No se habla de otra cosa. El jefe de deportes de TVE, Julián Reyes, ha sido destituido por no emitirse en directo la interpretación del himno nacional en los prolegómenos de la final de la Copa del Rey. Durante el descanso del partido, Juan Carlos Rivero achacó este error a un fallo humano y, tras disculparse, la ofrecieron en diferido. Pero ahí no acaba todo, porque la realización se encargó de modular el sonido para que apenas se percibiese la extraordinaria pitada que ambas aficiones dedicaron al himno español. Mientras que por la tele se oía perfectamente la partitura, milagros de la técnica, en la radio predominaba el estridente concierto de viento protagonizado por vascos y catalanes. Todo un ejercicio de censura informativa que se ha saldado con el cese de un periodista que, probablemente, se limitó a obedecer órdenes políticas.
A quienes seguimos la actualidad española y vivimos pendientes de los medios de comunicación, nos ha parecido muy natural que TVE censurara lo que anoche ocurrió en Mestalla. De hecho, responde perfectamente a la política informativa que se ha instaurado en nuestro país, y que obedece a un pacto tácito entre los grandes medios de comunicación y el gobierno. El modus operandi es tal que así. Primero, se difiere la publicación de una noticia cuando ésta es muy grave, y después, cuando deciden que salga a la luz, se cuidan mucho de suavizar los hechos que en ella se narran. Lo que ocurrió ayer con la manipulación de la pitada al himno nacional es exactamente lo mismo que se viene haciendo desde hace un par de años con la crisis económica. Sólo se admite la verdad cuando ya no existe forma humana de seguir ocultándola, pero siempre con la pertinente sordina para mitigar el chirriante sonido de la cruda realidad.
Esta peculiar política informativa ha permitido que muchísimos millones de españoles de buena voluntad, sigan creyendo que su dinero está seguro en los bancos y cajas de ahorros, que saldremos de la crisis el año que viene y que España tiene escasamente cuatro millones de parados. Incluso ha logrado que Zapatero siga siendo un líder bien valorado por la opinión pública, convencida de que es el hombre ideal para reflotar nuestra economía. Ver para creer. Un hombre que ha sido el último en reconocer (a medias) la tragedia nacional a la que estamos abocados, y que probablemente no sabrá ni encender una calculadora. Pese a todo, la prensa del régimen continuará protegiendo a este caudillo leonés para librarle de la pitada de todo el país, aun a costa de prolongar la agonía de un pueblo cuyo grito no van a poder silenciar por mucho más tiempo.
Aunque todavía me escuece la humillante derrota que sufrió el Real Madrid en Liverpool, debo de admitir que el equipo inglés dio una lección de buen fútbol al conjunto blanco. El ritmo, la ilusión, la entrega y las ganas de los reds arrollaron a un Madrid abúlico y agonizante, del que sólo se salva la honrosa excepción de Casillas, el alma del equipo. No contentos con la portentosa exhibición del pasado martes, el conjunto que dirige Rafa Benítez hoy ha vuelto a demostrar su gran espíritu, al vencer contra todo pronóstico en casa del Manchester por un gol a cuatro.
Por encima del vibrante juego de este Liverpool, lo que más me ha impresionado es la actitud de su afición. Escuchar a miles de personas, tanto en su campo como fuera, entonando su mítico himno “You’ll never walk alone”, es un espectáculo que pone la carne de gallina. Probablemente en él radique el gran secreto de un equipo que está atravesando uno de las mejores épocas de su historia. Saber que tienes gente detrás de ti, apoyándote en los peores momentos para que nunca te des por vencido, es sin duda uno de los estímulos más grandes que puede experimentar el corazón humano. Nunca olvides que por muchas zancadillas que recibas en el terreno de juego de tu vida, jamás deberán ser excusa para rendirte, y así nunca caminarás solo.
Himno del Liverpool
When you walk through a storm, Cuando camines atravesando una tormenta
Hold your head up high, Mantén la cabeza bien alta
And don’t be afraid of the dark. Y no temas la oscuridad
At the end of a storm, Al final de la tormenta
There’s a golden sky, Hay un cielo dorado
And the sweet silver song of a lark. Y el dulce y plateado canto de una alondra
Walk on through the wind, Walk on through the rain, Camina a través del viento, camina a través de la lluvia
Though your dreams be tossed and blown.. Aunque tus sueños sean sacudidos y golpeados
Walk on, walk on, with hope in your heart, Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón
And you’ll never walk alone……. Y nunca caminarás solo….
You’ll never walk alone. Nunca caminarás solo.
Walk on, walk on, with hope in your heart, Sigue caminando, sigue caminando, con esperanza en el corazón
And you’ll never walk alone……. Y jamás caminarás solo….
You’ll never walk alone. Nunca caminarás solo.
Dice Boadella que hasta hace no muchos años, daba gusto ser catalán. Allá por donde iban eran recibidos entre aplausos, vítores y aplausos. Hasta tal punto que si se dejaban querer un poco les invitaban a comer, sacándolos a hombros en la sobremesa con un habano en los labios y otro en el bolsillo. Eran los tiempos del tardofranquismo, con Serrat, Raimon y Llach. Cataluña era vista desde el resto de España con admiración, siendo considerada la vanguardia de un país triste, pobre y tímido de libertades. Cataluña era Tarradellas y su balcón de la Plaza de Sant Jaume. Pero desgraciadamente también ha sido la pujolista Banca Catalana, el Carmel y el 3%. Por eso, el hecho de que el equipo benjamín del Barça se haya negado a escuchar el himno nacional junto a los chavalines del Valencia y el trío arbitral, no deja de ser una simple anécdota. El problema es que muchas veces los pequeños detalles son más ilustrativos de lo que aparentan.
Esos niños pasaron la noche anterior en vela pensando en que al día siguiente iban a jugar la final de un Mundial, en lo orgullosos que iban a estar sus padres, en lo que iban a fardar en el colegio, y también en que si metían un gol se lo dedicarían al abuelo que murió el mes pasado. Sueños infantiles disfrazados de Drogba, Villa o Ronaldinho. Para himnos estaban ellos. Todos esos niños, como otros miles de infantiles en toda España, llegan muchas noches a casa con el barro hasta las rodillas. Derrengados, pero felices. Cada madre espera al suyo con un ColaCao bien caliente. Ella, secretamente, sueña con protagonizar un día el anuncio con su niño, como la mamá de Pedrosa. Y el padre, como loco, espera que algún club de los grandes le adelante el primero de los muchos millones de euros que vale su chaval.
Ambos, padre y madre, se aprietan el cinturón lo que haga falta, todo sea por la felicidad de su retoño y la riqueza de la familia. Pero, desgraciadamente, más del 90% de esos niños se queda en el camino. De todas formas, ya nadie les podrá robar la ilusión de haber ganado el Mundial de su categoría, cosa que no ha logrado ni el sobrevalorado Raúl. Los adultos, para variar, no podía dejar de intervenir para poner el desafortunado contrapunto. Una fiesta que era de los niños y sólo de ellos, ha sido mancillada por la mano adulta. Como en aquella película de Fellini en que los niños jugaban con una puta. Reían, corrían, disfrutaban divirtiéndose con ella. Todo era muy hermoso, hasta que un adulto les reprendió por hacerlo, fulminando la magia del momento.
Es indiferente quién o quiénes hayan dado la orden a los chavales del Barça de no salir al campo cuando sonaba el himno nacional. Sólo sé que un momento bello, pues el deporte en esas categorías siempre lo es, ha quedado ensombrecido por unos paletos. Gracias a ellos hoy ya nadie se acordaba de felicitar a los niños que han ganado el Mundialito. Las portadas están dedicadas al uso torticero que unos adultos han hecho de uno de los días más felices de sus vidas.
A vosotros, niños culés, la más sincera enhorabuena de un aficionado de lo que queda del Madrid. Seguid disfrutando del fútbol y luchad por ser felices dentro y fuera del campo. Y a esos manipuladores infantiles, educadores del fanatismo y del odio, mi más absoluto desprecio. Poneos el despertador y sabed que vivimos en una aldea global sin himno, ni falta que hace, y que gracias a ella, por ejemplo, cualquier ciudadano del mundo puede leer este artículo y las opiniones de sus lectores, como saber de la gesta de esos niños campeones del mundo y el provincianismo de campanario de pueblo de sus irresponsables deportivos.