El pasado domingo, mientras José Blanco se dirigía a la militancia socialista con su habitual verbo fácil, pudimos ver cómo decenas de afectados por los EREs de Nissan, Roca y la Seda le dedicaban un improvisado concierto polifónico. En pleno éxtasis vocal de los obreros despedidos, el ministro de Fomento se arrancó con la lectura de las siguientes palabras, escritas para todos los telediarios: “Zapatero toma decisiones valientes, pero lo más importante es que siempre dice la verdad a los ciudadanos”.
Me imagino que cuando don José mencionó el apellido Zapatero, probable y sorprendentemente se estaba refiriendo al presidente de su gobierno y secretario general de su partido. Al mismo que sólo unas horas antes dijo ante el Comité Federal del PSOE: “Hemos sabido decir no a los poderosos”.
(Cuando una viñeta, que para colmo pertenece al diario PÚBLICO, vale más que mil artículos económicos…)
El Gobierno ha utilizado un Real Decreto de prevención del fraude fiscal para rebajar de tapadillo la fiscalidad de los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos.
Todos ellos podrán tributar en el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas al tipo reducido del 18% en vez de al del 43% que, normalmente, les correspondía hasta ahora. La rebaja se centra en las rentas de capital mobiliario que reciban de sus propias entidades. Por ejemplo, cuando se trate de los intereses que logren en sus cuentas y depósitos, o el rendimiento que les generen las compras de bonos, cédulas, obligaciones o préstamos que realicen.
Si por ejemplo, el dueño de un banco quiere hacer un préstamo a su entidad para capitalizarla en los tiempos que corren, podrá tributar por los intereses recibidos al 18%. Si lo hace el dueño de una pequeña empresa de hostelería, le espera el 43%. Además, el regalo a la cúpula del sector financiero llega con efectos retroactivos al uno de enero de 2008.
La sorprendente medida constituye un aguinaldo fiscal para los responsables de las entidades españolas de crédito y aparece de pronto en el Real Decreto 1804/2008 de 3 de noviembre. Ha pasado inadvertida, porque el Gobierno no le dio ninguna difusión cuando la aprobó.
Como sabéis los lectores de este blog, yo no me creo la versión del 11-S, como tampoco la de nuestro 11-M. Igualmente me parece una auténtica farsa la actuación de los líderes mundiales ante el irremisible final de esta era. Si bien es cierto que el actual modelo económico ha muerto, no lo es menos la imposibilidad de resucitar a un cadáver. Tantos y tan pomposos planes de rescate y reuniones al más alto nivel tienen, como única finalidad, entretener a la opinión pública. Mientras, las manos que verdaderamente manejan el mundo, proceden a la demolición controlada del capitalismo que nos ha venido subyugando durante muchas décadas. El objetivo de dicha demolición: imponer un nuevo modelo todavía más esclavista e injusto que el actual, contra el que, como ya sabes, te puedes manifestar el próximo sábado.
Quiero recalcar la expresión demolición controlada, porque es la misma que desde hace años emplea el arquitecto estadounidense Richard Gage, para referirse al derrumbe de tres edificios en Nueva York durante la mañana del once de septiembre del 2001. Gage, que preside la asociación Arquitectos e ingenieros por la verdad del 11-S, aseguró la semana pasada en Madrid que tanto las Torres Gemelas como el Edificio 7, que no sufrió el impacto de ningún avión, fueron demolidos desde dentro usando explosivos. De hecho, yo recuerdo perfectamente que pocas horas después de los presuntos atentados, un arquitecto del ayuntamiento de Madrid también afirmó que era imposible que los aviones hubiesen sido los causantes de esos desplomes, y que tenía toda la pinta de que habían sido volados desde dentro.
A partir del día siguiente se corrió un tupido velo y, al menos aquí en España, en los grandes medios de comunicación se ha silenciado toda voz que desafinase respecto a la partitura oficial. Supongo que no tengo que recordaros que dichos atentados fueron la excusa perfecta de la administración Bush para lobotomizar a la población con el miedo al terrorismo. Para regocijo de la industria armamentística y ruina de los contribuyentes.
La argumentación de Richard Gage se basa en tres pilares fundamentales:
Testigos que escucharon explosiones durante el derrumbe de los edificios.
Presencia de termitas entre los restos de los edificios, circunstancia que, según Gage, sólo se comprende por la presencia de explosivos.
Y, sobre todo, las propias imágenes del derrumbe, en las que se aprecia perfectamente una cadena de explosiones cuando éste se produce. Las podéis ver en este vídeo de Informativos Telecinco, el único gran medio nacional que se ha atrevido a hablar de la reveladora conferencia que Richard Gage pronunció la semana pasada en el Colegio de Arquitectos.
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Por cierto, muy poca gente habló del tercer edificio que cayó esa mañana, el citado Edificio 7. Aquí debajo tenéis sus imágenes. ¿Parece o no parece una demolición controlada?
Te convencen de que su mensaje es el único verdadero. Lo que no sale por ella no existe, por eso hoy es tan importante ser famoso: es una cuestión existencial. Sólo existen y son quienes salen por ella, y no los que piensan, como dijo un equivocado filósofo mucho menos conocido que la Esteban.
Ser como los más tontos de la clase. Ser como aquellos compañeros de pupitre que sólo aprobaban gimnasia y religión, y que hoy copan las parrillas de sus programaciones, para hacerte más lerdo, tan lerdo como ellos. De ellos son las horas de máxima audiencia, dejando las after-hours para los programas divulgativos. Así nunca te cuestionarás nada. Te creerás a pies juntillas once-eses, once-emes y lo que te pongan por delante, como te hicieron creer hace cuarenta años que el hombre estuvo en la luna, aunque en el siglo XXI resulte imposible viajar hasta ella.
Precisamente es ahí donde quieren que estés, en la luna, o más lejos si cabe, en un limbo para que no te enteres de que te están explotando, de que no les importas un carajo, ni tú ni tus hijos. Te tratan como a un imbécil, pero les sigues aplaudiendo cuando dan paso a la publicidad con que te lobotomizan, para que les sigas comprando lo que no necesitas con el dinero que ya no tienes porque ellos te lo han robado.