Marta Páramo es una géminis de dieciocho años que pinta, y muy bien, por cierto. Esto no sería una gran noticia, si no estuviéramos hablando de una joven con síndrome de down, que de niña sufrió una leucemia por la que los médicos le daban sólo cinco meses de vida. Hoy es una pintora de éxito, tras cuatro años jugando con los lienzos sin técnica alguna. Como ella misma declara, “tiene un don”. De hecho todos lo tenemos, pero muchas veces la familia, el sistema educativo, o ambos, nos acaban convenciendo de lo contrario.
Marta es una artista que sin pensar en sus evidentes limitaciones (todos las tenemos), se dedica a plasmar en una lámina en blanco la luz que siempre va con ella (también todos la tenemos). La diferencia estriba en que esta joven no tiene complejos por desnudar su alma, y mostrar la belleza que habita en cada ser humano. Ella es creadora y creación, artista y obra. Nosotros también lo somos. Lo único que necesitamos es descubrir nuestro talento y darle rienda suelta, ya sea cantando, bailando, escribiendo, disertando, fotografiando… (añade la actividad que más te emocione y te haga disfrutar como un niño). Marta es un ejemplo, no ya de superación, sino de cómo ponerse al servicio de tu pasión para así pintar una vida maravillosa, una obra maravillosa. Nadie que viva con intensidad una pasión puede estar equivocado, independientemente de que cuente o no con el aplauso de crítica y público. La protagonista de esta historia no piensa en el éxito o el fracaso, esos dos grandes farsantes. Ella se limita a seguir una norma muy sencilla: “lo que siento, lo pinto”.
Etiquetas: artista, artista down, marta paramo, sentimiento, sentir, vida


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