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Escrito por Fernando Solera en Sin categoría
Hoy nos contaron por la tele que en nuestro país casi el 50% de los huéspedes tiene la costumbre de llevarse a fondo perdido objetos de los hoteles. No sabía yo que en España hubiese tantos cleptómanos. La locutora amplió la información asegurando que cuando nos marchamos de los hoteles, solemos hacerlo hasta con televisores de plasma, que inicialmente no formaban parte de nuestro equipaje. Debe de ser que el muestreo lo han hecho en hoteles de postín, afectados por la visita de palanqueros de monóculo (Umbral dixit). No creo yo que en los de tres estrellas puedas ver el Tomate en un ventano de cuarenta pulgadas. En descargo de los hoteles y su seguridad, debemos decir que esos televisores son muy ligeros, además de discretos, siempre que los pases de canto por delante de recepción. Apropiarse indebidamente del Telefunken de cincuenta kilos de mi abuela, al que ella tanto quería, hubiese implicado una dificultad técnica y atlética mucho mayor.
Con nuestra afición de llevarnos enseres de los hoteles como si fuesen souvenirs, quizá nos resarcimos de ser el país de la Unión Europea que más ha subido los precios en la hostelería desde la llegada del euro. El incremento de tarifas lo estiman en torno al 40%, aunque para mí que los que han hecho el estudio no han visitado el bar de la esquina. Me refiero a todos aquellos bares que celebraron la llegada del 2002 a lo grande, actualizando el precio de la caña de cien pesetas a un euro. Esos mismos hosteleros salen ahora por la tele plañendo, lamentándose de que la gente ya no se deje sablear en sus comercios, pues ahora seis personas piden una paella para tres. Me viene a la memoria una frase lapidaria de un compañero de trabajo de mi padre: “Todos los tenderos son unos ladrones”. Era de tan radical opinión porque su primer trabajo fue de arenero: suministraba sacos de arena a una tienda de ultramarinos durante la posguerra, para que el dependiente la echase en las patatas.
Cualquiera que conozca nuestra historia, todos salvo los estudiantes de las últimas reformas educativas, sabe que la de nuestro país siempre fue de pícaros y mercaderes. De hecho, los millones de damnificados del euribor están empezando a travestirse en Buscones del siglo XXI. Los conocerás por pequeños detalles, como el de verlos sisando el buffet matinal del hotel haciendo bocadillos, ahorrándose así la comida en el chiringuito playero. Y es que de alguna forma habrá que ir tirando, especialmente ahora, que han decido restringir el uso de los cheques-comida de empresa, con los que toda la familia salía a comer de gañote los sábados, copa y puro incluidos, también para el perro.
Etiquetas: euribor, hosteleria, hotel, huesped, turismo
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Agosto puede ser un buen momento para reflexionar sobre nuestro nada halagüeño futuro. Algunos recientes datos empiezan a ser muy alarmantes. Empecemos por la burbuja inmobiliaria. Ya ha empezado a desinflarse, aunque lo hace controladamente, por ahora. Quienes no hayan comprado un piso todavía están de enhorabuena, mientras que quienes sí lo hicieron en los últimos años lo han hecho a precios máximos y desorbitados.
El euribor sigue subiendo, estando ya al 4,5%. Mi pronóstico es que acabaremos el año al 5%, y como Trichet siga emperrado en subir los tipos, probablemente durante el 2008 alcance el 6%. Si esta predicción fuese acertada, supondría la ruina (sí, sí, la ruina) para millones de personas en nuestro país. La subida de la cuota hipotecaria sería tan fuerte que muchos de los endeudados tendrían gravísimos problemas para seguir pagando. Quiero apuntar un dato: en España hace menos de dos décadas los tipos de interés rozaban el 20%. Es decir, que el 4,5% actual todavía es irrisorio.
Debido a esos intereses tan bajos, nos hemos lanzado a comprar desaforadamente, como si no hubiera mañana. La estrella ha sido el pisito, pero también hemos pagado a crédito coches, televisores de plasma, vacaciones por todo lo alto, etc. ¿Cuándo se habían visto en nuestras carreteras tantos todoterrenos? Y el petróleo en máximos históricos. La fiebre consumista ha llevado a muchísimos ciudadanos, tanto españoles como inmigrantes, a endeudarse a lo loco. Pero, ay, amigo, las deudas hay que pagarlas porque a Botín (apellido ideal) no le gustan los morosos.
Como se ha terminado el festival crediticio, el ritmo infernal de construcción de 800.000 viviendas anuales toca a su fin. ¿Qué va a ocurrir aquí en dos años cuando se construya la cuarta parte que hoy? ¿Qué pasará cuando se vayan al paro cientos de miles de obreros de la construcción? Hoy hemos conocido que el desempleo ha subido en el mes de julio cuando, históricamente, siempre ha bajado en verano. Pese a todo, los inmigrantes no dejan de llegar a España. Dos de cada tres que vienen a la UE están aquí, según un informe de Goldman Sachs. Lo peor de ese estudio es que asegura que el flujo inmigratorio va a continuar a buen ritmo.
¿Puede un país pobre absorber más inmigrantes que el resto de la Unión Europea junta? ¿Qué va a suceder cuando la gran mayoría de estos trabajadores pierda su empleo en la construcción? ¿Podrán las arcas del Estado soportar la época de vacas anoréxicas que se nos avecina? ¿Se convertirá España en un polvorín si se cumplen estas negras predicciones, de las que mucha gente como yo venimos avisando desde hace años?
Etiquetas: burbuja inmobiliaria, España, euribor, inmigración, paro
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Escrito por Fernando Solera en Sin categoría
Aunque algún lector me considere una de las Casandras oficiales del ciberespacio, no puedo evitar dar la voz de alarma ante la que se nos viene encima. Va a ser toda una tragedia nacional cuando en nuestras mesas mediterráneas mesas tengamos que sustituir las lentejas, el cocido o la paella, por ladrillos con patatas o guarnición, a elegir. Que vayan preparando en las farmacias buenas remesas de Almax, que no van a sobrar. Los especuladores están siendo los nuevos alquimistas del neoliberalismo del siglo XXI. Igual que los alquimistas convertían vulgares metales en oro, los Poceros han convertido los ladrillos en oro. El problema es que la fiesta inmobiliaria está llegando a su fin, y sólo quedan unos pocos borrachos bailando amartelados Sabor a mí. En cambio, los niños de papá hace tiempo que se marcharon con el descapotable y la rubia que lleva de serie. Hasta Julio Iglesias se ha marchado con la música a otra parte.
Millones de familias, especialmente jóvenes, han caído en una trampa de elefantes, y todo, mamá, porque el señor del banco no nos explicó bien el significado de la palabra euribor. Porque dicho vocablo, amigos cipotecados, no es el nombre de un efímero grupo participante en el psicodélico carnaval en que se ha convertido Eurovisión. El euribor es el interés que se utiliza como referente para las hipotecas de los europeos y por ende de los españoles. Y es que dicen que también somos Europa, como Israel en el festival. Pues por culpa del dichoso euribor ya contamos con destacadas opiniones, alarmistas para algunos, para mí realistas, anunciando que antes de que acabe esta década España puede estar fuera del euro y volver a la peseta, o lo que sea. ¿Cómo vamos a pagar entonces el apartamento de Marina d’or?
El país de las maravillas en que se baña la bailarina pasiva Anne Igartiburu, es el sublime paradigma de un país de grúas, maletines, ladrillos y caciques. El monstruo megalómano y cutre que han levantado en Oropesa del Hormigón, perdón, del mar, es la apoteosis de lo que ha sido la década en que la codicia urbanística del ser humano ha alcanzado sus cotas más altas, también en plantas edificadas. Cientos de miles de viviendas apelotonadas frente a un mar que, como nos contó Montserrat Domínguez el pasado martes en su reportaje sobre el cambio climático en España, puede acabar de un plumazo con las segundas residencias de millones de familias. En muy poco tiempo pueden pasar del paraíso artificial al infierno real, mucho peor que el de Dante.
Como sigamos así, no va a quedar ni un erial para el toro de Osborne, con lo que se tendrá que ir a lucir testículos y cornamenta a otra parte. Porque digo yo que en un sitio con tanta clase y glamour como el que nos anuncia la rubia presentadora, no permitirán que paste el pobre animal, aunque se ofreciese como una atracción turística más. Pero qué más da destrozar la costa, la flora y la fauna mientras podamos estar orgullosos de ser, además de como ya os dije el prostíbulo de Europa, el país con mayor tasa de viviendas por familia del mundo. Ya llegará el político de turno para decirnos que haber amurallado la costa es una gran idea. Le faltará tiempo para decir que se ha hecho con el objetivo de evitar que entren más inmigrantes por el mar a remover nuestras conciencias de nuevos ricos. Pero los pobres españolitos que han sido engañados con treinta años y un día de hipoteca, tampoco van a poder salir de su acuática ratonera, ni siquiera en cayuco. Tela marinera.
Etiquetas: cambio climático, euribor, hipoteca
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