(Por favor, os ruego que leáis este texto que merece muchísimo la pena, entre otras cosas porque no es mío. Pertenece a un artículo escrito por el economista Francisco Llinares Coloma. Aunque habla de economía se le entiende todo, pero todo, todo, todo. Incluye una propuesta final que, aunque pueda parecer utópica, es absolutamente imprescindible si queremos recuperar el respeto que nos han perdido los delincuentes que nos gobiernan. Si realmente deseas dejar de ser súbdito y reclamar tu derecho a ser ciudadano, las siguientes palabras están escritas para ti.)
Los partidos políticos piden préstamos a las entidades financieras para comprar autobombo.
Las cajas están dirigidas por políticos preocupados por sus intereses y los de su partido.
Las entidades financieras condonan dichos créditos a los partidos políticos.
Los partidos en el poder nombran a los ejecutivos de los organismos reguladores.
Los organismos reguladores tienen que vigilar a las entidades financieras. Pero las entidades financieras son las que conceden y condonan préstamos a los partidos que han puesto a los ejecutivos en los organismos reguladores.
El Estado avala e inyecta dinero en las entidades financieras. No puede dejar caer entidades dirigidas por los políticos de su partido: quedaría feo. Además, tiene que proteger a sus prestamistas y a los de sus amigos.
Aparte, el estado exige a las entidades que compren deuda pública española, que para eso les ha financiado (en algunos casos, comprado, cuando el préstamo es incobrable) con el dinero de todos.
El Estado utiliza la hucha de las pensiones y se gasta todo el dinero en deuda pública española. Esto es ilegal, porque la deuda ya no tiene triple A, pero, ¿quién lo va a denunciar?
En breve pondré una propuesta descabellada, radical y utópica como la mayoría de las que hago, para fundar una sociedad democrática. Romper la baraja y escoger nuevas reglas para el juego. Cuando un árbol tiene las raíces podridas, la única solución es cortarlo y plantar otro. La sociedad actual no admite remiendos, hay que desmontarla y empezar desde cero con unas normas que beneficien, protejan y faciliten la vida del 98% de la población.
La propuesta será utópica, porque los que ahora chupan del bote le tienen el coco comido a los paganos, y eso es muy difícil de devolver a su estado original. El punto fundamental del lavado de sesos es haber convencido a la población de que los que lleven la contraria a los poderes establecidos son unos peligrosos antisistema que quieren derrocar el estado de bienestar e imponer una dictadura salvaje. Este estribillo, junto con el miedo al cambio que tiene cualquier ser vivo, protegen infaliblemente los intereses de los cuatro gatos que dominan al grueso del dócil rebaño.
A algunos lectores les puede parecer que estoy proponiendo una revolución. Yo lo llamaría evolución. Se puede evolucionar de dos formas:
1) Adaptándose a los cambios medioambientales para sobrevivir.
2) Por la puesta en práctica de una técnica, un método o una treta con la que una especie se proteja del ataque de sus depredadores naturales. En este caso, todos sabemos muy bien quiénes son los lobos y quiénes han asumido el papel de corderos en la función. Hay un millón de corderos por cada lobo. Sólo conocer este dato debería ser suficiente para erradicar de un plumazo el poder de los escasos lobos. En realidad, este poder no lo pueden mantener ni por la fuerza (porque no la tienen), ni por la ley (la constitución no ampara lo que está ocurriendo), ni por ética (las élites son corruptas hasta la médula), ni por los más elementales derechos humanos para una convivencia justa y pacífica.
Espero que termine de una vez el silencio de los corderos y que nos hagamos oír con algún eslogan machacón que penetre en el subconsciente de la población. Espero vuestras propuestas para dicho eslogan.
Mi propuesta es: corderos unidos, por un mundo sin pastores ni sanguijuelas.
Poco van a durar las medidas que Zapatero tomó el pasado mes de mayo para luchar contra el gigantesco déficit que él mismo ha generado. Todo apunta a que, una vez más, serán los funcionarios y los pensionistas quienes sufrirán en mayor medida los nuevos ajustes que impondrán desde Bruselas. Hoy mismo los empleados públicos están llamados a la huelga por el recorte medio del 5% en sus salarios. Lo que ellos no saben es que si las cosas se ponen muy feas, que se van a poner, podrían llegar a ver cómo su sueldo se reduce un 20%. El pasado uno de septiembre, hace ya más de nueve meses, ya lo advertí en un artículo titulado ‘Los funcionarios serán los próximos’. En él incluí la siguiente reflexión: “Aunque el Gobierno se niegue a admitirlo en público, en breve no tendrá más remedio que recortar drásticamente los salarios de los funcionarios, que suponen un gasto de casi 110.000 millones de euros anuales.”.
Las consecuencias de los próximos recortes a los funcionarios van a ser tremendas, porque me imagino que las huelgas se van a suceder. El estallido social está próximo. Pero, ¿y los pensionistas?. Ellos no pueden hacer huelga, y por eso no se notará en las calles su terrible descontento. La indignación del sector más débil de nuestra sociedad irá en aumento, sobre todo cuando el Gobierno se tenga que desdecir nuevamente para reducirles, esta vez sí, las pensiones. En el caso de los funcionarios ya he comentado que el recorte medio podría llegar en un futuro incluso al 20%, pero en el caso de los jubilados pienso que será mucho menor. Ni en la peor de las pesadillas puedo imaginarme un recorte de las pensiones que llegue, ni siquiera, al 10%. En cualquier caso, vamos a asistir al mayor recorte social que jamás hayamos visto, por culpa de un presidente que, a quienes le mostraban su preocupación por el desplome de nuestra economía, siempre les respondía: “No os preocupéis porque yo soy un hombre con mucha suerte.”.
Por mi parte, lamento profundamente que el Gobierno nos vaya a robar la cartera (más) a partir de ahora, aunque muchos veníamos advirtiéndolo desde años atrás y no se nos quiso hacer caso. Me imagino que hoy todos los votantes socialistas y simpatizantes de Zapatero estarán cayéndose del guindo del que siempre se negaron a bajarse, pese a la contundencia de los datos económicos con que se les avisaba de la que se nos venía encima. Mientras España sea un país donde la ciudadanía respalda durante toda su vida a las mismas siglas políticas, independientemente de que su líder sea Adenauer o la mula Francis, seguiremos formando parte del tercer mundo europeo. Disfrutemos de lo votado.
Recuerdo que fue en junio de 1993 cuando pude ejercer por primera vez mi derecho al voto. En aquella ocasión, así como durante el lustro siguiente, confié en Izquierda Unida. Y lo hice porque su líder me parecía el único político consecuente en una España que cada mañana se despertaba con un nuevo escándalo de corrupción socialista. Desgraciadamente, a pocos días de las citadas elecciones, la mala fortuna y el tabaco decidieron acabar con la campaña electoral de Julio Anguita, que debió ser ingresado de urgencia por un infarto. Han pasado ya diecisiete años, diecisiete, y sin embargo debo de admitir que este profesor jubilado ha logrado, después de tanto tiempo, que vuelva a disfrutar escuchándolo tanto como entonces. Ocurrió hace dos semanas en el programa 59 segundos de TVE. Allí habló, con la claridad y la sencillez de los maestros de antes, sobre las causas y los efectos de esta crisis, denunciando entre otras cosas que los ciudadanos europeos no pintamos nada porque nuestros respectivos gobiernos han decidido arrodillarse ante los mercados. Le bastaron siete minutos para explicarle al pueblo español cómo nos están esclavizando con la connivencia de quienes aseguran representarnos. Desde mi punto de vista ni Rajoy, ni Zapatero, ni ningún otro diputado, le llega a la suela de los zapatos al antiguo líder de Izquierda Unida. Julio Anguita volvió a demostrar, con todos sus defectos, lo que siempre ha sido: un hombre honrado, tanto económica como intelectualmente. Y eso, en la España de hoy, ya es mucho decir.
Mario Alonso nació en Madrid. Es médico y cirujano por la Universidad de Harvard, máster en Dirección Hospitalaria y diploma internacional de Estudios Superiores en Sofrología Médica. Además recibió el Premio máximo al Mérito en Comunicación y Relaciones Humanas por el Instituto Dale Carnegie de Nueva York, y es miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York y de la Asociación para el Avance de la Ciencia. Acaba de publicar el libro ‘Reinventarse. Tu segunda oportunidad’. Hechas ya las presentaciones, pasemos a conocer algunas de las revolucionarias conclusiones a las que ha llegado este gran científico español, experto en psiconeuroinmunobiología (menudo palabro).
Hoy sabemos que la confianza en uno mismo, el entusiasmo y la ilusión tienen la capacidad de favorecer las funciones superiores del cerebro. La zona prefrontal del cerebro, el lugar donde tiene lugar el pensamiento más avanzado, donde se inventa nuestro futuro, donde valoramos alternativas y estrategias para solucionar los problemas y tomar decisiones, está tremendamente influida por el sistema límbico, que es nuestro cerebro emocional. Por eso, lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando.Puedo atestiguar que una persona ilusionada, comprometida y que confía en sí misma puede ir mucho más allá de lo que cabría esperar por su trayectoria.
La psiconeuroinmunobiologíaes la ciencia que estudia la conexión que existe entre el pensamiento, la palabra, la mentalidad y la fisiología del ser humano. Una conexión que desafía el paradigma tradicional. El pensamiento y la palabra son una forma de energía vital que tiene la capacidad (y ha sido demostrado de forma sostenible) de interactuar con el organismo y producir cambios físicos muy profundos. Se ha demostrado en diversos estudios que un minuto entreteniendo un pensamiento negativo deja el sistema inmunitario en una situación delicada durante seis horas. El distrés, esa sensación de agobio permanente, produce cambios muy sorprendentes en el funcionamiento del cerebro y en la constelación hormonal. Tiene la capacidad de lesionar neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo. Y afecta a nuestra capacidad intelectual porque deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.
La palabra es una forma de energía vital. Se ha podido fotografiar con tomografía de emisión de positrones cómo las personas que decidieron hablarse a sí mismas de una manera más positiva, específicamente personas con transtornos psiquiátricos, consiguieron remodelar físicamente su estructura cerebral, precisamente los circuitos que les generaban estas enfermedades. Las palabras por sí solas activan los núcleos amigdalinos. Pueden activar, por ejemplo, los núcleos del miedo que transforman las hormonas y los procesos mentales. Científicos de Harvard han demostrado que cuando la persona consigue reducir esa cacofonía interior y entrar en el silencio, las migrañas y el dolor coronario pueden reducirse un 80%.
El miedo nos impide salir de la zona de confort, tendemos a la seguridad de lo conocido, y esa actitud nos impide realizarnos. Para crecer hay que salir de esa zona. Cambie hábitos de pensamiento y entrene su integridad honrando su propia palabra. Cuando decimos “voy a hacer esto” y no lo hacemos, alteramos físicamente nuestro cerebro. Si nos aceptamos por lo que somos y por lo que no somos, podemos cambiar. Lo que se resiste, persiste. La aceptación es el núcleo de la transformación.
Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906, dijo una frase tremendamente potente que en su momento pensamos que era metáforica. Ahora sabemos que es literal: “Todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”.