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En un país deslumbrado por la fiebre del ladrillo, una de las frases más recurrentes solía ser la de “alquilar es tirar el dinero”. Hace diez años, no les faltaba razón a quienes recitaban ese mantra, pues la vivienda subía de precio un 16-18% anual, y todo el mundo consideraba que comprar era la mejor de las inversiones posibles. La codicia inmobiliaria alcanzó tales cotas, que medio país cometió la locura de meter todos sus huevos en el mismo cesto, y ahora éste se ha roto en mil pedazos. El sueño del ladrillo hecho añicos, como el de Gescartera, Fórum Afinsa y Nueva Rumasa. ¿Y ahora qué?
Pues ahora, a diferencia de entonces, se puede afirmar sin duda alguna que comprar es tirar el dinero. El gobierno, los bancos y los promotores están como locos intentando estafar a membrillos endosándoles una vivienda, con el señuelo de que les va a costar un 30-40% más barata que hace sólo unos años. Si tenemos en cuenta que pronto superaremos los seis millones de parados, que nuestro poder adquisitivo está cayendo con fuerza y que la oferta de pisos es infinitamente superior a la demanda, ¿quién puede ser tan tonto como para pensar que no van a seguir bajando? Mi apuesta es que en un par de años volveremos a precios de principios de los noventa. Dicho queda.
Repito: comprar ahora es una locura, pues con la depresión económica que estamos padeciendo, no tiene ningún sentido atarte a una hipoteca que, dentro de poco, te parecerá carísima. Quien cometa el disparate de hacerlo, pensará que está cerrando una gran operación, pero en breve se lamentará por haberse precipitado. Decenas de miles de familias que hace sólo unos años también compraron convencidas de que era un negocio redondo, ahora no saben cómo salir del atolladero en que se metieron. Teniendo como tenemos un stock inmobiliario de varios millones de viviendas vacías, podéis estar tranquilos porque no se van a acabar. Ante la situación tan grave que estamos atravesando, consecuencia directa de nuestro colosal endeudamiento privado, lo que tenemos que hacer ahora es liquidar deudas y ahorrar. Si pese a todo, alguien sigue estando desesperado por comprar, mi más sincera enhorabuena, porque será señal inequívoca de que le sobra el dinero y no le importa tirarlo por el desagüe.
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La pasada semana tanto Zapatero como Rajoy se reunieron con Benedicto XVI. De todas las personas que estuvieron con el Pontífice, ambos políticos parecen los más conmocionados tras el encuentro, mucho más incluso que el millón y medio de peregrinos. Sólo así se explica su empecinamiento por resucitar al cadáver inmobiliario. Como la fe no se puede comprender racionalmente, pues va más allá de lo que nuestra mente nos permite aceptar, a ver cómo les hago entender que los difuntos no vuelven en sí, por mucho que los dos hayan departido con Ratzinger. Si hubieran leído ‘Los muertos no se tocan, nene‘, de Rafael Azcona, quizá tendrían claro que lo mejor es dejarlos en paz. ¿Qué pecado hemos cometido para sufrir a dos líderes incapaces de entender una verdad tan sencilla?
Zapatero comenzó la semana anunciando una rebaja del IVA del 8% al 4% para la compra de obra nueva. Como Rajoy no podía ser menos, prometió prorrogar la desgravación por adquisición de vivienda, como caramelo electoral para incautos. ¿Desde cuándo se creen capaces de resucitar a los muertos? Me parece mentira tener que aclararles esto, señorías: aunque ambos hayan estado con el Papa en audiencia privada, ustedes carecen del don divino para revivirlos. Esta perogrullada se la quiero aclarar especialmente a Rajoy, un ‘pisitos‘ recalcitrante. No olvidemos que es registrador de la propiedad y que posee cinco viviendas (Mogán, Paseo de la Castellana, Aravaca, Pontevedra y Sanxenxo). Bajarán el IVA para beneficiar a sus amos banqueros o prometerán desgravaciones, pero así no salva a este cadáver ni Benedicto XVI. Con cinco millones de parados, y subiendo, y con los bancos sin conceder hipotecas, ¿me quieren explicar ustedes cómo coño pretenden resucitar al sector?
Estos patéticos aprendices de brujo deberían reconocer públicamente que han estafado a toda una generación (Saturno ha devorado a sus hijos, en versión ladrillera cañí). La única posibilidad de reactivar el mercado inmobiliario, como llevo años predicando en el desierto, consistiría en una radical bajada de los precios, de la que sus amigos Botín y Cía. no quieren oír hablar. Por ahora. Cuando a la banca le convenga, tirarán los precios para desprenderse de un lastre que ha devastado a nuestra economía. Porque no es sólo una cuestión de vivienda, también lo es de locales comerciales y oficinas. Si los precios se ajustaran a los de un país quebrado, no somos otra cosa, muchos negocios y muchas PYMES podrían ver la luz. Mientras eso no ocurra, será imposible la resurrección. Sólo nos queda confiar en que la tozuda realidad nos ponga en nuestro sitio, porque resulta evidente que esta casta política vive en una realidad paralela. Si estamos esperando que Rajoy haga milagros, que Dios nos coja confesados.
Etiquetas: burbuja inmobiliaria, desgravacion, rajoy, vivienda, Zapatero
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Alicante (-27%), Barcelona (-28%), Burgos (-34%), Cádiz (-26%), Gijón (-30%), Madrid (-29%), Murcia (-29%), Toledo (-27%), Valencia (-29%), Zaragoza (-30%).
Los porcentajes que acabas de leer, corresponden a la caída del precio de la vivienda en las citadas ciudades españolas desde el verano del 2007, según cálculos del preciómetro de facilisimo.com. En sólo cuatro años, en gran parte del país los precios de los pisos han caído notablemente, y lo que te rondaré, morena. Por poner un ejemplo, resulta de todo punto demencial que una ciudad como Zaragoza, la cual conozco bien, tenga todavía hoy el metro cuadrado por encima de los 2.300 euros. Una ciudad en la que el salario medio es mileurista, y gracias, no puede tener semejantes precios de locura. Y como lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible, parece evidente que el margen de caída sigue siendo enorme, tanto en Zaragoza como en el resto del país.
Por seguir con la misma ciudad como ejemplo, pienso que allí el metro cuadrado caerá al menos un 60%. Y eso siempre y cuando la crisis no se cebe mucho más con la capital del Ebro. De hecho sólo en la última semana, el precio medio del metro cuadrado ha caído 80 euros, lo que supondría un ahorro medio de 8.000 euros en una vivienda de 100 m2. En sólo una semana. En fin, muchos se mofaban de quienes asegurábamos, bastantes años atrás, que España estaba sufriendo una burbuja inmobiliaria, y que los precios de los pisos acabarían cayendo como ocurrió con las acciones bursátiles de Terra, tras el estallido de otra burbuja (las punto com). Hoy tampoco hace falta ser Nostradamus, ni siquiera Rappel, para concluir que la caída más fuerte de precios está por venir, hasta alcanzar unos precios de equilibrio similares a los de hace veinte años, a principios de los noventa. Si los bancos siguen sin conceder hipotecas y el paro continúa su imparable escalada (el otoño puede ser terrible), ¿quién coño va a poder comprarse un piso en este enladrillado país?
Con más de tres millones de pisos vacíos en España, como ya he comentando en alguna ocasión, y una demanda ridícula en gran parte del territorio nacional, no queda otra que un ajuste de precios. Entiendo que hay millones de personas que se han quedado penosamente atrapadas por la burbuja inmobiliaria, y lo siento mucho por ellas, pero como cantó Serrat, “no es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Termino con un deseo para la próxima reforma que se produzca en nuestro sistema educativo: por favor, señores políticos, introduzcan una asignatura de economía básica en los planes de estudio de bachillerato. De haber existido dicha materia, jamás habríamos sufrido este infame robo a gran escala perpetrado por banqueros, constructores y políticos.
Etiquetas: burbuja, España, hipoteca, piso, precio, vivienda
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Según expertos inmobiliarios, en España hay más de tres millones de viviendas vacías. Los propietarios de la inmensa mayoría están intentando venderlas o alquilarlas cuanto antes. Pero no hay manera. Si alquilar está complicado, vender resulta misión imposible. Con el grifo hipotecario cerrado a cal y canto, las ventas de viviendas en nuestro país van a seguir desplomándose. ¿Hasta cuándo?: hasta que se bajen los precios a niveles asumibles para la nueva coyuntura nacional. No es de recibo que en España cobremos menos de la mitad que nuestros vecinos europeos, y al mismo tiempo nuestros precios inmobiliarios estén entre los más altos del continente. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible. Sólo era cuestión de tiempo que la burbuja inmobiliaria estallara, y, por fin, ha sucedido.
La mano derecha de Elena Salgado, José Manuel Campa, afirmó ayer que “para los españoles lo mejor será pensar que no es bueno dejar un piso a los hijos”. Toma ya. El mismo Gobierno que hasta finales del 2010 aseguraba que había que comprar vivienda, que la oportunidad era inmejorable, ahora, cuando ya está dando sus últimos estertores, reconoce a través del Secretario de Estado de Economía que seguir apostando por el ladrillo es un imbecilidad. Lo dicen después de que varios millones de españoles ya hayan tirado su futuro por la ventana, al hacer lo propio con el dinero tras comprar su primera vivienda en los últimos años. Concretamente la generación de los nacidos en la década de los setenta, es la que está absorbiendo el mayor golpe de la colosal estafa que ha supuesto la burbuja inmobiliaria.
Me hace mucha gracia escuchar a Aznar, pues no desaprovecha ocasión para sacar su pecho de vigoréxico, mientras asegura que gracias a él la economía española fue viento en popa. Lo que deliberadamente omite el expresidente, y ningún hábil o valiente entrevistador le recuerda, es que ese crecimiento espectacular se sustentó en una delirante burbuja inmobiliaria. Nos pusimos a construir pisos desaforadamente, ocupando a muchos cientos de miles de personas, pero al mismo tiempo condenamos a toda una generación a la pobreza. Con la complicidad de banqueros, constructores y políticos se logró que el precio de la vivienda se disparase, para dar una falsa sensación de riqueza. Falsa, porque sin unos créditos tan fáciles como baratos, los currantes jamás habrían podido firmar hipotecas por cifras y plazos absolutamente demenciales. Ahora toca pagar la fiesta. Del crédito se vive muy bien, sin duda, pero hay que empezar a apoquinar la deuda, y con intereses. No tenía ningún sentido pensar que, en un país donde los salarios son irrisorios, el ladrillo iba a seguir subiendo hasta el infinito. Desgraciadamente, es lo que hay.
Etiquetas: alquiler, burbuja inmobiliaria, deuda, hipoteca, vivienda
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