Si habitualmente encuentras excusas para deprimirte y no luchar por tus deseos y sueños más íntimos, quizá este revelador vídeo de cuatro minutos te haga ver las cosas de otra manera. Albert lo dice todo, no hace falta añadir más.
El ser humano es un animal social, y por eso necesita el contacto con sus semejantes. Hasta las personas más solitarias e independientes son conscientes de esta realidad. No podemos vivir en una burbuja, pensando que somos completamente autosuficientes. La crisis actual, económica pero sobre todo de valores, va a abrir nuestras obtusas mentes. Intentaré explicarme a continuación. Seguro que habréis tenido amigos que os han acabado defraudando. Personas en quienes confiábais y que abusaron de vuestra amistad. Ya se sabe, “donde hay confianza da asco”. Son gente que entiende la amistad no como un fin, sino como un medio para sacar algún beneficio. Quienes actúan así, no saben el gran error que están cometiendo. Estos cortoplacistas natos, sólo buscan atender sus necesidades con inmediatez. Obran caprichosamente, en función de lo que les conviene en cada momento. Son incapaces de concebir la amistad desde un punto de vista desinteresado y generoso.
Las personas no somos de usar y tirar. Quien más y quien menos, incluso yo, tiene su corazoncito. Por eso, a pesar de mis años, no deja de sorprenderme la actitud de esta clase de gente. Son individuos tan desconsiderados como egoístas. Incluso pueden atreverse a menospreciarte sin ningún miramiento. ¿El motivo?: ya no te necesitan. Pero, ¡ay, amigo!, la vida es bastante larga y da bastantes vueltas. Acabarán aprendiendo que debemos tratar a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros. Y también, que no debemos querer para los demás nada que no deseemos para nosotros mismos. Estas dos lecciones, sin duda muy elementales, son despreciadas por gran parte de la sociedad. Y así nos luce el pelo, amigos. Vivimos en un mundo con demasiada gente dispuesta a pisar al prójimo por menos de nada. Ojalá esta crisis nos espabile, pues buena falta nos hace.
Estoy convencido de que muchos de vosotros en algún momento os habéis sentido altruistas tontos. Brindásteis vuestra amistad a personas que, en cuanto dejásteis de serles útiles, os dieron la patada. Y sin despeinarse, oiga. A esa clase de gente sólo debemos desearle que reflexione. Si esta catarsis planetaria sirve para que el mundo sea más desinteresado, habrá valido la pena. Quienes viven pensando sólo en sus intereses, no se han enterado de nada. Señores: estamos aquí para ser felices, sí, pero también para aprender. Para aprender, entre otras cosas, que sólo podremos recoger lo que antes hemos sembrado. Y también, que la mayor felicidad consiste en ofrecer lo mejor de nosotros mismos a los demás. Ya lo dijo un sabio amigo mío: “Fernando, en esta vida, a la larga, compensa ser buena gente”.
Cuentan las enseñanzas herméticas que todo es vibración, y que nuestras energías están permanentemente intercambiándose con lo que nos rodea. Nuestros pensamientos, son señales energéticas que pueden transmitirse a otras personas, incluso situadas a miles de kilómetros de distancia. La ciencia no ha sido capaz de explicar el fenómeno de la telepatía, pero todos sabemos que existe, porque en más de una ocasión lo hemos experimentado. También hemos oído hablar del ‘efecto mariposa’, por el cual el aleteo de ese pequeño insecto podría provocar una reacción en cadena que llegase al otro extremo del planeta. Internet es la materialización tecnológica de todo lo anterior, una red que permite conectar a seres humanos de lo más variopinto, a veces de manera insólita.
Hace varios años escribí un artículo citando de pasada a un gran amigo mío. El texto fue publicado como tantos otros y hasta hace pocos días no había vuelto a reparar en él, cuando recibí el correo electrónico de una pareja. En su mensaje me contaban que eran amigos de mi amigo, y que tras leer ese antiguo artículo querían ponerse en contacto con él. Dos personas habían perdido la pista de una tercera tras mudarse de ciudad, y años después, ¿casualmente?, a través de una cuarta persona a la que desconocen pueden retomar la amistad. He escrito ‘¿casualmente?’ porque con los años uno se torna menos crédulo, también respecto a las casualidades. Pienso que nada en este vida es fruto del azar, y que todos los pasos que damos en nuestro deambular por el mundo, por irrelevantes que parezcan, acaban teniendo su razón de ser.
¿Cómo se puede explicar que una simple mariposa pueda desencadenar una reacción tan colosal, o que dos personas puedan comunicarse de manera wi-fi mentalmente? Son muchas las preguntas y muy pocas las respuestas. Y a menudo estas últimas sólo aparecen al final del camino, cuando tras cubrir las distintas etapas de tu vida comprendes que el caos de tu existencia gozaba de un orden, de un sentido, que únicamente puedes descubrir cuando echas la vista atrás. Es un disparate pensar que todos los días son iguales y que nuestros actos son completamente irrelevantes. Un SMS con palabras de ánimo, un ascensor que se cuelga, un texto leído en un blog, una simple sonrisa en un día horrible, o cualquier acontecimiento aparentemente baladí, puede ser trascendente, tanto en tu vida como en la de los demás. Internet estimula la conexión entre nosotros, y nos ayuda a comprender lo que hace tantos siglos descubrieron los grandes sabios de la humanidad, sin necesidad de router ni de llamadas interminables a los servicios de atención al cliente. Descubrieron, nada más y nada menos, que “yo soy tú”.
Hace justo un año os felicitaba las fiestas con Happy Christmas, de John Lennon. Hoy deseo hacerlo con este vídeo que habla de ti y de mí, y de lo que tenemos en común que no es mucho, es todo. Algún día la humanidad entera descubrirá que todos somos uno, y el mundo será un lugar mucho mejor. Feliz Navidad.