Debo de reconocer que a Zapatero cada vez se le ve más asentado en su papel. Será por la confianza que le han otorgado los españoles, porque La Moncloa le sienta muy bien, o quizá porque el sainete interpretado por los pijos de Génova le sirve para distraer la atención de la ciudadanía. La propia canallesca está disfrutando tanto con el circo del PP, que dedican más horas de programación a filosofar sobre el gallinero de Rajoy que sobre la borrasca económica que nos acecha.
Quizá tenga algo que ver con esto último, que Zapatero cuente con casi toda la prensa entregada a su régimen, como pudimos ver anoche en La Primera. La cadena gubernamental preparó en hora de máxima audiencia un espectáculo de autobombo para mayor ensalzamiento de nuestro nunca suficientemente ensalzado presidente. Quienes tuvieron las agallas de sufrir tan laudatorio show, pudieron ver a Zapatero interpretando, con su proverbial modestia, su personaje de hombre de paz, igualdad, tolerancia, respeto, diálogo, talante, consenso, solidaridad y ecologismo. Una alhaja, vamos.
TVE, haciendo gala de su neutralidad, conculcó excepcionalmente las normas de 59 segundos, para que Zapatero pudiera recrearse con sus chicuelinas verbales. Sin embargo, sólo unos días antes, la presidenta de la Comunidad de Madrid veía decepcionada que su micrófono se le venía abajo en muy poco tiempo, como la capacidad eréctil de los masoquistas que presencian estos programas antes de cumplir en el catre con la parienta. El micrófono de nuestro presidente acabó tan exhausto de reproducir tantos cuentos, que seguramente a estas horas estará pidiendo entrar en el próximo ERE, y así hacer hueco para que el PSOE pueda seguir metiendo a los amigotes en su tele.
Pero, a fuerza de ser sincero, no sé qué fue peor anoche, si constatar una vez más que tenemos un presidente con una capacidad tan portentosa para el escapismo que ya quisiera para sí el gran Houdini, o que la prensa, que debería de ser siempre crítica con el poder, se limitara a sonreír ante las ensoñaciones de este hombre. Lo que sí parece evidente es que todos estos periodistas deben de gozar de muy buenas prebendas, para aguantar estoicamente durante 59 minutos, y más, la estomagante falsa modestia de Zapatero. Un hombre que se limita a hacer declaraciones de buenas intenciones, mientras todo ufano va dejando cadáveres por el camino. Y si no que se lo pregunten a sus ex-amigos de nueva vía, a punto de tirarse a la del tren. Con permiso de Maleni, claro.
Etiquetas:
59 segundos,
periodismo,
tve,
Zapatero