Ayer fue visto para sentencia el juicio por injurias que se ha estado celebrando en Madrid contra Federico Jiménez Losantos. Gallardón, el hombre del Grupo Prisa en el PP, ha sentado en el banquillo a uno de los pocos periodistas, si no el único, que alza inequívocamente la voz contra el desmantelamiento del Estado y las aberraciones que desde sus aparatos constitucionales se están perpetrando. El submarino centrista que el PSOE está ultimando para dinamitar al Partido Popular, acusa al periodista turolense de la COPE de haber atentado contra su honor, resultando la mar de paradójica dicha acusación, pues el alcalde de Madrid es un experto en intrigas y traiciones, como por otra parte están demostrando también la mayoría de sus compañeros de partido. El propio Federico lo sabe bien, pues ha sufrido la traición de buena parte de la cúpula del PP, a la que tanto y tan excesivamente ha defendido. Especialmente cruel fue la puñalada trapera de Esperanza Aguirre porque si una amiga, a la que ha estado loando almibaradamente todas las mañanas ante millones de oyentes, le da la espalda cuando más la necesita, poco puede esperar ya de la presidente de la Comunidad de Madrid. Bienvenido al club.
Quien escribe esta columna discrepa en parte de sus opiniones, porque desde mi punto de vista a menudo la pasión le ciega, como se ha visto en dicho juicio con sus amigos del PP. Pero aun así, para mí es con mucha diferencia el mejor locutor de la radio española. Y no sólo por su vastísima cultura, pues su espléndida formación académica es admirada públicamente hasta por Gabilondo, sino sobre todo por su coraje. Creo que fue José María García quien afirmó que el cuarteto formado por él mismo, los dos Herreros y Losantos, era el ejército de Pancho Villa, comparándolo con la colosal artillería mediática del imperio PRISA. Pues bien, muerto Antonio Herrero, retirado García y excedente Luis Herrero, sólo queda Federico para encarnar al Pancho Villa español. Aunque él, pese a su poco estilizada figura, tiene mucho más de Quijote. Pero mientras que el hidalgo manchego veía gigantes donde sólo había molinos, Federico ve gigantes que nos están moliendo. Por eso cada mañana nos previene de ellos, con sus lamentos llenos de sarcasmo y desolación, por un país en el que se le persigue como al español, un idioma al que cuida tanto como lo ama.
Los mayores detractores de Jiménez Losantos son, paradójicamente, quienes menos lo escuchan. Sin ir más lejos, hoy mismo le hubiesen podido oír poniendo de vuelta y media al Gobierno, a la oposición y a la Iglesia. No deja títere con cabeza, haciendo gala de un estilo radiofónico inimitable porque, para hacerlo como él lo hace, por lo pronto hay que tener un talento del que carecen el 99,999% de quienes profesional o aficionadamente nos dedicamos al periodismo. Sus continuas referencias históricas y su verbo aceradamente atinado, no tienen parangón en la radio española. No me imagino yo a Francino, Herrera, Otero, Alsina, Del Olmo, etc., dando lecciones satíricas magistrales ante sus respectivos micrófonos. Y es que Federico está tan sobrado, que en el fondo bien poco le importa cuanto digan de él, especialmente algunos.
Huelga decir que mi deseo es que el periodista turolense sea absuelto, porque para todos los que se dedican o sueñen con dedicarse algún día a esto tan bonito y tan ingrato de contar lo que está pasando, su condena sería un aviso a navegantes. Sí, también para quienes hacemos periodismo en internet. Quedaría abierta la veda contra quienes osasen afear la conducta a la maquinaria PRI-Socialista (me gusta este neologismo), de la que Gallardón es pieza indispensable. Tendríamos que seguir soportando impávidamente que un trasvase se denomine “conducción puntual de agua” o una crisis económica equina “leve desaceleración”. Y es que la desfachatez oficial ya está alcanzando tan insuperables cotas, que para demostrar que el informe PISA de educación no está en lo cierto, han cambiado sin previo aviso la tabla de multiplicar. Como lo lees. Al menos la del cero, porque para la fiscalía veinticinco por cero ya no es cero. Eso es lo que parece defender el fiscal en el juicio de Gallardón contra el periodista de la COPE, pues ha afirmado que aunque individualmente sus críticas al alcalde preolímpico no son constitutivas de delito, en conjunto sí lo son. Lo dicho: para nuestra justicia veinticinco por cero ya no es cero, sino al menos uno.
Ésta es la España que no quiere este hijo de maestra y zapatero, seguro que mucho mejor que nuestro presidente homónimo. Y yo tampoco. Por eso, si Federico fuera seguidor de Raphael hoy le dedicaría Qué sabe nadie. Pero conocido su amor tanto por España como por su Aragón natal, prefiero brindarle el maravilloso Coro de repatriados, como símbolo de su lucha contra los ceros a la izquierda, nunca mejor dicho, que están asolando su patria y la nuestra.
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