Cuentan las enseñanzas herméticas que todo es vibración, y que nuestras energías están permanentemente intercambiándose con lo que nos rodea. Nuestros pensamientos, son señales energéticas que pueden transmitirse a otras personas, incluso situadas a miles de kilómetros de distancia. La ciencia no ha sido capaz de explicar el fenómeno de la telepatía, pero todos sabemos que existe, porque en más de una ocasión lo hemos experimentado. También hemos oído hablar del ‘efecto mariposa’, por el cual el aleteo de ese pequeño insecto podría provocar una reacción en cadena que llegase al otro extremo del planeta. Internet es la materialización tecnológica de todo lo anterior, una red que permite conectar a seres humanos de lo más variopinto, a veces de manera insólita.
Hace varios años escribí un artículo citando de pasada a un gran amigo mío. El texto fue publicado como tantos otros y hasta hace pocos días no había vuelto a reparar en él, cuando recibí el correo electrónico de una pareja. En su mensaje me contaban que eran amigos de mi amigo, y que tras leer ese antiguo artículo querían ponerse en contacto con él. Dos personas habían perdido la pista de una tercera tras mudarse de ciudad, y años después, ¿casualmente?, a través de una cuarta persona a la que desconocen pueden retomar la amistad. He escrito ‘¿casualmente?’ porque con los años uno se torna menos crédulo, también respecto a las casualidades. Pienso que nada en este vida es fruto del azar, y que todos los pasos que damos en nuestro deambular por el mundo, por irrelevantes que parezcan, acaban teniendo su razón de ser.
¿Cómo se puede explicar que una simple mariposa pueda desencadenar una reacción tan colosal, o que dos personas puedan comunicarse de manera wi-fi mentalmente? Son muchas las preguntas y muy pocas las respuestas. Y a menudo estas últimas sólo aparecen al final del camino, cuando tras cubrir las distintas etapas de tu vida comprendes que el caos de tu existencia gozaba de un orden, de un sentido, que únicamente puedes descubrir cuando echas la vista atrás. Es un disparate pensar que todos los días son iguales y que nuestros actos son completamente irrelevantes. Un SMS con palabras de ánimo, un ascensor que se cuelga, un texto leído en un blog, una simple sonrisa en un día horrible, o cualquier acontecimiento aparentemente baladí, puede ser trascendente, tanto en tu vida como en la de los demás. Internet estimula la conexión entre nosotros, y nos ayuda a comprender lo que hace tantos siglos descubrieron los grandes sabios de la humanidad, sin necesidad de router ni de llamadas interminables a los servicios de atención al cliente. Descubrieron, nada más y nada menos, que “yo soy tú”.
El movimiento filantrópico Playing for change ha ideado una magnífica campaña para hermanar espiritualmente al planeta con nuestro idioma universal: la música. Treinta y siete músicos aficionados de los cinco continentes han sido reunidos en un documental para regalarnos sus particulares versiones de una de las mejores canciones de los últimos cincuenta años, Stand by me, de Ben E. King. Un clásico que emana tanta belleza que da igual ser anglosajón o no, porque al escucharla sientes que algo muy importante te están queriendo decir cada vez que alguien, en algún rincón del mundo, decide interpretar esta inmortal balada.
Y es que la letra de esta canción nos habla de cosas sencillas, que siempre son, casualmente, las más relevantes. Toda ella se limita a recordarnos que mientras estés conmigo nunca tendré miedo, independientemente de los obstáculos que la vida vaya poniendo en nuestro camino. Un canto a la lealtad que sólo se encuentra en los mejores amores y en los mejores amigos. Por eso creo que es la mejor forma de poner punto y final a este 2008, uniéndonos virtualmente en la red con una canción que ha roto todas las fronteras del espacio y del tiempo, como demuestra este videoclip.
GRACIAS POR ESTAR AHÍ. Después de Reyes volvemos a vernos.
Vivimos convencidos de que nuestros problemas son lo más importante, encerrados en unas prisiones mentales que nos obligan a pasar por la vida creyéndonos separados de los demás, y a ver todo cuanto nos rodea como un enemigo hostil. Deambulamos estresados en una sociedad que bastardamente pretende hacernos más y más competitivos, para que no tengamos tiempo ni ganas que nos permitan meditar unos minutos sobre lo absurdo de la vida. Quizá por eso viene bien echarnos un vistazo desde el Universo, para que descubras que todo lo que crees que tiene gran importancia, en realidad carece de ella.
Te sugiero que dediques tres minutos y medio de tu ajetreada vida para escuchar las sabias palabras de Carl Sagan en este precioso vídeo. Tras hacerlo, comprenderás que nuestros conflictos interiores y exteriores son irrelevantes y que, en el fondo, muy pocas cosas merecen realmente la pena. Una de ellas eres tú.
Gracias por estar ahí. El lunes 28, si quieres, nos volvemos a ver.
Gloria Estefan cantaba a su Cuba natal en los noventa. Veinte años antes Nino Bravo hacía lo propio con Valencia, antes de que una carretera lo convirtiera en mito. Ambas son canciones maravillosas, quizá por la universalidad de los sentimientos que despierta en cada uno de nosotros la tierra que nos vio crecer. Da igual que hayas nacido en La Habana, Valencia o Dublín, y que hoy no encuentres el lugar donde tus recuerdos te aseguran que besaste por vez primera. La mía, Madrid, hace tiempo que dejó de ser ese lugar en que los niños podían ir solos al cole, y a la vuelta jugar a la pelota con sus carteras como postes de una portería sin larguero. Entonces no llevábamos mochilas ni carritos, como tampoco existían los parquímetros, y la especulación urbanística se limitaba al Monopoly. Pero sigue siendo mi tierra.
Mirando ayer su contaminado cielo, me imaginé por un momento surcándolo como un avión cualquiera de bajo coste. Pude ver sus colosales torres, arrogantes falos arquitectónicos que sodomizan todavía más a los sufridos habitantes/conductores de esta urbe del siglo XXI que, como tantas otras, es mantenida por sus contribuyentes pero no pensada para ellos. Decidí alejarme de tanta barbarie, subir más alto. Comencé a ver esos páramos tan necesarios para el descanso de nuestros ojos y nuestras mentes. Pero en uno de ellos estaban ultimando los pladures para su inauguración. Me imagino que debía de ser la macrourbanización de Seseña, perpetrada por el nuevo rico Francisco Hernando, el Pocero para los amigos. Entonces me pregunté por qué los españoles vivimos tan apiñados como en la mili, a pesar de que nos llevamos fatal. Sobre todo si observamos que gran parte de nuestro territorio es, sencillamente, un erial.
Después me alejé todavía más, y pude ver todo nuestro planeta. Vi guerras por un Dios o por una bandera, así como a miles de soldados que matan y mueren. Y millones de civiles que sólo mueren, ya sea por pedazos de tierra o pozos de petróleo, en conflictos que nunca son el suyo. Mientras que un siglo atrás nunca nos enterábamos de algo que hubiera sucedido a dos horas de camino, hoy puedes ver ensayos nucleares en directo después de Los lunnis. Por eso hoy mi tierra, y la tuya, es también nuestro planeta. Quizá Internet, el único territorio virtual y sin fronteras, sea la mejor prueba de la unicidad que existe con todo cuanto nos rodea, como ya muchos sabios nos anunciaron en la antigüedad. Somos uno con el resto de una humanidad que sufre y lucha, esperanzada de que mañana mi Tierra, la de todos, pueda ser un poco mejor.