Se lo pregunté en twitter, pero Mariano Rajoy me dio la callada por respuesta. Mi cuestión era muy sencilla: “¿Cómo piensa explicar que su banco malo nos vaya a costar 3.000 euros a cada español?”. En un momento en que lo estamos pasando fatal y nuestros gobernantes no se cansan de hacer agujeros a nuestros cinturones, sería muy interesante saber por qué tenemos que pagar nosotros el pufo de constructores, promotores y banqueros. Lo que pretende Rajoy es que el pueblo le pague la fiesta a los mismos que lo han arruinado. Previo obsceno enriquecimiento privado, por supuesto. A ver, señor Rajoy, ¿por qué debemos pagar nosotros las irresponsabilidades de quienes nos están echando de nuestras casas? Si España fuera un país serio, quienes nos han buscado la ruina estarían procesados por la justicia. Pero como esta vieja nación se puede confundir con un lupanar, lo que hacemos es indultar a banqueros y además de putas ponemos la cama.
La situación es tan crítica, que en cualquier otra parte del mundo habría un estallido social. Sin embargo aquí el ilusionante movimiento del 15M ha acabado convirtiéndose en un nido de perroflautas y feminazis. El banco malo de Rajoy es motivo de sobra para que todo el mundo, de izquierdas y de derechas, homosexuales y heterosexuales, jóvenes y jóvenas, salga a la calle e impida este saqueo sin precedentes. Porque aunque el nuevo presidente pretenda disimular ahora, diciendo que el banco malo se financiará también con dinero privado, no deja de ser un colosal robo al machacado pueblo. ¿Por qué nos tienen que recortar en educación, sanidad y demás servicios sociales, y al mismo tiempo exigirnos más de 100.000 millones de euros para los banqueros? Si un banco tiene que quebrar, que quiebre, como está ocurriendo con miles de empresas. El Estado sólo debe preocuparse de proteger a los pocos ahorradores que quedan.
El banco malo de Rajoy lo que persigue es una estafa al pueblo, para que los banqueros no tengan que reconocer el valor real de sus activos inmobiliarios. O dicho en román paladino, para que puedan seguir manteniendo el precio de la vivienda al delirante nivel que nos ha conducido a la depresión actual. El país se ha hundido porque hemos puesto todos los huevos en el cesto inmobiliario, lo que ha acarreado el desplome sin parangón del resto de sectores económicos. Mientras duró el crédito, aquí no pasaba nada y a lo loco se vivía mejor. Ahora que se ha terminado, el PP ha decidido celebrar su llegada al poder robando a los electores. ¿Para qué sirve ‘la fiesta de la democracia’ si quienes nos gobiernan no se presentan a los comicios? El movimiento de los indignados, Democracia Real Ya, 15M o como se quieran llamar, debería liderar una respuesta masiva contra este expolio, saqueo, robo o como lo queramos llamar. De lo que no tengo ninguna duda es de que el responsable último se llama Mariano Rajoy: el presidente que salva a los banqueros y crucifica a los votantes.
Emilio González en EsRadio (en esta tertulia) y Roberto Centeno en Radio Intereconomía (debajo su comentario) han dicho, hace escasamente una hora, que el BCE está empezando a plantearse nuestra expulsión del euro. El Banco Central Europeo ha descubierto que el sistema financiero español se encuentra en una situación calamitosa, y si el Gobierno y el Banco de España siguen sin tomar las medidas adecuadas para enderezar el rumbo, podrían echarnos del euro para evitar que arrastremos al sistema financiero europeo provocando su derrumbe. Nuestros peores augurios pueden estar cerca de cumplirse. De confirmarse esta noticia en los próximos meses será, sin duda alguna, motivo más que de sobra para salir corriendo de España. Cuidad de vuestros ahorros, amigos.
Aquí podemos escuchar el comentario de Roberto Centeno:
Aunque el Gobierno ha estado negando sistemáticamente la crisis hasta hace pocas semanas, el derrumbe de la economía nacional se veía venir. Allá por el 2005 muchos asegurábamos que el modelo de crecimiento español no se podía basar en la vivienda, pues era pan para hoy y hambre para mañana. Apostarlo todo al ladrillo era una temeridad, y ya estamos empezando a ver sus funestas consecuencias. Pero, ¿quiénes son los responsables del hundimiento de nuestra economía? ¿Por qué España tiene ahora un stock cercano al millón de viviendas nuevas?
Los políticos, especialmente quienes consagran sus esfuerzos a la vida municipal, así como los bancos y cajas de ahorros, son los grandes responsables de que buena parte de la ciudadanía española esté ahora al borde del abismo. Los primeros, porque hallaron una forma muy fácil de engordar las arcas de los ayuntamientos, así como sus cuentas corrientes personales. Y los segundos, porque concedieron créditos a millones de personas que no reunían los requisitos razonables para formalizar unas hipotecas que, en muchos casos, implicaban sus ingresos de dos décadas. La codicia de los banqueros fue de tal calibre, que no tuvieron el menor reparo en financiar viviendas ocultando a sus compradores que el euribor estaba a unos niveles históricamente bajos, y que lo normal era que subiese. Su alma usurera acabó imponiéndose para convertir a España en el paraíso europeo de las hipotecas basura. Porque, pese a lo que aseguran los distintos organismos oficiales, en nuestro país hay subprime a patadas. ¿A qué viene si no un plan de rescate que supone el 15% de nuestro PIB, contra el 7,5% del plan norteamericano?
Los banqueros han estado obrando de esta manera porque sabían que si el hipotecado no puede seguir pagando, su entidad saldrá totalmente indemne. En España se subasta la vivienda y si el importe es menor de lo que se adeuda, la víctima no sólo se ve en la calle, sino que además le debe al banco la diferencia. Siempre gana la banca. Sin embargo, en el pérfido país de las barras y estrellas esto no ocurre, pues allí se saldan las deudas con el embargo del piso, como debe ser.
Aquí nuestros gerifaltes han optado por explotar hasta su extenuación a la gallina de los huevos de cemento, y eso lo vamos a pagar muy caro todos: los bancos, porque la tasa de morosidad está embalada; las arcas públicas, porque están cayendo en picado sus ingresos; y los ciudadanos, porque están condenados a cadena perpetua por unos ladrillos que acotan unas pocas decenas de metros cuadrados.
Desgraciadamente, tanto los banqueros como los políticos, que han sucumbido a los cantos de sirena crematísticos de los constructores, se van a ir de rositas, que para eso son los que mandan. En cambio sus víctimas, los ciudadanos, están empezando a descubrir que todo ha sido una colosal estafa para que unos y otros se enriquecieran, a costa de sacrificar a todo un país. Probablemente, para acallar sus doradas conciencias, nuestros próceres se consuelen ahora pensando que si los ciudadanos no tienen dinero para comer, al menos le podrán pegar un bocado a sus ladrillos. Quizá no lo aconseje la OMS, pero les habrá salido más caro que cenar en El Bulli, donde, por cierto, lo seguirán haciendo quienes han enterrado al país.
Aquí os dejo este documental de Paul Grignon, traducido por Greg Grisham y Rafael Palacios (www.rafapal.com), que hace las veces de locutor. Dura cuarenta y siete minutos, por lo que os recomiendo encarecidamente que lo veáis cuando podáis hacerlo tranquilamente. Os aseguro que os va a impactar sobremanera. Si después no os entran ganas de sacar inmediatamente todo vuestro dinero del banco, es que no lo habéis entendido.