Posts Tagged “compartir”

Twitter es un sistema para compartir mensajes cortos en tiempo real con los amigos que forman parte de tu red. Te permite, entre otras cosas, responderles individualmente y difundir a todos ellos algún mensaje ajeno que hayas encontrado de especial interés (retwittear). Pero lo más sugerente es que también puedes seguir y compartir las reflexiones de todo tipo de internautas, tanto anónimos como populares, aunque jamás hayas contactado con ellos. Cientos de millones de personas en todo el planeta compartiendo sus reflexiones, sus alegrías, sus penas y hasta sus dudas sobre la ropa que ponerse para que su perfil no dé calor ahora que estamos en verano, hacen de twitter una herramienta para desahogar todo lo que llevamos dentro, como si fuéramos una tonadillera cantando al Manolete de turno.

Uno de los últimos personajes populares en descubrir este medio de comunicación ha sido Alejandro Jodorowsky. Mi admirado maestro tiene la gentileza de compartir con sus cerca de 30.000 seguidores en twitter (alejodorowsky), y subiendo, tanto sus enseñanzas como las de otros muchos amigos que escriben maravillosos haikus en prosa, como bien se podrían definir estos mensajes con limitación a 140 caracteres. Leer las pildoritas que publica Jodorowsky supone un impagable aliento para el alma. Parece mentira que unos cientos de píxeles puedan cobrar vida de una manera tan hermosa e iluminar la existencia hasta del ser más apagado. Así sucedió, por ejemplo, con motivo de la muerte de Saramago, al recordarnos Jodorowsky el poema de mi tocayo Pessoa que tanto le gustaba al finado: “Para ser grande, sé entero: nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas, por eso la luna brilla toda en cada lago, porque alta vive.”. Sólo por compartir un texto de tan inenarrable belleza ya habría merecido la pena formar parte de este invento, ¿no creéis?

Hasta tal punto me están influyendo los mensajes del twitter de Jodorowsky, que he decidido no volver a escribir en tono dramático sobre la maldita crisis. Cuando me refiera a ella será desde un punto de vista constructivo y, por qué no, reconfortante. De hecho no creo que vaya a durar mucho este perverso sistema económico, porque tanto la codicia como el miedo de quienes lo dirigen acabará por fagocitarlos. Es sólo cuestión de tiempo, amigos. Mientras tanto nosotros aquí seguiremos, aprendiendo y sobre todo compartiendo lo que la vida nos va enseñando a cada momento, intentando extraer siempre de ella la mejor de las lecciones posibles. Así lo hizo hace unos días la internauta Gema Barranco, a quien pudimos leer a través del twitter de Jodorowsky: “Desde que tengo perro mi barrio es más bonito. Ahora sé dónde están los árboles.”

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revolucion(A continuación, un amplio fragmento de  la maravillosa entrevista al escritor David Martí que publicó ayer La Vanguardia en su sección la contra. Una auténtica delicia.)

Tengo 39 años. Nací en Barcelona y vivo entre Barcelona y Arnes (Terra Alta). Hice otras cosas…, ¡pero soy escritor! Vivo en pareja. ¿Política? ¡Ojalá fuese más creativa y coherente! ¿Dios? Lo que importa es el potencial de cada persona, al margen de sus creencias

Hice otras cosas…, ¡pero soy escritor!”, dice.

Sí. Lo soy: ya está.

¿Qué cosas hizo?

Apenas dos años atrás yo era un ejecutivo de corbata y maletín, gestionaba proyectos técnico-administrativos…

¿Y hoy escribe novelas?

Sí. Yo era un tipo amargado, desgraciado, insatisfecho, sentía que quemaba mi vida, sumido en la ansiedad… Llegué a tomar tres ansiolíticos cada noche… Casi enloquecí.

¿Y cómo dijo adiós a todo eso?

No fue fácil, ya que uno cree que jamás podrá hacer algo distinto de lo que está haciendo… Fui víctima de mobbing y tuve que cogerme algunas bajas…, tras las que siempre regresaba a la tortura. Hoy veo que me faltaba valor para respetarme y salir de allí.

¿Alguien le ayudó?

Intenté dejar las pastillas practicando yoga, y eso me ayudó. Pero mucho más me ayudó aquel camarero…

¿Qué camarero?

Yo entraba en un bar alguna mañana, con mi traje, mi corbata y mi maletín, amargado, y con medio gruñido pedía al camarero: “Un cortado”. Me lo tomaba sin hablar ni levantar la cabeza y me largaba. Pero un día…

¿Qué?

El camarero salió de detrás de la barra, se sentó a mi lado, se sirvió un whisky, se lo tomó de un trago y me espetó: “¿Tú sufres mucho, no?”.

¡Qué confianzas…! ¿Qué hizo usted?

Le miré cabreado, poniéndole cara de “¿y tú de qué vas, capullo?”. Él, con media sonrisa, añadió: “Recuerda que lo más importante de tu vida es que te respetes a ti mismo”. Salí de allí y, en la calle…, rompí a llorar.

Vaya con el camarero terapeuta…

Sin saberlo, él cambió mi vida: ¡hoy soy el tipo más feliz del mundo!

¿Y en qué consiste eso?

En reconciliarte contigo mismo. En mi caso, consistió en abandonar aquel empleo que estaba a punto de volverme loco (literalmente), y perseguir mi sueño de niñez: ser escritor. Lo hice, y publiqué un manual basado en mi experiencia, La (r) evolución interior…

¿Quedó atrás aquella insatisfacción?

Sí, porque ya he entendido que no estamos aquí para pagar una hipoteca. Y que somos magos: tenemos capacidad para crear nuestro presente.

¿Y para qué diría que estamos aquí?

Para crear (un libro, un dibujo, una obra, una casa, esta entrevista, una familia…) y para compartir. Yo no tengo un duro, pero estoy feliz: ¡estoy creando y compartiendo!

¿Y cuál es hoy su sueño?

Retirarme a una masía de la Terra Alta, ante los Ports, junto a un olivo, dos viñas, un limonero, un cerezo y dos gallinas. Y un día morir allí con una sonrisa.

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