Cuando uno constata que la realidad es difícilmente empeorable, que tu país se va por el desagüe y que casi nada merece la pena, sólo el humor, al menos en mi caso, puede ofrecerte consuelo y refugio. Por eso estamos de enhorabuena quienes seguimos al genial humorista manchego José Mota. Esta noche regresa a TVE su humor ácido, ingenioso y de indiscutible acervo popular, con el que intentará algo extraordinariamente difícil: hacer reír. Los artistas exigentes que persiguen siempre ‘el más difícil todavía‘ para divertir al público, se merecen el mayor de los respetos y el más encendido de los aplausos. Gracias a ellos este mundo es un lugar un poco más llevadero. Gracias a momentos tan delirantemente tronchantes como éste…
Berlanga ha muerto, pero lo ha hecho de muy mayor, y tras haber dado lo mejor de sí mismo hasta el último momento, como hemos visto en el anuncio de Médicos sin Fronteras: un gesto de justicia poética poco antes de mandar a revelar la película de su vida. Su cine fue sanador porque nos redimía de nuestras tragedias, con ese humor suyo tan característico que pese a ser tan español, era también universal. No olvidemos que todos los seres humanos compartimos miserias, deseos y frustraciones. Berlanga fue el cirujano que con su bisturí, rociado del ácido clorhídrico azconiano, supo abrir en canal nuestras conciencias, pero siempre trasluciendo comprensión y ternura por unos personajes tan reales como la vida misma. Seguramente por eso algunos de ellos hoy son inmortales.
En una entrevista narró esta descacharrante anécdota sobre la censura. Los guiones tenían que ser revisados antes del rodaje, y a él le tacharon la secuencia inicial de uno cuyo texto rezaba así: “Plano general de la Gran Vía”. Su estupefacción fue absoluta. No entendía que le exigieran suprimir una toma de esa conocida calle madrileña. Posteriormente le explicaron el motivo que adujo el censor: “Conociendo a este director, seguro que incluiría en ese plano a un cura saliendo de Pasapoga” (una conocida sala de fiestas). Berlanga se lamentaba jocosamente de que una idea tan genial no se le hubiese ocurrido a él. Y es que el cineasta valenciano poseía el don de la irreverencia y la transgresión (tan ausentes en nuestros días), pero con la sutileza necesaria para enmascarar humorísticamente las verdades más graves.
Sus mejores películas fueron precisamente las que tuvieron que esquivar a la dictadura. En sus clásicos planos-secuencia solía incluir alguna maldad, que podía pasarle desapercibida a la censura porque ésta andaba ocupada en velar por la decencia. Gracias a dos magistrales guiones de Rafael Azcona logró denunciar la hipocresía de los ricos con los pobres del franquismo (Plácido), así como rodar un feroz alegato contra la pena de muerte (El verdugo). De esta última, los censores no advirtieron que su protagonista se pasaba la película negándose angustiadamente a ejecutar a nadie, aduciendo que “él no era ningún asesino”. Pero bajo ese despiadado humor negro, se ocultaba una gran empatía por esos desgraciados que sólo deseaban ser felices a su manera. Eran los bienaventurados de un régimen, alimenticio y sexual, impuesto por quienes evitaban que el pueblo pecara con los placeres de la vida, no les fuesen a gustar. Berlanga supo reírse de todos esos moralistas de salón, mirando tras el objetivo con sus ojos azules de eterno niño travieso, que se han cerrado tras abrir los nuestros a esa España en blanco y negro.
Supongo que muchos de vosotros no seguiréis la serie Padre de familia. Aún así, considero que este especial dedicado a la guerra de las galaxias es tan divertido que hará pasar un buen rato tanto a los incondicionales como a los que no lo sean. Yo hacía tiempo que no me reía tanto, y os lo dice alguien que no ha visto ninguna de las partes de la saga creada por George Lucas. Si tenéis tiempo libre y os apetece echaros unas risas, no os perdáis este genial episodio.
Descubrí al humorista Leo Harlem en La hora de José Mota. Sus breves intervenciones en la sección Alarma Social son un auténtico bálsamo para olvidarnos por unos minutos de la crisis, la quiebra del Estado y el recorte de las pensiones. Y es que, como reza el tango, “El mundo es y será una porquería”, pero el humor siempre nos servirá para aliviar el dolor de la vida. Los humoristas tan geniales como Leo son los mejores médicos para nuestras almas, porque nos proporcionan el único tratamiento del que daría gusto morir: la risa.