Posts Tagged “Pantoja”

No puede ser casualidad que el mismo día que el presidente del desgobierno y el pelele de la oposición se reúnen para discutir sobre nuestra crisis, y que el FMI anuncia que va a revisar nuestras cuentas, salte la noticia de que la fiscalía pide tres años y medio de cárcel para Isabel Pantoja. Desde hacía meses se esperaba la actuación judicial contra la cantante, y ésta ha saltado a los medios justo cuando el castillo de naipes de nuestra economía está a punto de derrumbarse. Hoy la gente verá un ratito en la tele que Zapatero y Rajoy se han reunido para protagonizar el enésimo paripé, pues en el fondo son los mismos perros que con distintos collares han liquidado España. Pero lo más importante, la noticia bomba que ocupará cientos de horas en la programación de la universidad del pueblo, será el posible entrullamiento de la viuda de Paquirri.

Cuánto le deben nuestros próceres a Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban. Desconozco lo que cobran ambas estrellas de Telecinco, pero seguro que es poco para la extraordinaria labor que están desempeñando. El filológo hispánico, la mamá de Andreíta y sus coleguis de frenopático televisivo van a poder embrutecernos con más munición que nunca. Cualquier cosa valdrá como cortina de humo para que no se hable de la visita de los señores del FMI que van a imponer a España el recorte del sueldo de los empleados públicos, el copago en la sanidad y una espectacular subida de impuestos, entre otras gracias. Mientras las marionetas de la telebasura cumplan con su cometido, y la selección haga lo propio en Sudáfrica, ¡como si nos tienen a pan y agua, y nos van quitando poco a poco el pan, señora!. Nuestro país ha degenerado en un circo en el que los ciudadanos somos a la vez público y animales, y los domadores de cuando entonces, los grises, han sido sustituidos brillantemente por nuestras estrellas mediáticas.

Desconozco si Isabel Pantoja es una delincuente o no, pero lo que tengo claro es que la van a crucificar en aras de la paz social. El pueblo, tan dado a derribar mitos que él mismo ha creado, se cebará con ella, pues siempre es mucho más fácil que pedir cuentas a políticos, banqueros y constructores. La Pantoja, como mucho, es una choricilla del tres al cuarto víctima de su ambición. Pero nuestro verdadero drama, aquél del que nunca se hablará en los medios, es el de una oligarquía expoliadora que se va a llevar hasta el polvo de la mesa, antes de abandonarnos a la suerte de la señora Merkel. Habiendo folclóricas a las que despellejar, con razón o sin ella, ¿para qué vamos a andar molestando a quienes desde el fin de la dictadura se están repartiendo el poder y el dinero, haciéndonos creer que vivimos en democracia sólo porque en televisión se pueden decir libremente las mayores burradas sobre el famoseo cañí?

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Los niños correteaban felices por la pradera vestidos de polvorientos chulapos, los novios disparaban fotos con sus móviles a las pocas Castas y Susanas de la generación del Tomate y el piercing, y los carteristas y los políticos se movían entre la multitud engañando incautos. Lo de todos los años. Madrid, como cada quince de mayo, vestida de chotis y organillo, de tradición y casticismo, de verbena y pañuelo blanco, agua, azucarillos y aguardiente. Ésta sería la vista que San Isidro habría tenido de su pradera desde el cielo, de no ser por el humo de la contaminación y las gallinejas.

Por la mañana, en la citada pradera los políticos actuaron para todos los madrileños allí congregados, interpretando su sainete electoral como se podía esperar de ellos. Por lo menos la entrada a su espectáculo era libre, aunque sin derecho a consumición. La Presidenta, el Alcalde y los dos candidatos socialistas se dejaron ver entre los votantes, para así poder estrechar manos y repartir besos entre quienes les van a permitir seguir viviendo a su costa. Cuando se marchó la prensa, se acercaron a la tradicional fuente milagrosa del santo, para lavarse la cara, las manos, y proceder a una desinfección general. Y es que la plebe puede ser contagiosa, aunque hayamos llevado el metro hasta La Moraleja.

Haber visto a Esperanza Aguirre, Rafael Simancas y Miguel Sebastián vestidos de chulapos, bien vale una verbena y levantar medio Madrid. Como diría un castizo de verdad, Miguel Gila: “Me habréis matado al hijo, pero lo que me he reído…”. Con todo, el espectáculo ofrecido por la clase política no era el plato fuerte del programa de fiestas, pues su papel era el de simples teloneros de la gran estrella de la noche: Isabel Pantoja. La viuda de España, tonadillera andaluza y presunta delincuente marbellí, fue contratada por el ayuntamiento para el fin de fiesta, aunque Gallardón se enteró por la prensa, como Felipe de las Filesas y los Gales. De haberlo sabido, quizá hubiese contratado a las Supremas de Móstoles, que son de aquí, carecen de antecedentes penales y, sobre todo, tienen menos tirón popular.

Porque ayer, la Pantoja, toreó y se gustó como nunca en la pradera de San Isidro, ante la entregada masa de futuros votantes. Donde horas antes los políticos madrileños habían fingido mansedumbre e interés por los usos y costumbres de la inane plebe, Isabel se arrancó por Francisco Alegre. La sevillana se vistió de luces para encandilar durante dos horas a la afición de Madrid. Tres jipíos le bastaron para enardecer a una multitud de más de 50.000 personas sedienta de culebrones con amores prohibidos, cuernos taurinos y de los otros, y dineros del contribuyente en bolsas de basura escondidas junto al orinal del amante corrupto. Eso es un plebiscito, y no lo del 27-M.

Si la Pantoja se presentase a las elecciones, arrasaría. Desde aquí humildemente te lo proponemos, Isabel, pues además podría servirte para conseguir la inmunidad y eludir a la justicia que te persigue, para gozo del populacho y los políticos. A estos últimos más les vale encarcelarla deprisa, pues les puede quitar la poltrona y además cantar todo lo que sabe fuera de su repertorio musical, que es mucho. Dentro de la política y fuera de la trena hay infinidad de Isabeles y Cachulis, pero es mejor dejarlo correr como a los niños que trotaron todo el día por la pradera, para acabar durmiendo en los brazos de sus padres mientras la tonadillera se despedía de ellos con los nardos apoyados en la cadera. Como cantaría nuestro Serrat, por una noche se olvidó que cada uno es cada cual.

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