Posts Tagged “pobreza”

Además de ser el título de una célebre canción popularizada por Los Panchos, como sabrán quienes peinan canas o un solar ya irrecalificable, esta frase podría ser también la conclusión a la que acaben llegando muchos españolitos en los revueltos tiempos que se avecinan. Porque aunque para nuestros abuelos irse a la capital era propio de emprendedores que se iban a labrar un futuro mejor, lejos de un campo que se les había quedado pequeño, probablemente la vuelta al pueblo sea la única alternativa que les vaya a quedar en breve a muchos ciudadanos.

España está abocada a una nueva etapa socioeconómica, en la que ya no tendremos que ver nuestro subvencionado cine para conocer las apreturas que se sufrieron en la posguerra, pues las podremos vivir en carne propia. De hecho, ya se atisban pequeños detalles que empiezan a apuntar en esa dirección, como por ejemplo ver Audis y Mercedes aparcados en la orilla de un pantano abulense, porque sus recientes dueños han sustituido el T.I. en Punta Cana por el sol serrano del Burguillo Beach. Y eso que el gran show todavía no ha empezado.

Por duro que resulte aceptarlo, debemos asumir cuanto antes que esta colosal burbuja crediticia nos va a estallar muy pronto, dejando tras de sí un reguero de miseria y violencia, especialmente en las grandes ciudades. Sin embargo, los responsables financieros y políticos de nuestro país, únicos culpables de esta debacle y, casualmente, también grandes beneficiados de la citada burbuja, se acabarán yendo de rositas. Cuando todo eso ocurra, probablemente sólo nos quede hacer el camino de regreso de nuestros abuelos, volviendo p’al pueblo que un día ellos abandonaron soñando con un futuro mejor para sus hijos y, por tanto, para nosotros. La vida tiene esas paradojas: la tierra de la que se alejaron durante la posguerra para hacerlo también del hambre y la miseria, puede ser la que en los próximos años dé cobijo y alimento a sus nietos. Quién sabe, a lo mejor no es tan malo cambiar la pantalla LCD por una puesta de sol.

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Ayer por la tarde comprendí perfectamente cómo se sentía Michael Douglas en la espléndida ‘Un día de furia‘, y debo confesar que no me siento orgulloso de ello. En dicha película, el personaje que interpreta se ve tan desbordado por sus circunstancias, que pasa de ser un ciudadano modélico a decidir tomarse la justicia por su mano, harto ya de estar tan harto. Un sentimiento muy similar fue el que experimenté ayer durante unos minutos en el Metro de Madrid. La temperatura rozaba los cuarenta grados y yo no podía dejar de sudar. En el vagón que me tocó en suerte un chaval escuchaba su mp3 a todo trapo, con una música tan estridente que a su lado un martillo eléctrico se habría podido confundir con una suite de Bach. Mientras a duras penas intentaba enjugar el manantial que brotaba de mi frente, sentí por unos minutos que formaba parte de una minoría étnica en mi propio país, pues más del 80% de los viajeros no eran de mi nacionalidad. Toda una señal de la invasión de inmigrantes auspiciada por el poder, con el único fin de abaratar todavía más la mano de obra en España y así hacernos más miserables y esclavos.

Durante ese breve lapso de tiempo experimenté una estremecedora sensación de impotencia, tras la cual me alegré de ser contrario a las armas, pues ya se sabe quién las carga. Una vez en la calle, esquivando la pobreza por las calles de la capital, no pude evitar pensar en la que se nos viene encima. Si vives en una gran capital española, como Madrid o Barcelona, ya sólo tienes dos opciones: o marcharte bien lejos, o concienciarte de que, si te quedas, vas a vivir en una jungla de asfalto (uno está hoy cinematográfico). Estoy tan quemado que hasta un buen amigo, Domingo Puerta, ha logrado captar las energías caloríficas de mi derretida sesera, leyéndome el pensamiento hace sólo unas horas. Y es que si ahora, cuando las cosas todavía marchan medianamente bien, la violencia está empezando a mascarse en la calle, manifestándose en ocasiones tan crudamente como el último fin de semana en nuestra capital, no hace falta optar al Nobel para prever que cuando la crisis nos haga tocar fondo, nuestras grandes urbes se convertirán en ciudades sin ley.

Desgraciadamente, todo apunta a que vamos por el mejor camino para que las grandes capitales españolas no tengan nada que envidiar, por ejemplo, a las de América Latina. De hecho, nuestras calles ya están literalmente tomadas por gentes procedentes de países en que la vida no vale nada. La inseguridad ciudadana está alcanzando unas cotas tan alarmantes que algunos comerciantes madrileños, absolutamente desesperados por la oleada de asaltos que padece esta ciudad, han acabado durmiendo en sus propios establecimientos, para defender con su vida lo que da de comer, cada vez peor, a su familia. Esto va a acabar muy mal, aunque los medios vendidos al poder no quieren que te enteres de que te van a joder vivo, y por eso te entretienen con historias en las que cualquier parecido con la realidad es puro Photoshop.

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Crear alarmismo injustificado (sobre la economía) puede dañar las expectativas y es lo menos patriótico que conozco” (José Luis Rodríguez Zapatero en el Fórum Nueva Economía. 09-01-2008)

Lo que podrás leer a continuación, se basa en un resumen del “Estudio sobre el crecimiento y la desigualdad del INCAS (febrero de 2008)” que podrás descargarte al final de este artículo, complementado con otros datos económicos publicados en los últimos días.

Las diferencias entre ricos y pobres han aumentado en los últimos años, pues el número de personas sin recursos y el de asalariados con sueldos bajos ha crecido. Los ricos son cada vez más ricos, y los pobres, más pobres. La OCDE advertía recientemente que España, tras Estados Unidos, Corea y Holanda, es el país en que más se ha incrementado la presión fiscal, alcanzando las cotas más altas de toda nuestra historia. Las rentas medias están siendo, con diferencia, las más penalizadas por dicho aumento de la presión fiscal. Ésta, no se ha distribuido bien entre las rentas bajas pero, en cambio, las rentas de capital han sido muy beneficiadas, pues además el 86% de los multimillonarios de nuestro país defraudan a Hacienda. Y para más inri, España sigue siendo el país europeo, tras Irlanda, que menos dinero dedica a sus pensionistas.

El citado estudio nos plantea la siguiente cuestión: si con crecimientos por encima del 3% e incrementos medios del 10% en la recaudación del IRPF, no se ha conseguido crear una sociedad con menos diferencias, ¿qué pasará ahora en plena desaceleración económica? Pues lo que ocurrirá es que los principales perjudicados serán, precisamente, quienes se han beneficiado menos de la época de expansión, y entre ellos, de manera muy destacada, los currantes. Sin embargo, el discurso de Zapatero hasta hace pocas semanas ha hecho creer a la gente que la economía iba de lujo, y que si venían las vacas flacas, papá Estado ya se encargaría de solucionarme la papeleta, que a lo loco se vive mejor. Pero, ¿el Estado podrá cumplir su promesa de ampararme si el paro se dispara, como ya está ocurriendo?

El gran endeudamiento de familias y empresas españolas ha provocado tal dependencia de la financiación exterior, que sitúa a nuestra economía en un riesgo excepcional. Algunos medios ya están hablando de “aterrizaje forzoso”, debido a una desaceleración abrupta que se veía venir desde hace al menos un par de años. Hay casos especialmente graves, como el de Andalucía, cuya tasa de paro es un 50% superior a la media nacional. Y mientras, Zapatero nos promete pleno empleo para la próxima legislatura, cuando actualmente se están destruyendo una media de 50.000 empleos mensuales. Sólo en la construcción, el paro ha aumentado un 36% en el último año. Todo esto está provocando que el gasto público por subsidio de desempleo esté aumentando cerca de un 20% interanual, es decir, una barbaridad que no sabemos hasta cuándo será asumible.

España lleva años viviendo un empobrecimiento imparable de la mayoría de la población, lo que está aumentando todavía más las desigualdades sociales, hasta niveles dudosamente sostenibles. A partir del próximo lunes, el nuevo gobierno necesitará mucho más que demagogia populista y deseos de buena suerte, si quiere sacar a nuestro país de una grave crisis económica que se ha estado ocultando a la población, mintiéndonos como si fuéramos la niña de Rajoy.

Estudio sobre el crecimiento y la desigualdad del INCAS (febrero de 2008)

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El pasado viernes por la noche, Cuatro emitió un estremecedor reportaje en su programa Callejeros. En él pudimos ver, sin sutilezas ni ambages, el medio de subsistencia de decenas de miles de personas en nuestros país. Cuando llega la noche, un gentío se concentra a las puertas de los supermercados y demás centros de alimentación, aguardando sus contenedores de basura con la comida que desechan. Envases rotos o abollados, alimentos en el límite de su fecha de caducidad, productos, en definitiva, que saben que no van a ser comprados por sus clientes, son tirados por los comercios y comidos por muchos ciudadanos. Personas como tú y como yo, que la gran mayoría tuvieron una familia, un hogar, un futuro, una pareja…, que por diversas circunstancias han acabado viviendo en la indigencia, y que salen en plena noche a comer nuestra basura, mientras nosotros dormimos a pierna suelta.

El umbral de la pobreza se sitúa actualmente en los 6.000 euros anuales. Cerca de diez millones de ciudadanos que residen en nuestro país viven por debajo del citado umbral. Entre ellos, se encuentran la mitad de nuestros ancianos. Mientras, los beneficios empresariales han crecido un 73% en la última década, el doble que la media europea. Sin embargo, de los sueldos, qué te voy a contar de ellos que tú no sepas. Ante semejante cuadro, seguimos mirando hacia otra parte, quizá por lo de los ojos que no ven. Preferimos no ver a quienes desean dejar de ser invisibles para que su corazón pueda sentir que, a pesar de todo, merece la pena continuar. Olvidamos que ellos son también nosotros, aunque no tengan monovolumen, apartamento en Torrevieja o hipoteca por no beber leche Pascual. Salvo que encuentren un cartón caducado en nuestro contenedor y les toque una cadena perpetua, qué suerte.

Dichosos quienes podemos seguir viviendo dignamente, aunque ya veremos hasta cuándo. Mientras seguimos perdiendo el tiempo y las energías, defendiendo a los de una trinchera y atacando a los de la otra, ellos nos están esquilmando. Como enésima prueba del latrocinio político que estamos sufriendo, los dos ministros que han estudiado en la última década cómo hacernos nuevos agujeros, para apretar más aún nuestros sufridos cinturones, ya no caben en sí mismos. Ojalá las víctimas más indefensas de este neoliberalismo, que hoy se alimentan de nuestras basuras, logren despertar la miserable conciencia de la humanidad. Un mundo mejor debe y puede ser posible. Como afirma el sabio José Luis Sampedro: “Vivimos en una sociedad, muy rica en conocimiento científico y enormemente pobre en sabiduría, que es el arte de vivir, de llevar al colmo las potencialidades de la existencia humana”.

Fragmentos del reportaje ¿Comida basura?

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