Posts Tagged “mujer”

Nuestros vecinos marroquíes, siempre tan cariñosos, han decidido focalizar sus iras contra las policías españolas que trabajan en la frontera melillense. En los últimos días se han empeñado en caldear el ambiente, colgando carteles vejatorios contra las mujeres del Cuerpo Nacional destinadas en dicha zona. No sé qué opinará Bibiana Aído de todo esto, por cierto. Sin entrar en cuestiones políticas de fondo, que ya cansan, quería llamar vuestra atención acerca de la ingeniosa respuesta que va a dar el SUP (Sindicato Unificado de Policía) ante semejante campaña de escarnio.

La creciente indignación popular por el cariz que estaban tomando los acontecimientos, ha impulsado a muchas personas a diseñar carteles en apoyo de estas mujeres policía que están cumpliendo con su deber en unas condiciones manifiestamente mejorables. Pues bien, el SUP ha decidido elegir el de un ciudadano melillense para homenajear a estas grandes profesionales. El cartel, que también será difundido por el resto del país sustituyendo “melillenses” por “españoles”, es el fotomontaje que tenéis a la derecha. Como podéis ver en él, una mujer policía recibe el abrazo de una figura humana que parece salir de una página escrita. Por muchas palabras que aparezcan en la misma o que podamos decir cualquiera de nosotros, no cabe duda de que jamás se podrán comparar con un gesto como éste, capaz de enmudecer al mejor de los oradores.

Podemos estar muy orgullosos de esta hermosa réplica a los ataques perpetrados contra unas mujeres que se limitan a cumplir con su deber. En estos tiempos de guerra, de violencia, de amenazas nucleares, no viene mal que quienes nos tienen que defender sepan hacerlo con firmeza, pero también con inteligencia. Una vez más, y van…, el pueblo ha demostrado estar por encima de su casta política. Por cierto, algo debe de estar ocurriendo cuando cada vez más ciudadanos anónimos están poniendo en marcha iniciativas que buscan transformar nuestras conciencias. De hecho este cartel me ha recordado que hace pocos años un reducido grupo de personas creó un movimiento denominado ‘Abrazos gratis‘, el cual se está propagando imparablemente por muchos países, y que consiste, simple y llanamente, en dar un abrazo a todo aquél dispuesto a recibirlo. El intercambio de energías, el calor humano, el saberte igual que el otro, con sus mismos deseos y angustias, todo ello gracias a un simple abrazo, es algo que, afortunadamente, no tiene precio. Como tampoco lo tiene esta iniciativa policial, pues sirve para recordarnos que debajo de ese uniforme vinculado a las armas, también hay un ser humano tan necesitado como tú de recibir un sentido abrazo.

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Trinidad Jiménez, secretaria de Estado para Iberoamérica, ha calificado de machistas a quienes han criticado la enésima metedura de pata del Gobierno, consistente en retirar a traición las tropas españolas destinadas en Kosovo. Según Jiménez, si la decisión la hubiese tomado Bono, el revuelo habría sido mucho menor. O sea, que si una ministra comete una estupidez no puede ser criticada, porque quien lo haga será automáticamente tachado de machista. Y si la crítica procediese de otra mujer, sin duda ésta deberá ser repudiada por insolidaria con el género femenino. Ver para creer. Aunque es de justicia reconocer que las mujeres en España han estado discriminadas gravemente hasta hace pocos años, es obvio que no debería de servir en ningún caso para justificar la absoluta impunidad que el Gobierno quiere establecer para el género femenino.

Si un inmigrante cometiese un asesinato, nos parecería disparatado que la policía no lo detuviera para evitar ser acusada de xenofobia. Sin embargo, si una mujer asesinara a su marido y fuese asesorada por la presidenta del Tribunal Constitucional para evitar el trullo, en España sería perfectamente comprensible, porque de hecho ya ha ocurrido sin que nadie dimita por ello. La presunta igualdad que el Gobierno persigue con fines exclusivamente propagandísticos está generando auténticas monstruosidades en el ámbito de la mujer, pero también en otros muchos, como el educativo. Es de dominio público que para evitar que los malos estudiantes se puedan sentir discriminados, se permite que pasen de curso. Así podrán acabar haciendo una carrera, como todo el mundo. Es una concepción de la igualdad absolutamente perversa.

Como es tan difícil igualarnos por arriba, el Gobierno ha decidido hacerlo por abajo. Todos burros, todos pobres, todos parados, y así no se da pábulo a las envidias ni a las discriminaciones: “el mal de muchos” convertido en leit motiv político. Además, si se precariza tanto la situación nacional, mayor será el número de personas que necesitarán sentir el apoyo del Gobierno, lo cual se traduciría finalmente en millones de votos. Desengañémonos, la tan cacareada igualdad es sólo un camelo para colocar a una mujer florero y que haga bonito dirigiendo un ministerio y repartiendo subvenciones a los colectivos más necesitados que, ¡oh, casualidad!, son los de su misma cuerda. Y entre tanto, los comedores sociales se están abarrotando de hombres, y también de mujeres. Personas que quizá tengan más motivos que una ministra para sentirse discriminadas.

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Según algunos estudios en España hay más lectoras que lectores, pero los hombres dedican más tiempo que las mujeres a la lectura. La mayoría de nuestros conciudadanos leen porque les gusta, pero también existe una minoría que lee porque no les queda otra, ya que los asaltan a traición con los diarios gratuitos de la mañana. Al menos estos últimos podrían tener la gentileza de poner estos periódicos al derecho, pues quedaría más disimulada su ignorancia y además su vecino de hacinamiento podría leerlo.

El hombre también suele ser de lectura más cómoda que la mujer, pues mientras que ellas leen en los escasos períodos de asueto que les proporciona el día, ellos, sin embargo, cuando se sientan a leer lo hacen a conciencia, aunque se estén quemando los boquerones. Afortunadamente, la reinserción del varón hispánico en nuestra sociedad está permitiendo que se repartan las tareas del hogar, aunque los progresos son todavía lentos. Mientras ella pone una lavadora, ducha a los niños y les repasa la tabla mientras usa la de planchar, el marido lector se agobia leyendo este post-it en la puerta del microondas: “Caliéntalo dos minutos y a comer. Te quiero”. Muchos preferirían que ellas les recitasen su poema favorito, el Te quiero, de Benedetti, mientras les sirven la comida. Y es que desde que se casó está cada día menos romántica, por mucho que lea a Barbara Wood.

Esta clase de lectores se sienten cada vez más aislados e incomprendidos, por eso suelen acabar atrincherándose para leer. Ostentan su reinado de letras rodeados de azulejos, sentados en un trono demasiado humilde para tan sufridas posaderas. De esta manera tienen que despacharse el Marca, el País y hasta el último tocho de Almudena Grandes, pues también leen literatura femenina, para que no digan. Desgraciadamente la paz dura poco en su estrecho feudo, pues primero los niños y luego la mujer aporrean la puerta aduciendo razones mingitorias. El marido lector se resiste esgrimiendo, obviamente, la ley de igualdad de Zapatero que se ha leído esta mañana en el ministerio porque no les funcionaba Internet, pues le permite ocupar el baño el mismo número de horas que su mujer. Si aun así continuase el redoble de nudillos en la puerta, el marido le acabará reprochando que ella se ofrecería a llevarle otro yogur si fuese Coronado y no él quien ocupase el trono. Y la mujer, resignada, le recordará que al menos podría poner el mismo empeño en montar el mueble que compraron hace un mes. Pero es que ella con tanta novela rosa no comprende que el lector de la casa se evade más con el Interviú que descifrando el Código de IKEA.

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Ya no vistes la talla 42 de tu esplendor en la hierba, y tus pechos han perdido la firmeza primaveral. Hoy cuentas arrugas contra las que batallas cada madrugón y cada medianoche frente al espejo canalla que te enseña que ya no tienes veinte años. Sin embargo, todavía permanece en el recuerdo tu mocedad de furtivos besos e ingenuas cartas de amor, entonces mejores que las de Neruda. Cada día, en la calle, en el Metro, en el autobús, en la radio del taxi y en la del coche, te recuerdan que tienes varices y retienes líquidos, que has engordado y que, si quieres que tu marido no se vaya con la del tercero, ya puedes ir dejándote la bolsa, y quién sabe si la vida, en el quirófano de una clínica donde plastifican la belleza.

Pero a ti no te hace falta nada de eso. No quieras competir con las adolescentes de píldora del día después y lumbares tatuadas, aunque sería más correcto afirmar que ellas jamás podrán competir contigo. Tú las trajiste al mundo sin epidural y tu juventud fue de en casa a las diez, pero tus amores de verano y de invierno sabían a verdad y pecado, como los buenos. No te eches a perder pretendiendo ser como ellas, aunque tengan el vientre plano y un gancho en el ombligo. No sufras la tortura medieval de la faja electrocutante, el último grito, nunca mejor dicho, de la locura por esta belleza de Photoshop . Es la nueva metáfora del calvario silente que muchas padecéis porque desde niñas os dijeron que para presumir hay que sufrir. ¿Pues sabes lo que te digo? Que achicharren a otra con esos acomplejantes sentimientos de culpa disfrazados de anuncios en búsqueda de la eterna juventud.

Tus arrugas son el libro abierto de tu vida, testimonio de tus risas y tus llantos. Tu cuerpo sigue siendo bello, pues la belleza no entiende de tallas, sino de emociones. Te lo dice un amante de las tallas grandes, pues siempre he entendido que la expresión placer carnal procede decarne, si no se denominaría placer óseo, por ejemplo. Así que no permitas que electrocuten ni tu cuerpo ni tus neuronas, si no quieres terminar como tantas mujeres que han acabado siendo un espejismo de sí mismas. Como la máscara de Jim Carrey, pero con mejor color. Quiérete como eres, pues no necesitas tener el culo de Jennifer López o los labios de Angelina Jolie para estar estupenda. Y si tienes la desgracia de que tu marido te llame gorda, mientras babea con los mulos de las colegialas en su vuelta al cole, te autorizo para que le pongas la faja eléctrica en semejante parte, a ver si así le crecen con el calor.

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