A lo largo de la Historia han sido muchos los imperios que han acabado hundiéndose en la mayor de las miserias. Quizá el caso más conocido sea el del Imperio Romano, que tras muchas décadas de esplendor acabó desmoronándose, sufriendo una de las ruinas económicas más espectaculares y largas que jamás se han conocido. Y aunque seguramente el citado coloso no se pueda comparar con el norteamericano, bajo cuya supremacía hemos vivido durante el último siglo, su inminente caída y las consecuencias derivadas de la misma sí que van a ser, sin duda, acontecimientos históricos sin parangón para quienes hoy habitamos este desolado planeta. Incluso se ha empezado a filtrar que los servicios secretos norteamericanos están preparando un informe para el nuevo presidente, en el que aseguran que Estados Unidos va a perder en los próximos años el liderazgo mundial debido, sobre todo, a que el país de las barras y estrellas está al borde de la quiebra. Así como suena.
Siento de veras haber vuelto de vacaciones y seguir anunciando noticias tan malas, pero alguien tendrá que hacerlo, más que nada porque no me gusta engañar a los lectores, al menos a sabiendas. Para tales fines ya están los medios dependientes del Gobierno, o sea, casi todos. A mí, en cambio, siempre me ha gustado nadar contracorriente (o desafinar) sin hacerle la pelota ni a mi padre, y así me ha ido. Al menos me queda la satisfacción de haberos hecho saber con unos cuantos meses de antelación, lo que todavía hoy no se atreve a decir claramente gran parte de la prensa (véase por ejemplo este premonitorio artículo del 26 de junio titulado “El crack que se avecina”). Además, consolaos pensando que cuando uno está bien prevenido siempre puede amortiguar mejor el golpe, ¿no?
Aunque sé que lo he recomendado en varias ocasiones, tanto en el blog como en correos privados, lo repito una vez más: urge ser muy precavido con los ahorros. Sólo los más cándidos pueden pensar que los españolitos nos vamos a ir de rositas con la que está cayendo. Nuestro monstruoso endeudamiento empresarial, familiar y estatal nos augura el regreso a la coyuntura socioeconómica de hace sesenta años. Si nada lo remedia, nuestro país volverá a vivir muy pronto la miseria que sufrió durante la posguerra. De hecho, ya no nos queda ni el consuelo de poder vender las joyas de la abuela, pues el gobierno de Zapatero se ha desprendido de gran parte de nuestras reservas de oro.
Dentro de unos meses el “milagro español” será sólo un espejismo, pues habremos pasado de ser uno de los países con mayor crecimiento económico, en gran parte gracias a las ayudas europeas, a volver al furgón de cola de las economías continentales. Nunca más volveremos a compararnos con Alemania, Reino Unido, Suecia o Noruega. En breve, sólo podremos hacerlo con Polonia, Rumania o Portugal. Y eso siempre y cuando no acaben superándonos, lo cual parece probable. Por eso, quien tenga una buena oportunidad de marcharse de aquí, que lo haga cuanto antes y sin mirar atrás pues, aunque duro será marcharse, todavía mucho más lo será malvivir en esta España que ya no tiene remedio. Qué lejos queda ese imperio donde jamás se ponía el sol.
Etiquetas: crack, crisis, economia, España, estados unidos


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