De todos y cada uno de nosotros depende que el mundo sea un lugar más habitable, no sólo en Navidad. Lo creas o no, tu acción es muy necesaria. Gracias por estar ahí.
Cuando el pasado viernes me dispuse a abrir el buzón, no podía sospechar la sorpresa que iba a encontrar en su interior. Tal fue mi desconcierto, que llegué a dudar del mes en que vivía. Afortunadamente sólo fue un susto, pues aunque uno se caracteriza por ser muy despistado, todavía no ha llamado a mi puerta el primo alemán. Los responsables de que me sintiera como Bender en Futurama durante un breve lapso de tiempo que se me hizo eterno, fueron los dueños de los grandes almacenes más conocidos de este país que, ni cortos ni perezosos, están enviando ahora el catálogo de cestas y lotes de navidad a sus clientes, cuando acaba de finalizar el verano.
Muy mal tienen que estar viendo el panorama para que nos inciten a tramitar los pedidos navideños cuando en Murcia gozan hoy de treinta grados (dicen que los dueños de Polaris World están ya a cuarenta, y subiendo). Porque aunque es de dominio público que los centros comerciales adelantan su márketing navideño para fomentar y dilatar nuestro consumismo, lo cual es una estrategia perfectamente legítima, no parece muy normal que lo hagan con dos meses y medio de antelación. Salvo, claro está, que piensen que para final de año vamos a estar sin un puñetero conejo que llevarnos a la boca.
Por cierto, que ojeando el catálogo no he encontrado a tan simpático y reproductivo animal en ninguna de las cestas. Jamón, turrón, así como embutidos y licores varios son los productos estrella. Pero del conejo ni rastro. Por eso no descarto que, tras la pasada sugerencia presidencial de incluir el conejo en el menú navideño, ahora el Gobierno pretenda que celebremos las fiestas con el hueso del jamón que dejen quienes hayan tenido la suerte de degustarlo. En ese caso el ministerio de Sanidad prepararía otra campaña institucional, pero con la receta del cocido madrileño, para explicar a los ciudadanos tanto la versatilidad como las propiedades de tan suculento manjar.
Todo apunta a que los reyes magos se van a a pasar de largo muchos grandes almacenes, pues con toda probabilidad apostarán por la sobriedad china, que también es de oriente y además es la principal acreedora de los norteamericanos. El espectacular descalabro del consumo en España es la consecuencia inevitable de que nuestros empresarios nos hayan estado engañando como a chinos, imponiéndonos sus miserables salarios y sus interminables horarios. Pero al menos no somos tan estúpidos como para ignorar que no llegamos a fin de mes, por mucho que nos quieran adelantar el calendario para vendernos una navidad que, gracias a ellos, ya sólo existirá para sus hijos.