El Gobierno, no contento con haber decretado un estado de alarma ilegal, ahora ha decidido prorrogarlo un mes. La tropelía antidemocrática en España empieza a alcanzar cotas surrealistas. Si atendemos a la literalidad de la ley que regula el estado de alarma, no concurre ninguno de los supuestos imprescindibles para ser decretado: epidemia, desabastecimiento de agua o alimentos de primera necesidad, o una catástrofe natural como un terremoto o una inundación. El mero colapso de una servicio público como el aeroportuario es condición necesaria pero no suficiente para imponer a la ciudadanía, no sólo a los controladores, una medida tan rotunda. Mi pregunta es: ¿se decreta y prorroga ilegalmente el estado de alarma sólo por los controladores, que se han comprometido por escrito a no hacer huelga, o hay algo que se nos escapa en toda esta historia?
Desde hace varias semanas, tanto en twitter como en este blog, vengo advirtiendo de que el Gobierno va a rejonear a los pobres ciudadanos, aprovechando la inminente Navidad y, sobre todo, la cobertura legal que le otorga el estado de alarma. Mientras el pueblo da palmas con las orejas porque los controladores han sido doblegados por el Gobierno, éste aprovecha para sacar adelante propuestas con el fin de seguir esquilmándonos, si eso resulta todavía posible. Repasemos someramente algunas de las medidas con que nos van a obsequiar estas Navidades:
Se elimina la ayuda de 420 euros a los parados de larga duración, dejándolos a merced de la divina providencia, en la que tanto cree Zapatero
Se sube el precio de la luz otro 10%
Se elimina el cheque-bebé, provocando que miles de madres estén buscando artimañas variopintas para que sus hijos nazcan antes de que Carbonero dé las uvas
Se privatiza AENA, para lo que están jodiendo vivos a los controladores y manipulando a la opinión pública con la ayuda de la prensa del régimen, o sea, de la prensa
Se sube el precio del tabaco, el alcohol y la gasolina
Se retrasa la edad de jubilación y los pensionistas cobrarán menos (todavía)
Mientras todos estos brutales atropellos se suceden contra la población, acabamos de conocer las siguientes noticias:
Si España fuese un país serio, y no una casa de putas en la que sus políticos se pasan por la piedra a la población mientras ésta aplaude a sus verdugos, aquí se produciría un estallido social. Por si las flais, Rubalcaba ya se ha cuidado de imponernos un estado de alarma.
Hace dos años y medio, escribí un artículo en La Comunidad de EL PAÍS, que formaba parte de una serie titulada ‘Antología del talante’. En dicha columna me atreví a prever lo que pasaría con nuestra economía si Zapatero salía reelegido. Fue escrita el 7 de marzo del 2008 y, desgraciadamente, ha resultado premonitoria. A continuación podéis leer la segunda parte de la misma.
(…) ¿Qué pasará ahora en plena desaceleración económica? Pues lo que ocurrirá es que los principales perjudicados serán, precisamente, quienes se han beneficiado menos de la época de expansión, y entre ellos, de manera muy destacada, los currantes. Sin embargo, el discurso de Zapatero hasta hace pocas semanas ha hecho creer a la gente que la economía iba de lujo, y que si venían las vacas flacas, papá Estado ya se encargaría de solucionarme la papeleta, que a lo loco se vive mejor. Pero, ¿el Estado podrá cumplir su promesa de ampararme si el paro se dispara, como ya está ocurriendo?
El gran endeudamiento de familias y empresas españolas ha provocado tal dependencia de la financiación exterior, que sitúa a nuestra economía en un riesgo excepcional. Algunos medios ya están hablando de “aterrizaje forzoso”, debido a una desaceleración abrupta que se veía venir desde hace al menos un par de años. Hay casos especialmente graves, como el de Andalucía, cuya tasa de paro es un 50% superior a la media nacional. Y mientras, Zapatero nos promete pleno empleo para la próxima legislatura, cuando actualmente se están destruyendo una media de 50.000 empleos mensuales. Sólo en la construcción, el paro ha aumentado un 36% en el último año. Todo esto está provocando que el gasto público por subsidio de desempleo esté aumentando cerca de un 20% interanual, es decir, una barbaridad que no sabemos hasta cuándo será asumible.
España lleva años viviendo un empobrecimiento imparable de la mayoría de la población, lo que está aumentando todavía más las desigualdades sociales, hasta niveles dudosamente sostenibles. A partir del próximo lunes, el nuevo gobierno necesitará mucho más que demagogia populista y deseos de buena suerte, si quiere sacar a nuestro país de una grave crisis económica que se ha estado ocultando a la población, mintiéndonos como si fuéramos la niña de Rajoy.
Hoy, uno de diciembre del 2010, con la retirada de la ayuda a los parados de larga duración, hemos tenido la respuesta a la duda que planteé entonces (“¿hasta cuándo será asumible?”). Zapatero ha estado demasiado tiempo ríendose de la ignorancia de su pueblo. A partir de ahora quienes le votaron entusiastamente en el 2008, uniéndose al coro de millonarios que defendían la alegría, pero también quienes no lo hicieron, tendrán que subsistir como buenamente puedan en un país hecho un solar que para colmo, tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, ya no vale nada.
Nuestro inefable presidente ha declarado en Oslo que “un parado en formación no está parado, trabaja para España”. El déspota ya confunde a su país consigo mismo, pese a que él no es más que un accidente en nuestra historia. Aunque no viste peineta y bata de cola, empieza a recordarme a esas tonadilleras que sobre el escenario plañen por el amor de un torero. Ante los focos, se muestra como un hombre de Estado que sufre por los parados como si se tratara de sus hijos, a los que de buena gana amamantaría a sus feministas pechos. Pero cuando se apagan las luces y vuelve con su mujer y sus legítimas, sólo piensa en seguir aferrado al poder, incluso a costa de la turba de molestos desempleados que hay que sacar de los telediarios como sea. Ya se me ocurrirá algo, Sonsoles.
Zapatero fingió ser el Robin Hood de los pensionistas y los parados, pero la realidad es muy distinta, aunque no salga en la SER. Como alumno aventajado de los populistas bananeros de allende los mares, el leonés optó por erigirse líder de los descamisados, de los sufridos jornaleros del PER, de los jóvenes sin futuro y de las mujeres con o sin formación, pero sólo como estrategia política. Para él no son más que gente de usar y tirar. Y tirados los dejará. Tras su deposición noruega, no me cabe duda de que algo está maquinando para reducir las tercermundistas cifras del INEM. ¿Que borrarlos de las estadísticas no soluciona ese drama social? Y qué más da, lo importante es detener nuestra sangría de votos. ¿Que tenemos que hacer desaparecer a cientos de miles de desesperados que vegetan en cursos concebidos para financiar a los sindicatos traidores? Pues se hace, y qué bueno es Nadal.
Los parados en formación no trabajan para España, sino para Zapatero. Él siempre los ha utilizado: en época de bonanza para sacar pecho y ahora, con su última genialidad, como conejillos de indias. Según afirmó también ayer nuestro Ramón y Cajal de la política, podríamos ser “el laboratorio ideal para experimentar con los parados”. Como la vacunación de la gripe A fue otro experimento que nos costó una morterada de millones, por una enfermedad que se curaba con vitamina C, sugiero que, ante la despedida de Corbacho y para resucitar a Trinidad Jiménez, nuestro alquimista opte por juntar ambas carteras y la nombre superministra de Sanidad y Trabajo. Siendo el empleo un enfermo terminal supondría una solución muy sensata, al menos para Zapatero. Total, el paro no podría ir peor, conseguiría dar un espaldarazo a su candidata y él se afianzaría en su poltrona, que es de lo que finalmente se trata.