Hace dos años y medio, escribí un artículo en La Comunidad de EL PAÍS, que formaba parte de una serie titulada ‘Antología del talante’. En dicha columna me atreví a prever lo que pasaría con nuestra economía si Zapatero salía reelegido. Fue escrita el 7 de marzo del 2008 y, desgraciadamente, ha resultado premonitoria. A continuación podéis leer la segunda parte de la misma.
(…) ¿Qué pasará ahora en plena desaceleración económica? Pues lo que ocurrirá es que los principales perjudicados serán, precisamente, quienes se han beneficiado menos de la época de expansión, y entre ellos, de manera muy destacada, los currantes. Sin embargo, el discurso de Zapatero hasta hace pocas semanas ha hecho creer a la gente que la economía iba de lujo, y que si venían las vacas flacas, papá Estado ya se encargaría de solucionarme la papeleta, que a lo loco se vive mejor. Pero, ¿el Estado podrá cumplir su promesa de ampararme si el paro se dispara, como ya está ocurriendo?
El gran endeudamiento de familias y empresas españolas ha provocado tal dependencia de la financiación exterior, que sitúa a nuestra economía en un riesgo excepcional. Algunos medios ya están hablando de “aterrizaje forzoso”, debido a una desaceleración abrupta que se veía venir desde hace al menos un par de años. Hay casos especialmente graves, como el de Andalucía, cuya tasa de paro es un 50% superior a la media nacional. Y mientras, Zapatero nos promete pleno empleo para la próxima legislatura, cuando actualmente se están destruyendo una media de 50.000 empleos mensuales. Sólo en la construcción, el paro ha aumentado un 36% en el último año. Todo esto está provocando que el gasto público por subsidio de desempleo esté aumentando cerca de un 20% interanual, es decir, una barbaridad que no sabemos hasta cuándo será asumible.
España lleva años viviendo un empobrecimiento imparable de la mayoría de la población, lo que está aumentando todavía más las desigualdades sociales, hasta niveles dudosamente sostenibles. A partir del próximo lunes, el nuevo gobierno necesitará mucho más que demagogia populista y deseos de buena suerte, si quiere sacar a nuestro país de una grave crisis económica que se ha estado ocultando a la población, mintiéndonos como si fuéramos la niña de Rajoy.
Hoy, uno de diciembre del 2010, con la retirada de la ayuda a los parados de larga duración, hemos tenido la respuesta a la duda que planteé entonces (“¿hasta cuándo será asumible?”). Zapatero ha estado demasiado tiempo ríendose de la ignorancia de su pueblo. A partir de ahora quienes le votaron entusiastamente en el 2008, uniéndose al coro de millonarios que defendían la alegría, pero también quienes no lo hicieron, tendrán que subsistir como buenamente puedan en un país hecho un solar que para colmo, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, ya no vale nada.
Desde hace años circula por la red un vídeo humorístico, en el que aparece Arias Navarro comunicando por televisión la noticia que da título a esta entrada. En realidad, es un manipulación de las palabras pronunciadas por el carnicerito de Málaga con motivo del fallecimiento de Franco. Justo mañana se cumple el 35º aniversario de dicha muerte, y por tanto del vídeo original. La versión burbujista que podéis ver al final, y que empezó como una broma, hoy podemos afirmar que ha acabado siendo absolutamente profética. Sí, españoles, el pisito ha muerto. Aunque apenas se hable de ello en los medios, quienes mueven los hilos se están encargando de amortajar al difunto, para que a las víctimas de la estafa les resulte más llevadero el dolor. “Míralo, Marujita, si parece que siguiera valiendo sesenta millones. Cómo se nos han podido marchar así, tan de repente, sin darnos tiempo a colocárselo a otros pardillos”.
En la España franquista, tan magistralmente retratada por Berlanga, el deceso de un familiar directo conllevaba luto riguroso de un año, a juego con el color del país. La muerte hoy del pisito va a acarrear una pena distinta, pero mucho más larga, pues sus dolientes propietarios estarán encadenados perpetuamente a una deuda que los va a enterrar en vida. “¿Pero cómo ha podido ser, si gozaban de tan buena salud y se revalorizaban año tras año un 20%?. Eso me pasa por hacerle caso a tu madre, que decía que alquilar era tirar el dinero”. “Sí, claro, ahora la culpa la tendrá mi madre. La culpa es de Zapatero, que ha gafado España. Ya verás cómo cuando gane Rajoy los pisos vuelven a subir”. Pues no, señora. Zapatero es responsable de muchas cosas, pero no de una burbuja inflada por el PP. Cuando el leonés llegó a La Moncloa en 2004, los precios ya habían alcanzado unas cotas delirantes. Gobierne quien gobierne, los pisos volverán a valer lo que hace veinte años.
“Esto con Franco no habría pasado. No me extraña que mañana lo homenajeen en el Valle de los Caídos” -opinará más de un inmomutilado-. Según algunas fuentes, miles de presos republicanos murieron durante la construcción de dicho monumento. Lo que nadie sospechaba entonces es que muchas décadas después, millones de personas iban a sufrir otra gravísima condena, vinculada también a la construcción. Los hipotecados son los esclavos del siglo XXI, que penarán hasta el último céntimo de la monumental estafa inmobiliaria perpetrada para gloria de unos pocos y ruina de la mayoría. Hace 35 años, mucha gente lloraba el fallecimiento de un dictador. La muerte del pisito que nos congrega hoy, va a ser lamentada por un porcentaje de españoles infinitamente mayor. Descanse en paz. Para siempre.
Recientemente me sorprendió la noticia de que Domingo Puerta ha decidido irse a Londres, pero no sólo con la intención de mejorar su inglés, como otros muchos jóvenes. Mi amigo bloguero viajará al Reino Unido con la intención de quedarse si consigue un buen empleo, como están haciendo miles de españolitos de su generación. Y lo que te rondaré, morena. Huelga decir que le deseo toda la suerte que merece en este reto tan exigente que se ha marcado. Desconozco si él habrá tomado esta decisión también influido por mi añejo y repetitivo discurso acerca de este asunto. Digo esto porque a veces no somos conscientes del efecto que pueden generar nuestras palabras en los demás. Quienes tenéis la paciencia de seguir este blog con regularidad, sabéis que llevo muchos meses sugiriendo la emigración a quienes puedan hacerlo. Hoy sigo pensando lo mismo, pero con algunos matices.
Quienes sin duda están fomentando la emigración nacional son los directivos de la universidad del pueblo, especialmente quienes dirigen la programación en las televisiones públicas. Se están hartando de emitir reportajes que se podrían resumir en dos grandes grupos: ‘Hispanistaníes por el mundo‘ e ‘Hispanistán hace aguas’. Ya escribí sobre ello en otro artículo, pero conviene recordarlo: nuestros gobernantes quieren sacarnos del país. La estrategia mediática consiste en hacernos ver lo bien que se está fuera y la vida entre escombros que nos espera aquí dentro. Que nadie sea tan ingenuo como para pensar que la proliferación de estos reportajes es fruto de la casualidad. Lo que no se cuenta en estas televisiones es que los españoles se ven obligados a hacer las maletas por la funesta actuación de nuestra casta política. Precisamente la misma que maneja los hilos entre las televisivas bambalinas (o backstage como dicen los modernos). Nuestros dirigentes son los que tendrían que marcharse de España, pero derechitos a un resort tipo Guantánamo, en agradecimiento por los servicios prestados a la patria.
Cabreos aparte, desde mi punto de vista los jóvenes que decidan emigrar tienen dos grandes opciones: Unión Europea y Latinoamérica. La primera, por riqueza y libre circulación de trabajadores, y la segunda por idioma y necesidad de mano de obra cualificada. La opción europea sólo la recomiendo para los políglotas con brillante currículum. En cambio, la opción latinoamericana, pese al hándicap de la distancia, cuenta con la gran ventaja de que por lo general no requiere trabajadores de una cualificación excepcional. El español medio en Europa será cola de león y en Latinoamérica cabeza de ratón. Sólo me queda desear mucha suerte a quienes decidan marcharse, así como recomendarles muchísima planificación y recordarles lo que decía mi abuelo: “ya en ninguna parte atan perros con longanizas”.
Llevo desde mediados de septiembre sin publicar nada. El motivo es muy sencillo: apenas tengo cosas que contar. Esto no significa que vaya a cerrar el blog, ni mucho menos, pero sí que sólo deseo escribir pensamientos que yo crea que merece la pena compartir. Escribir por escribir me parece una tontería, y lo último que pretendo es haceros perder el tiempo con textos insustanciales. En los últimos años he escrito hasta la saciedad sobre la crisis económica, y ahora, que contemplo indiferente cómo todo se desploma, no tengo nada que añadir. O al menos nada que no haya repetido en demasiadas ocasiones. Si queréis leer un artículo muy interesante al respecto de nuestra situación actual, os recomiendo el que mi amigo Carlos Javier Galán acaba de publicar en su magnífico blog. Se titula ‘De huelga, pese a todo ‘. Yo no puedo estar más de acuerdo con lo que ha escrito.
Me gustaría destacar que la desunión tan radical que sufre nuestra sociedad nos va a llevar por el peor de los caminos posibles. Si no nos plantamos, con sindicatos o sin ellos, aquí vamos a vivir lo que no está en los escritos. Lamento ser tan crudo, pero yo al menos lo veo así. Vivimos saturadísimos de información gracias a internet, lo cual está siendo un arma de doble filo, porque nos está impidiendo ver las cosas con la perspectiva necesaria. Es lo que quise explicar cuando hablé de sentarnos tranquilamente en soledad sin hacer nada. Creo que hacerlo hoy no es sólo una necesidad: es algo vital. Tenemos que darnos cuenta de que así no podemos seguir.
También creo que vivir enganchado a internet es muy malo, y por eso voy a predicar con el ejemplo. Durante el mes de octubre espero publicar algún artículo y leer a los amigos blogueros, pero no lo haré con frecuencia. Prefiero dosificarme, tomar aire y prepararme para los tiempos que se avecinan. No quiero que mis palabras suenen desesperanzadoras, porque en el fondo estoy convencido de que saldremos adelante y con más fuerza que nunca. Simplemente lo que toca ahora, al menos por mi parte, es ver las cosas con perspectiva, fríamente, desconectándome del colosal ruido que nos aturde mucho más de lo que imaginamos. Suerte a todos, porque la vamos a necesitar. No permitáis que el miedo mediático os amilane y tampoco dejéis de luchar por vuestros sueños. Ah, y sed felices, que para eso estamos aquí.