Ayer por la tarde, durante mi hacinado trayecto en el publicitado Metro de Madrid, pude observar la entrada en el vagón de un matrimonio de invidentes. Los viajeros que se percataron de su presencia, se apartaron para que pudieran acomodarse lo mejor posible, es un decir. Se podía intuir que esta pareja, pese a su ceguera, era feliz. Mientras ella escuchaba con una sonrisa cómplice y franca las confidencias que su marido le hacía al oído, el heterogéneo muestreo étnico del convoy se entretenía leyendo un libro, rozándose con la viajera de al lado o escuchando las descargas del Emule. Al llegar a su estación, y pese a que se apearon trastabilladamente impulsados por la horda y estuvieron a punto de chocar contra la pared del andén, no dejaron de sonreír ni un momento mientras, cogidos del brazo, prosiguieron su camino.

En cambio, el resto de ciudadanos que continuamos nuestro viaje en ese vagón, teníamos la mirada ausente y el rostro desencajado. Quizá será porque preferimos vivir ignorantes, no pensando en este lodazal con vistas a un mar de miseria que nos han reservado nuestros gobernantes. Cualquier tipo de escapatoria mental es buena para evitar asumir lo que está pasando. Nos mienten, nos esquilman, nos explotan, nos arruinan como nunca hasta ahora, pero sin embargo preferimos creer que lo que ven nuestros ojos no puede ser cierto. Preferimos, por comodidad, ahogar nuestras frustraciones en discusiones pueriles, defendiendo ciegamente a los políticos de uno y otro bando que, cuando esto se hunda, tendrán su dinero blindado en una cuenta extranjera.

Quizá tendríamos que aprender de gente como el citado matrimonio, pues haciendo de la necesidad virtud ya no necesitan la vista para saber si su pareja les está guiñando un ojo o lanzando un beso, como los buenos jugadores de mus. Y si bien es cierto que en principio para ellos la vida es más dura, no lo es menos que suplen su carencia con las ganas de salir adelante. Sólo tienen que extremar las precauciones y guiarse por su instinto de supervivencia, a menudo más fiable que lo que solemos o queremos ver. En cambio, nosotros vivimos en una alucinación colectiva de la que no quieren que despertemos, tras habernos convencido de que todo lo hacen por nuestro bien y el de nuestros hijos. Debemos despojarnos de la venda que sus adiestrados medios de comunicación han puesto en nuestros ojos, o de lo contrario reaccionaremos cuando ya sea demasiado tarde y no queden palabras que nos consuelen ni dinero en la caja.

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5 Respuestas a “Ojos que no ven”
  1. luferura dice:

    Pero mosotros también somos partícipes, muchas veces sabemos de la artificialidad de lo que nos rodea y de nuestro ocio, y aún así lo necesitamos como el que necesita una droga. En parte, y sobre todos los más jóvenes, nos estamos acostumbrando a que nos gobiernen y olvidamos gobernarnos y comportarnos, que nos eduquen y nos olvidamos de seguir educándonos y lo que es peor, que nos diviertan y nos olvidamos de divertirnos. Es cierto que cada vez somos más autómatas o más hormigas, el metro es un claro ejemplo; está lleno de una multitud de solitarios.

    Un abrazo

    luferura acaba de escribir MUNDO LIBRE, Europa y Estados Unidos ante la crisis de Occidente

  2. Domingo dice:

    De mis viajes en Metro podría extraer un sinfín de enseñanzas, metáforas y todo un legado vital. Como madrileño que soy paso más tiempo en las entrañas del subterráneo que sobre la superficie y todo, ¿para qué? Para llegar a trabajos que no nos llenan, para aguantar a jefes tiránicos y para ser, en definitiva, un poco menos felices. Me gustaría vivir en un país nórdico de esos que tienen miles de kilómetros de carril-bici para desplazarme de un lugar a otro a base de pedaladas. Sería una verdadera gozada. Me he ido del tema, sí, pero es que es tan deprimente que prefiero, por esta vez, pasarlo por alto.

    Domingo acaba de escribir Galicia como prueba de fuego

  3. Vivimos en una sociedad cada vez más desnaturalizada,cruel y egoista.
    Es un reflejo de la perdida de valores que acecha a Occidente, y que va desangrando cada vez más la base cultural y espiritual que alo largo de los siglos han conformado nuestro modus vivendi.

    Natalia Pastor acaba de escribir La senda tenebrosa

  4. Puf, este artículo es una genial comparación actualizada del mito de la Caverna de Platón.

    ¡Hay que dejar de guiarse por los sentidos y las sombras y caminar hacia las ideas y la Luz de la Verdad!

    Un abrazo.

    Andrés Álvarez acaba de escribir El sistema político británico

  5. Mayte dice:

    Lo peor de todo, o mejor según se vea es que, si te alejas de esa alienación y caminas erguido de acuerdo a tus ideales, orgulloso y sin miedo, intentando ser feliz aunque sea contra corriente de lo que te ofrece la sociedad, te tildan de imbécil, raro, extraño, extraterrestre, solitario, huraño y demás lindezas de ese tipo. Lo sé por experiencia propia.

    De todas formas, no me importa. Cuando quiero ser feliz lo soy aunque esté pactado que, en ese momento, lo tengo que ser de otra forma, gastando en esto o en lo otro, yendo a la discoteca tal o cual o comprándome el modelito de moda en ese momento. Por fortuna, paso de modas, de influencias y de rollos de ese tipo. En ese sentido, me siento muy orgullosa de mi misma. Casi tanto como el matrimonio de invidentes del metro.

  6.  
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