Paracelso: “El grado máximo de un medicamento es el amor”.

Cuando enfermamos es muy cómodo ir al médico y pedirle que nos cure. Él primero emite un diagnóstico, y después nos receta unos medicamentos que además nos salen baratos si los cubre la Seguridad Social (hasta que quiebre). Sin embargo, nunca nos receta amor, seguramente porque la medicina tradicional subestima el extraordinario poder que éste tiene, y sobre todo porque todavía no hay ningún laboratorio que lo comercialice (maldad). ¡Cuántos casos se conocen de enfermos irreversibles para los médicos, que inexplicablemente han logrado zafarse de las garras de la muerte! (ni tan irreversibles ni tan inexplicablemente, claro).

Gandhi: “La enfermedad es el resultado no sólo de nuestros actos, sino también de nuestros pensamientos”.

Qué difícil nos resulta a los occidentales entender estas palabras. Nuestros actos y nuestros pensamientos son los creadores de nuestro destino, como dijo el anteriormente citado Paracelso. Si enfermamos gravemente, no bastará con abordar el mal en nuestro cuerpo, también tendremos que revisar nuestros actos y nuestros pensamientos. Quienes han sufrido una grave enfermedad saben de lo que hablo, pues ésta suele provocar una mutación en sus vidas, como un renacimiento. Entonces y sólo entonces se produce la sanación completa.

amor

Platón: “El mayor error que los médicos cometen es intentar la curación del cuerpo sin intentar la curación del alma; sin embargo, alma y cuerpo son uno y no deberían ser tratados separadamente”.

A pesar de que quien acaba de hablar no es precisamente un ministro, sino uno de los filósofos más grandes de la historia, la medicina, veinticinco siglos después, sigue sin hacerle ni puñetero caso. Hoy podemos descargarnos una película en pocos minutos de un ordenador que esté en Melbourne (hola, SGAE), pero sin embargo parece que  nuestras cabezas evolucionasen hacia atrás, como los cangrejos. ¿Cuántos siglos más necesitaremos para comprender que lo de “mens sana in corpore sano” no es sólo una frase para anunciar agua mineral?

A todo lo reflexionado sobre esas tres citas saludables, quiero añadir lo siguiente. Tanto si estás sano como si estás enfermo, acéptate, ten fe en ti mismo y quiérete tal cual eres. Ésa es la llave que te abrirá todas las puertas y el medicamento que sanará todos tus males. Observa que no estoy hablando de fe en estampitas ni en Cristos de los gitanos, sino en ti mismo. Si lo haces puede que llegues a mover montañas, quién sabe. Entonces descubrirás que no necesitabas ver para creer, sino creer para ver el milagro que ya eres. Y descubrirás que viniste al mundo para hacer todo lo que puedas con tu vida. De hecho no estamos aquí para otra cosa.

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2 Respuestas a “Pensamientos saludables”
  1. Domingo dice:

    Paracelso, Gandhi, Platón y Solera. ¡Joder, qué tropa! ;)

    Domingo acaba de escribir Patxi López – Teddy Bautista

  2. Mayte dice:

    Estupenda reflexión, Fernando.
    Si la medicina alopática se metiera en la mollera los principios que estos tres genios promulgaban, estoy convencida de que las enfermedades serían de otra forma o, mejor dicho, no existirían. Lo único que existen son enfermos, pero la medicina de hoy día parece que no se acaba de enterar. ¿Por qué será? ¿Será por los intereses creados? ;-)

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