Tras el paréntesis vacacional de Semana Santa, todos hemos vuelto a nuestros quehaceres diarios. ¿Y qué nos encontramos tras regresar a casa? Que el Partido Popular acoge a muchos corruptos en su seno, como si no lo supiéramos desde hace años; que el paro sigue pulverizando récords, y lo que te rondaré, morena; y que de aquí a pocos años la mayoría de nuestros médicos serán extranjeros, porque muchos de los españoles optan por trabajar fuera, hartos de ser explotados aquí. O sea, nada nuevo bajo el sol.
Pero también hemos sabido que cada vez hay menos gente haciendo cola para recauchutarse el body, y no por falta de ganas sino de pelas. Ojalá gracias a esta magnífica noticia los amantes del buen jamón, extremeño o de cualquier otro rincón de las Españas, podamos recuperar la ilusión por la vida. Ya fuese en la playa, en la montaña o incluso en la cola del paro, los rotundos cuerpos femeninos, ésos que van camino de ser objeto de coleccionista, siempre han encarnado la mejor prueba de la existencia de Dios para los románticos empedernidos como yo. Bienvenida sea la crisis si con ella vuelve la lozanía a los cuerpos y la sensatez a las cabezas. (Ya habrá descubierto el avispado lector que uno tiene querencia por los clásicos, aquéllos que siempre necesitaron un asidero mullido pero firme donde posar unas manos que nos fueron dadas para acariciar.)
Esta crisis sin duda ha venido para quedarse, pero no tiene por qué ser tan mala como parece. Quizá sirva para acabar de una vez por todas con esta lacra ignorante del culto al cuerpo, que tantas vidas ha destrozado. Ojalá sirva también para que comprendamos que izquierda y derecha son lo mismo, pues ambas sólo persiguen mandar y robar a manos llenas, que esto es España, señores. Y tampoco estaría de más que sirviera para que pudiésemos entender que nadie es mejor por su color de piel, pese a los prejuicios de los que en mayor o menor grado somos víctimas. Quienes vienen a ganarse la vida no son culpables en absoluto de que los exploten. La culpa es de los explotadores, no lo olvidemos nunca. La culpa es de quienes especulan con las vidas de sus semejantes, ya sea a través de la política, las finanzas o cualquier otra rama del trincotrilerismo nacional. Visto que este país no tiene remedio, lo mejor será que nos pongamos el mundo por montera y celebremos que a pesar de todo la vida sigue, pues jamás habrá crisis ni económica ni de valores que acabe con ella.
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Escrito por Fernando Solera en Sin categoría
España es el país con la mayor tasa de cocainómanos del mundo, superando a Estados Unidos . Somos el Estado con mayor tasa de divorcios de la Unión Europea, a una media de dieciséis por hora . También somos líderes europeos en operaciones de cirugía estética, con un 8% de las intervenciones que se realizan a nivel mundial. Arsa.
En los tiempos en que Manolo Escobar popularizó la tan patriótica tonadilla que da título a mi estreno en El País, en España fumábamos Celtas, el divorcio gracias al doblaje no existía ni en las películas de Ava Gardner, y en materia de cirugía las parturientas eran atendidas en los pueblos por Dios y el veterinario de la Seguridad Social. Hay que ver cómo hemos progresado. Da gusto ser español.
¿A qué se puede deber que ahora arrasemos en esas tres estadísticas para mayor orgullo patrio? A mi juicio, no puede ser fruto del caprichoso azar que seamos líderes en las tres clasificaciones. Probablemente puedan estar más interrelacionadas de lo que parece. Quizá tras el divorcio uno de los cónyuges se pudo dar a la farlopa, y en plena euforia decidió alargarse el pene o ponerse unas tetas nuevas, indistintamente de su sexo. O todo pudo comenzar con una operación de cirugía estética espectacular, para lograr un miembro de medio metro o unas tetas de metro y medio, que le hizo salirse de la raya entrando en un círculo festero poco recomendable, para acabar con su pareja pidiéndole el divorcio y el rosario de su madre. O quién sabe si fue una inocente dosis, no seas cagao, la causante de que le pusieran las maletas en el portal, vía ventana, tras lo cual decidió cambiar de imagen para que no le reconocieran los grandes hermanos de su vecindario.
¿Dónde quedó esa España, tierra del amor, que nos cantaba Manolo Escobar? ¿En el lavabo de un antro, en un quirófano sin desinfectar ni cirujano titulado, o a la puerta del juzgado donde el año pasado le juraste amor eterno? Ya dijo el Guerra, Alfonso, que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Muy pronto los toros pasarán a mejor vida de manera natural, y no como hasta ahora “para morir en la plaza”. Y es que en la España de hoy incluso tenemos sedaciones masivas, aunque todavía no han llegado a los toros, al menos oficialmente.
Avergonzado debo confesar que nunca me he drogado, ni para escribir este artículo,y que lo único que he fumado en mi vida fueron algunas infumables clases de la universidad. Tampoco me he divorciado, porque tras cuatro años y medio sigo enamorado de mi mujer. Y ni siquiera he pasado por el quirófano para instalarme un miembro de última generación. ¿Seré un buen español?
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