Anoche, en una tertulia de Onda Cero: “El actual sistema público de pensiones es absolutamente insostenible, por lo que es más que recomendable ahorrar para la jubilación. Los españoles tienen que ir haciéndose a la idea de que en pocos años papá Estado no podrá encargarse de ellos cuando cumplan los sesenta y cinco.” Glups. Somos muchos quienes llevamos bastante tiempo advirtiendo de que las pensiones en España, tal y como están concebidas actualmente, van a desaparecer. La progresiva caída de la natalidad durante las dos últimas décadas, acompañada del aumento de la esperanza de vida en nuestro país, son absolutamente incompatibles con nuestra Seguridad Social. Ésta es una de las consecuencias más graves del llamado invierno demográfico español.

Aunque pretendan engañarnos a todas horas, hemos entrado en un imparable proceso de declive económico caracterizado por un gigantesco endeudamiento familiar, empresarial y exterior. Dicho declive está provocando, contra lo que afirma el charlatán de Zapatero, que los servicios sociales estén empeorando año tras año. Asimismo, durante esta última década se ha producido un reparto de la riqueza escandalosamente desigual, siendo la clase media trabajadora su gran damnificada, hasta el punto de estar extinguiéndose por momentos. Exactamente lo mismo que ocurrió en Argentina los años previos a su tristemente célebre corralito (oído, cocina). Y si a alguien le parecen exageradas estas afirmaciones, que lean el magnífico artículo que acaba de publicar el catedrático Roberto Centeno. Suscribo totalmente su análisis del porvenir económico español, por muy catastrofistas que les puedan parecer a algunos nuestras previsiones. El tiempo da y quita razones.

El Estado del bienestar en nuestro país está liquidado, por mucho que nos hablen de él, sobre todo en campaña. ¿Cómo pueden nuestros políticos hablarnos de bienestar o de que ahora vivimos mejor que nunca? ¿Cómo se atreven, tras haber arruinado a la generación del baby boom, que sobrevive con salarios irrisorios y además ha sido víctima de su tocomocho inmobiliario? Y, sobre todo, ¿cómo narices va a tener hijos esa generación, viviendo al borde del embargo?

El invierno demográfico está siendo, sin duda, uno de los motivos fundamentales de nuestra tumba económica.  Y aunque es cierto que los inmigrantes han levantado un poco las cifras de natalidad, no hay que olvidar que también requieren un gasto social mucho más alto que los españoles. Como tampoco debemos olvidar que el Gobierno ha hecho una demencial apuesta por el aborto libre, y que cientos de miles de españoles son incondicionales del servicio privado de casquetes, en vez de procrear con la parienta.  Probablemente, muchos de estos puteros vocacionales piensen que, ya que no van a cobrar pensiones y esto se va a la mierda, por lo menos que les quiten lo bailao. Y a lo mejor tienen razón.

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2 Respuestas a “Un país de viejos”
  1. luferura dice:

    Socialmente estamos dando un paso atrás. No lo digo por la acción del actual gobierno, que es heredero de lo que hicieron otros anteriores. El paso atrás se da en el comportamiento social, aunque no haya que estudiar mucho para saberlo parecemos ignorarlo: el verdadero motor económico siempre ha sido que los hijos tengan un mundo mejor que los padres y que puedan vivir mejor que ellos. Nuestro presente resulta maravilloso: colocamos a nuestros padres en una residencia, lo normal era que fuesen uno más de la familia, y podemos planificar los hijos que queremos, que ya se encargará papá estado de educarlos.

    No me cabe duda de que tras una vida cotizando me merezco una pensión y entiendo que el estado tenga problemas para pagar. Hay otras soluciones que traerán otros problemas, alargar la vida laboral o facilitar la entrada de emigrantes y darles una formación de calidad. En todo caso siempre depende de que el estado tenga capacidad de crear puestos de trabajo.

    Ahora bien la coyuntura de ir bajando impuestos y mantener un crecimiento de puestos de trabajo que no cubra el incremento de la población activa es pan para hoy (más bien ilusión) y hambre para mañana. Tenemos que ser conscientes, y el estado el primero, que si pretendemos una sociedad del bienestar hay que pagarla (con impuestos).

    Un abrazo.

  2. Yo creo que no es para nada catastrofismo. El problema demográfico es un hecho desde finales de los años 80 del siglo XX sólo que los políticos y la sociedad se han dedicado a mirar para otro lado y a confiar que (¡Ojo al dato!) unos 12 millones de inmigrantes sean los que sostengan el Estado de Bienestar allá por 2050…cosa inverosímil por que un país como España no tiene un poder de recepción inmigratoria tan elevado, a pesar de que muchos defiendan tirar abajo las fronteras y que entre todo el que quiera…

    Saludos.

    Andrés Álvarez acaba de escribir El sistema político británico

  3.  
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