya le aconsejó que convocase antes del verano, que la cosa pintaba mal. Y servidor, que en el fondo tiene buen corazón, le habría sugerido lo mismo porque esta debacle se veía venir, pongo a mi mujer por testigo. Pero es lo que tiene estar sobrado y creerse uno sus propias fantasías: no escuchas a nadie y huyes hacia delante con el aplauso de Pepe Blanco y la algarabía de los yosiemprevotarésocialista. Zapatero ha preferido creerse que es delantero del Barça y no el extremo izquierda de la Ponferradina, por lo que no sería de extrañar que un día exigiese ser entrevistado por Manolo Lama en el informativo de Cuatro. Nuestro presidente ha acabado como el ratón de Susanita, aquél que soñaba con ser un gran campeón jugando al ajedrez, pero en su caso los peones somos sus contribuyentes. Aunque, todo sea dicho, su especialidad no es precisamente el ajedrez.

Su auténtica vocación, aquélla en que ha acreditado ser un consumado artista, es jugar al ahorcado con las economías familiares, luciendo una sonrisa que para sí quisiera George Clooney. Aunque, para su desgracia y la nuestra, se le ha venido abajo el tabique inmobiliario justo cuando iba a visitarle la suegra. Esto le ocurre por haber abusado tanto del pladur. Pero Zapatero, como gran estadista, sabe que no hay nada mejor que tener un niño pequeño a quien echarle las culpas: “Aznarín, ven para acá que te voy a dar un capón. Mira que decirles a estos señores que papá está engañando a mamá España, con lo mucho que la quiere”. Porque aunque nuestro fachendoso José Luis, no confundir con facha, también podría echarse una Carla Bruni, él siempre nos será fiel, como a su cantante Sonsoles. Así cada noche, luciendo junto a ella su voz de barítono, podrán interpretarnos Por el humo se sabe dónde está el fuego mientras arden nuestros bolsillos.

Aunque nos han subido los precios mucho más que en la zona euro, nuestros salarios siguen siendo irrisorios comparándolos con los de la mayoría de los europeos. Especialmente grave es esta situación, respecto a aquéllos con quienes pretendemos equipararnos desde que el anterior iluminado nos aseguraba que España iba bien. Moraleja: hemos convergido en precios pero no en sueldos. Hasta tal punto, que un reciente estudio de Daniel Fuentes Castro, profesor de la universidad de Zaragoza, nos desvela que en esta última década hemos perdido entre un nueve y un veinte por ciento de poder adquisitivo, casi nada al aparato. O sea, que desde la época de Aznar hasta ahora, han empobrecido nuestros bolsillos hasta extenuarlos. Mientras, paradójicamente, el grandioso timo piramidal del ladrillo ha permitido que viejos y nuevos ricos crean que en España la vida puede ser maravillosa. A mí, sin embargo, hoy sólo me sobran los motivos para creer que soy mucho más pobre que hace una década. Y para creer que PP y PSOE son dos partidos putrefactos, que piensan seguir estafándonos mientras nosotros les jaleamos y votamos.

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