Posts Tagged “sentido de la vida”
En los últimos meses, he recibido varios e-mails de lectores que están sufriendo una crisis existencial. El denominador común en todo ellos es una sensación de estancamiento, de bloqueo, que les incapacita para dar pasos adelante en sus vidas. A menudo se sienten atenazados por pensar que no están a la altura de lo que se espera de ellos. No les gusta sentirse así, pero tampoco saben cómo salir de ese hoyo emocional. El primer error que solemos cometer consiste en no aceptar nuestra situación actual. Nos rebelamos contra ella, la odiamos con todas nuestras fuerzas, sintiéndonos víctimas impotentes. El otro gran error suele tener relación con la identidad social que nos hemos forjado o que, en la mayoría de los casos, nos han forjado. Vayamos por partes.
Cuando uno se siente mal, profundamente disgustado consigo mismo y con el tipo de vida que lleva, lo primero que debe hacer es aceptar su estado actual. Sólo si asumimos nuestro momento presente podremos avanzar hasta lograr salir del hoyo. En cambio, cuando nos resistimos a lo que es, estamos gastando unas energías preciosas que podrían servirnos para recomponer nuestras vidas. Por eso tantos sabios insisten en que toda mejora pasará, antes de nada, por aceptar nuestra situación actual, independientemente de lo dura que ésta sea. Fijaos bien en que estamos hablando de ‘aceptación’ y no de ‘resignación’. Resignarse implica bajar los brazos y dejarse morir lentamente, mientras que aceptar conlleva asumir la realidad sin escondernos, para a partir de ahí empezar a construir algo nuevo y mejor.
Por otra parte, también es fundamental desprendernos de la identidad falsa con que nos solemos mover. En mayor o menor grado todos vivimos disimulando nuestro verdadero yo por temor al rechazo. Aunque nos cueste aceptarlo (otra vez la aceptación) nos hemos acabado adaptando a lo que esperan de nosotros nuestros respectivos entornos. En los casos más graves, aquéllos que causan una crisis existencial, podemos acabar viviendo como auténticos farsantes por ser incapaces de defender nuestro auténtico yo ante la sociedad. Hay gente que ha ocultado su identidad durante tanto tiempo que ya ni sabe cómo es. Vivimos en una sociedad que, desde el gobierno hasta los medios de comunicación pasando por nuestras familias, nos inquiere para que seamos ejemplares. Pero, ¿quién decide lo que es ejemplar? ¿Por qué un beato es mejor que un libertino? Mientras no hagamos daño, ¿por qué avergonzarnos o escondernos?. Sé tú mismo, ámate tal como eres y da un corte de mangas a quienes quieren enterrar al maravilloso ser que habita en cada uno de nosotros. Este último, pero con palabras más eruditas, es el gran mensaje que nos han legado los sabios de la historia de la humanidad.
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(Diariamente visito elconfidencial.com, uno de los medios online españoles más seguidos. En este periódico digital se suele hablar sobre todo de política y economía, aunque de vez en cuando te puede sorprender con perlas como el artículo que escribió Juan Perea el pasado martes. ‘Ser uno mismo es ya una cuestión de supervivencia’ es un perfecto compendio de las columnas con que este economista y máster por Columbia ha deleitado a sus lectores semanalmente. Aunque recomiendo su lectura íntegra, voy a reproducir a continuación sólo unos párrafos de tan iluminador artículo.)
Una idea ha constituido el eje central de los distintos temas expuestos: la necesidad de ser uno mismo y los obstáculos a los que nos enfrentamos cuando optamos por ese camino. Mi mensaje se resume en esta frase: eres único y, respecto a esto, no tienes elección. Descubriendo quién eres, y no quién te han hecho creer que eres, podrás desarrollar todo tu potencial, amarte a ti mismo y desde ahí ser un miembro útil, imprescindible, para la sociedad y para el mundo. Sólo así puedes evitarte sufrimientos innecesarios y esta es la única vía para apreciar en su totalidad el don de la vida y la experiencia de ser humano. Este es el trampolín con el que dar el salto al amor a los demás y a la alegría de vivir.
Nos vemos abrumados por la maquinaria del ‘tienes que ser mejor’. Todo el aparato publicitario, que invade hasta nuestra intimidad, va dirigido o bien a inocularnos grandes dosis de miedo, o bien a hacernos creer que para sobrevivir y adaptarnos a ‘lo que se espera de nosotros’ (un eufemismo para vendernos la moto) hay que ser más: más listo, más guapo, más fuerte, más divertido, tener más cosas y más dinero. La paradoja es que en general la directriz conduce al resultado opuesto: la mayoría acaba más pobre y, lo que es peor, más infeliz. No es sorprendente que un tigre no pueda paladear más que mínimamente el gusto por vivir si siempre ha creído ser oveja. Aunque ello le haga sentir que forma parte de un rebaño, que pertenece a algo que le da un cierto calorcito, una cierta tranquilidad.
Para llegar a la esencia de nuestro genio, a nuestras cualidades innatas, debemos soltar las amarras de las creencias limitantes y el gregarismo y hacernos a la mar que es la vida más incierta, más arriesgada y a su vez más libre, más abundante y más plena. Ahí uno recupera la responsabilidad sobre su propia existencia y puede ser verdaderamente útil a los demás, fuente de la propia armonía y felicidad. Creo que ese es el significado más profundo del ‘todos somos uno’, donde desde la verdadera individualidad uno se encuentra con los demás y constituye algo nuevo y mejor.
Me despido, cómo no, con una cita, esta vez de Oscar Wilde, el inigualable (como cada uno de nosotros) genio y estigma de la sociedad victoriana que le toco vivir. “La finalidad de la vida es el desarrollo de uno mismo. Estamos aquí para realizar a la perfección nuestra propia esencia. Hoy día la gente tiene miedo de sí misma. Y ha olvidado el más alto de todos los deberes, el deber que uno tiene consigo mismo. Las personas son generosas; alimentan al hambriento y visten al mendigo. Pero sus propias almas pasan hambre y están desnudas. La valentía ha desaparecido de nuestra raza. Quizá nunca la tuvimos de verdad. El terror a la soledad, que es la base de la moral, y el terror a Dios, que es el secreto de la religión, son las dos fuerzas que nos gobiernan. Sin embargo, creo que si una persona viviera su vida con plenitud, si diera forma a sus sentimientos, si expresara sus pensamientos y realizara todos sus sueños, el mundo conseguiría el impulso de la alegría. Pero aún el más valiente de nosotros tiene miedo de sí mismo. La mutilación de nuestro lado salvaje tiene toda su trágica supervivencia en una abnegación que coarta nuestras vidas. Se nos castiga por nuestras negativas. Todo impulso que procuramos sofocar se queda maquinando en la mente y nos corrompe”.
Etiquetas: genio, individuo, juan perea, libertad, mente, miedo, sentido de la vida, ser uno mismo
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(Os dejo con otra joya encontrada esta misma semana en elconfidencial.com. Pincha aquí si quieres leer el artículo en su integridad.)
Bastan cinco minutos con Mario para convencerse de que todo ser humano debe ganar una lucha: la de él consigo mismo. No se cansa de indagar para encontrar ese “algo” que hay dentro del ser humano mucho más hondo que buscar el placer o huir del dolor. “Es la búsqueda del sentido, de un propósito, de algo que nos trascienda a nosotros mismos”. Para el cirujano Mario Alonso Puig (Madrid, 1955) es precisamente ese sentido el que se necesita para priorizar en la vida: “Con él podemos decir esto sí y esto no sin sentirnos culpable”.
El médico-investigador cree que la vida en sí es un milagro y todo lo que pasa es algo extraordinario. Tampoco titubea cuando asegura que el triunfo en la vida depende un 20% del talento y un 80% de las ganas que se pongan en lo que se hace. “Lo que el corazón quiere sentir, la mente se lo acaba mostrando”. Insiste en que, en la vida, todo depende de la percepción con la que se mire: por eso existe un vaso que está medio lleno y otro medio vacío. Y recurre al miedo como el recurso que se tiene para avisar, prevenir y ayudar cuando la integridad humana se siente amenazada. “Si no tuviéramos miedo no seríamos valientes, sino insensatos”.
El peor monstruo para el personal del siglo XXI es no sentirse valorado, no ser reconocido, no ser aceptado, no ser querido. Alonso, no huele el miedo de la muerte. “Sólo temo terminar mis días en esta dimensión sin haber contribuido en el bienestar de las personas como creo que debería haberlo hecho”.
Como buen comunicador prefiere dar el silencio por respuesta y no menciona el nombre de ningún líder actual, de carne y hueso. “Me vale cualquier persona, cualquier familia, cualquier pueblo que haya conseguido crear un oasis en mitad de un desierto. Ese alguien que cuando se vaya del mundo sepa que lo va a dejar mucho mejor de cuando llegó”.
“Enfocaros en lo que queréis ser en la vida, y no en lo que os dé miedo. Arriesgad más de lo que en principios creáis razonable. Y cuando seáis generosos, entended que las cosas no se hacen para recibir nada a cambio, sino porque habéis elegido vivir de esa manera. Y no os olvidéis nunca de que sois seres extraordinarios”. Sí, cree en los milagros. Dice que existen. “Cuando una persona comprende que es parte del problema y no de la solución es un milagro. Todo en la vida, incluso estar vivos, es algo extraordinario. Es un milagro”.
Alonso habla completamente convencido de que el lenguaje no sólo describe realidades, sino que también las crea. Alonso derrumba otro mito del ser humano: casi todo el mundo baja sus sueños y sus anhelos a la altura de sus capacidades aparentes “en lugar de estirar sus capacidades para que lleguen a la altura de sus anhelos y de sus sueños”. Alonso está obsesionado con mitigar el sufrimiento humano y tremendamente ilusionado por encontrar vías que desplieguen el enorme potencial humano. “Quisiera ser la persona que soy en realidad, y no la persona que creo que soy”.
Etiquetas: mario alonso puig, miedo, milagro, sentido de la vida, vida
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