A menudo habréis escuchado expresiones como “amores reñidos son los más queridos” o “quien bien te quiere te hará llorar”. Son una pura falacia. Quien te quiera de verdad intentará hacerte la vida agradable, y deseará arrancarte una sonrisa cada mañana. Eso es amor. Las relaciones tempestuosas no tienen nada de románticas, y sí mucho de adictivas. A veces nos enganchamos a personas que nos hacen la vida imposible, pero ahí seguimos, inasequibles al desaliento, como putos yonquis. Aunque abundan mucho esta clase de relaciones entre las parejas, éstas no tienen el monopolio del sufrimiento emocional. Los vínculos paterno-filiales son fuente de muchos de los mayores conflictos que pueda vivir el ser humano. Hay gente que tiene la suerte de tener una familia respetuosa y cariñosa, pero desgraciadamente las familias modélicas no se suelen estilar demasiado.
Parece que los únicos maltratos que existieran en la sociedad fuesen los de hombres contra mujeres, pero nada más lejos de la realidad. Haciendo zapping comprobé la otra noche cómo una persona de apariencia ruda y fuerte, llevaba unas enormes cicatrices en el alma por culpa de su padre (fue en un programa de la llamada telebasura, debo admitirlo, pero es que incluso en un estercolero se puede encontrar una flor). No olvidemos que en el seno familiar, en la intimidad del hogar, se producen diariamente millones de malos tratos con los hijos como víctimas, por parte de progenitores que “sólo quieren lo mejor para ellos”. Machacan a sus vástagos hasta el ensañamiento, por ser incapaces de asumir sus propios conflictos interiores.
Quien conozca especialistas en salud mental, sabrá que lo que cuento es cierto. Estos maltratadores psicológicos son hombres y mujeres que se presentan como víctimas, y quizá lo sean. De lo que no cabe duda es de que acaban convirtiéndose en los verdugos de sus hijos. Piensan que con dosificarles unas migajas de cariño ya son padres modélicos. Y no es así. Son personas de una irresponsabilidad mayúscula, que atormentan a sus vástagos y, lo que es peor, acaban convenciéndoles de que se merecen tanto dolor. Idéntico mecanismo mental es el que emplean los maltratadores físicos con sus víctimas femeninas. Éstas acaban asumiendo barbaridades como “si me maltrata es por mi bien”, “en el fondo es una buena persona”, “la culpa es mía porque le hago sufrir”… Y una mierda. Quien te veja, ya sea física o psicológicamente, o ya sea tu padre, tu madre, tu marido o tu novia, no te quiere. Por eso, lo mejor es dar un portazo y salir corriendo, huyendo del psicópata. Son lobos con piel de cordero, egoístas hasta la médula, que jamás tendrán la decencia de reparar moralmente el destrozo causado. Huye sin mirar atrás.
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